Vértigo (1958): Al final, el vacío.
Vértigo (1958), el clásico de Alfred Hitchcock, se distingue, entre varias singularidades, por presentar un final que viene adelantado por otro muy similar, acontecido mucho antes. Podría decirse, incluso, que de distintas maneras ambos son uno solo y el mismo: el segundo es una repetición del primero (dicho esto en sentido freudiano, un sentido que Hitch apreciaba y empleaba mucho: Vértigo propone un ejemplo concluyente de lo que el célebre neurólogo vienés llamaba "compulsión a la repetición",
Liliana Ganimi: Muy interesante cómo ubicas el vacío que Hitchcock pone como elemento, como el hilo, al que tiene que afrontar el protagonista. El vacio con que nos la tenemos que ver cada uno. El film transmite muy bien la desazón que lo asiste. Y tu lectura transmite en detalle ese derrotero. Yo en tu lugar le sacaría todos los parientes, lo dicho ahi, no hace a lo excluyente. Otra que plantea una lógica fuera de lo común y especial es Los pájaros. Ahi es la ocurrencia del argumento, ya eso merita.