Logan: la parte humana 

James Mangold es uno de esos directores que sabe exactamente lo que hace. Véalo: nunca regala un plano, nunca deja al espectador desorientado, nunca lo expone a confusiones innecesarias. Pero más allá de su pulso narrativo como director—formado, podríamos pensar, en una escuela que va desde Clint Eastwood hasta Steven Spielberg (aunque sin el talento para la síntesis que poseen estos dos)—hay algo que lo distingue y lo aleja de lo que, con cierto convencionalismo, podríamos considerar “cine de industria”. Se trata de su interés por la indagación de personajes. Lo ha hecho ahora con Bob Dylan, lo hizo con Johnny Cash y, sorprendentemente, también lo hizo hace varios años con una superproducción que le tocó dirigir: la franquicia de Wolverine.

Logan - James Mangold comparte una nueva imagen de Lobezno 3

Antes de su estreno, se veía venir: Logan no tenía nada que ver con una película de superhéroes. Los avances, imágenes y rumores lo daban a entender; en el tráiler de la nueva de Wolverine no había tiros, ni sables saliendo de los nudillos, ni siquiera imágenes cuidadas o estilizadas con sus acrobáticas danzas de pelea contra mutantes atraídos por el Mal. Era simplemente Logan, encarnado una vez más (y, al parecer, por última vez) por el australiano Hugh Jackman, manejando una limusina como un chofer más cercano a Tom Waits en Closing Time que al Robert Pattinson de Maps to the Stars. Filmado con un celular rasposo, la voz en off del X-Men más querido por miles de fans en el mundo dejaba un mensaje en un contestador automático: necesitaba trabajar, las cosas estaban complicadas y buscaba un precio más barato para un bote que estaba a punto de comprar.

“Una de las razones por las cuales hicimos esta película con Hugh (Jackman) fue porque queríamos hacerla para mayores”, dijo James Mangold, en una entrevista durante la rueda de prensa previa al estreno mundial en la Berlinale. Algo atípico para una película de superhéroes: arrancar su gira en el Festival de Berlín. “Cuando el estudio entendió lo que queríamos hacer y nos dio luz verde con un presupuesto más acotado, tuvimos total libertad”. Y la libertad de Logan es un simple cambio de enfoque: en lugar de perderse en tramas de traiciones y salvaciones globales, se sumerge en la complejidad de un personaje que solo intenta salvar a los suyos.

Tras el fallido intento de lanzar a Wolverine como protagonista en solitario con X-Men Origins: Wolverine (FOX adquirió los derechos de la franquicia), Mangold fue contratado para filmar la segunda parte. The Wolverine transportó al mítico mutante con el esqueleto recubierto de adamantium hasta Tokio y lo convirtió en un drama de samuráis. El resultado, sin embargo, apenas superó al anterior. Con Logan el giro fue más radical. En un 2029 postapocalíptico, Logan trabaja como chofer de limusinas en la frontera con México. Junta dinero para comprar un bote, rastrea a otros mutantes con la ayuda de un viejo amigo que no puede exponerse a la luz y cuida al profesor Charles Xavier, derrotado y deteriorado tras perder por completo su reino. Todo cambia cuando aparece una fanática de los cómics de X-Men con un secreto: Laura, una niña salvaje con garras idénticas a las de su presunto padre, capaces de desmembrar a una horda de mercenarios similares a los motoqueros de Mad Max. Interpretada por Dafne Keen, Laura es perseguida por un grupo que la reclama (el Mal siempre encuentra su forma de aparecer), y los tres emprenden una huida en clave de road movie que mezcla géneros: desde el western rutero y el policial sci-fi hasta la comedia dramática de asuntos familiares.

“Las películas que estaban en mi cabeza no tenían mucho que ver con superhéroes. Eran más bien clásicos viejos y modernos, como Luna de papel de Peter Bogdanovich, No es país para viejos de los Coen o incluso Pequeña Miss Sunshine. Me interesaba volver a un tipo de relato que había ensayado en mis orígenes como director”, explicó Mangold. El director de la impecable remake de El tren de las 3:10 a Yuma se permitió incluso homenajear y citar a un clásico del western en plena película: Shane, de George Stevens (1953).

Logan' Director James Mangold On Making It His Way, Black & White Version,  More

Mangold tiene, además, experiencia en el drama. En 2001, facilitó el camino al Oscar de Angelina Jolie con Inocencia interrumpida (y eclipsó la gesticulación exagerada de una siempre confundida Winona Ryder) y dirigió una destacada versión de Johnny Cash en Johnny y June: Pasión y locura (Walk the Line), ahora estrena los años salvajes de Bob Dylan (película a la que volveremos la semana que viene). Esa destreza en el género le permitió abordar la franquicia desde otro ángulo, alejándose del infantilismo, el espectáculo de luces y la chatura de los personajes. La clasificación R (para mayores de 17 años), además, le dio margen para mostrar la violencia con mayor crudeza y menos after effects: cuando Logan clava sus cuchillas en una cabeza, la penetración se percibe de manera casi quirúrgica o, como dijo el director, más “pornográfica”.

A pesar de sus referencias cinematográficas anómalas, Logan no podría existir sin su esqueleto de cómic. En 2008, el guionista Mark Millar y el dibujante Steve McNiven crearon para Marvel la saga alternativa Old Man Logan, donde una versión envejecida de Wolverine sobrevive en un futuro lejano, en un planeta llamado Earth-807128. Es solo uno de los tantos vericuetos narrativos que ha tomado la historia de los mutantes, iniciada en 1963 por Stan Lee y Jack Kirby. En esta línea, Logan regresa al mundo Marvel tras su muerte (Wolverine fallece en los cómics y su legado es continuado por un clon femenino; sí, seguir estas genealogías no es tarea fácil), pero más viejo y más oscuro, dispuesto a vengar su final.

Director James Mangold on His 'Logan' Production Team
Mangold con su actor fetiche

La saga de Marvel retomó la experiencia de Vértigo en DC: crear cómics para lectores que han envejecido mientras sus superhéroes permanecen congelados en sus moldes arquetípicos. Y la apuesta de Logan, como la de Old Man Logan, como las versiones “adultas” de Batman de Grant Morrison y Frank Miller o la trilogía de Christopher Nolan sobre el encapotado de Ciudad Gótica, parte de una premisa sencilla: un superhéroe es siempre más interesante no cuando exhibe sus habilidades al servicio de un bien mayor, sino cuando, derrotado y acorralado, solo le queda asumir y revelar eso que tanto le cuesta asumir: la parte humana.

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