Cuando hablamos de cine de terror, lo primero que se nos viene a la cabeza son los típicos sustos característicos del género, las espeluznantes apariciones paranormales o las más sádicas persecuciones en medio de una noche solitaria. Pero lo cierto es que el terror es mucho más complejo y versátil de lo que algunos supondrían. ¿Mi favorito? sin duda el psicológico. Porque no hay nada más aterrador que nuestra complejísima cabeza.
Aunque lo cierto es que el séptimo arte nos ha regalado innumerables obras de terror con focos en la psicología, hoy quiero centrarme en la película que para mí marcó un antes y un después en el género, y que le demostró al mundo lo siniestra que se puede tornar la existencia de una persona que padece varias patologías mentales. Estoy hablando de uno de los trabajos más destacados de Darren Aronofsky: El Cisne Negro.

Por medio de un personaje repleto de inseguridades y mentalmente inestable, esta película logra plasmar el lado más bello del ballet, así como sus sombras más oscuras. Hace uso de una potente carga simbólica y metafórica, dándole al espectador la libertad de teorizar y comprender la trama según sus propias deducciones. Para muchos, el filme es la representación exacta de 'El Lago de los Cisnes'; para otros, pretende escenificar la pérdida de la inocencia por medio de Nina Sayers, pasando de ser un cisne blanco, a ser uno negro.
Lo cierto es que el personaje interpretado por Natalie Portman tiene un trasfondo psicológico extraordinario digno de ser analizado de manera profunda y cuidadosa. El buen manejo de las emociones y la manera en que logra transmitirlas te generan total empatía con el personaje; permitiéndote entender sus temores más profundos, el porqué de sus drásticas actitudes infantiles, su dependencia emocional, y la obsesión que la consume.
Nina trae consigo una historia tan cautivadora, que te preguntas toda la película qué es lo que pasa por su cabeza. Desde un principio es introducida como una persona sobreprotegida por su madre, y que creció con la ausencia de una figura paterna, lo que con el tiempo ha generado en ella una inestabilidad mental y emocional que la llevan a proyectar sus frustraciones autolesionándose y atravesando por diversos problemas alimenticios. Su búsqueda constante por la perfección la hace esclava de su propio sufrimiento, que sin darse cuenta, va causando en ella un trastorno de identidad disociativo.

En esta figura central se puede percibir una sintomatología diversa: alucinaciones auditivas, visuales, autoscópicas y somáticas, que la persiguen a todas partes y la hacen verse reflejada en otras personas, en otros escenarios e incluso multiplicada; delirios de persecución que le generan una constante intranquilidad; cuadros de ansiedad que se evidencian cuando recurre a la autoagresión rascando su espalda hasta el punto de dejar marcas en ella, o cortando sus uñas y rasgando la piel de sus dedos hasta sangrar. Uno de los trastornos más desarrollados en la cinta, es el de la conducta alimentaria, el cual va progresando poco a poco debido principalmente a que las obsesiones de Nina son prioridad en su vida, por lo que comer se convierte en un tema casi irrelevante para ella.
La protagonista presenta además un claro problema de identidad el cual surge cuando se obsesiona con ocupar el lugar de Beth en su academia de ballet. Nina comienza a sentir la desesperada necesidad de dejar atrás su niñez e inocencia. Quiere dejar de ser el cisne blanco que es controlado, sobreprotegido y presionado por su madre porque busca finalmente experimentar los placeres de la vida, desarrollar su independencia y autonomía. Quiere ser libre, espontanea, salvaje, despreocupada, descontrolada e imperfecta. Anhela ser eso que representa Lily, su nueva compañera a quién además ve como su más grande rival ya que es el perfecto cisne negro que Nina no está ni cerca de ser.

En cuanto a los síntomas emocionales, Nina presenta un alto grado de estrés constante, frustración, temor, anhedonia, depresión y pérdida de peso. Suele ser una persona aislada pues no tiene buenas habilidades sociales, presenta pensamientos obsesivos y es autocrítica de forma excesiva.
Para poder representar la verdadera esencia del cisne negro, Nina debe experimentarla. En el proceso, pierde la cabeza debido a la atracción y el terror que le causa esa dualidad entre dejar de ser una niña y finalmente convertirse en mujer. En esta película las mariposas están por doquier en representación de la metamorfosis por la que Nina atraviesa; los espejos son un recurso utilizado para representar sus demonios internos y su descenso a la locura, y las heridas corporales simbolizan las imperfecciones que la van convirtiendo en un cisne negro.
La vida de Nina está invadida de factores de riesgo, la mayoría a causa de una crianza en la que no se le permitió desarrollar su propia personalidad. Su madre siempre la vio como un proyecto; quería que llegara a ser una exitosa bailarina, y para ello, la moldeó a su antojo como una persona frágil, complaciente, disciplinada, perfeccionista, pura e infantil, reprimiendo en ella aspectos naturales en el desarrollo de una persona como la rabia, la desobediencia o incluso la sexualidad.
El ambiente que la rodea tampoco es saludable, las bailarinas son reemplazadas cuando llegan a una determinada edad, las exigencias son excesivas y la rivalidad siempre está presente llevándolas a hacer hasta lo imposible con tal de conseguir un papel. El haber sido educada bajo unas pautas de crianza estrictas y opresivas, ponen a Nina en una posición vulnerable y descontrolada cuando se atreve a experimentar la vida adulta por primera vez; la vemos drogándose, bebiendo alcohol, e incluso robando. La situación se sale de sus manos y ella no tiene las herramientas necesarias para afrontarla porque su crianza nunca se las otorgó.
Aunque el objetivo de la protagonista durante toda la película es hacer un cambio que la transforme en cisne negro y así poder obtener el personaje principal en la obra, sus métodos son extremos y peligrosos. Desgraciadamente, los elementos que Nina intentó reprimir, no fueron eliminados de su mente, por el contrario, quedaron atrapados en su inconsciente, esperando una fuerte situación de estrés para volver a salir, desestabilizando así el sistema psíquico de Nina.
Por eso, al final, aunque Nina consiguió ser el cisne negro gracias a su drástico comportamiento ahora más rebelde, erótico y autodestructivo, se nota que sigue llevando dentro esa necesidad de ser perfecta, misma razón que la llevó a darle un cierre “perfecto” a la obra, acabando con su vida, tal y como lo hizo Odette en la obra original de “El Lago de los Cisnes”.





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