Capítulo 1: Inicio

Mi nombre es Roberto Cyton, tengo 8 años, y nací en la ciudad Caminos Cruzados. Mamá dice que le pusieron así porque nuestra ciudad es un punto de encuentro entre distintas naciones y los extranjeros se pueden encontrar en todas partes.
Mamá es una mujer muy ocupada; solo la puedo ver desde muy temprano en la mañana cuando desayuno y voy a la escuela. Y cuando pasan las 10 de la noche, la espero, ya que ella ayuda en la tienda de doña Teresa, una amiga suya del colegio. Cuando llega, me acompaña a la cocina y recalienta algo que trajo de la casa de doña Teresa,o también algo que compró en algún puesto de comida o algo que sobró de lo que almorcé hoy. Luego, me acompaña a la cama y me desea buenas noches, no sin antes ayudarme a rezar por un buen día pasado y pedir por un buen día para mañana.
Por el tiempo que llego de la escuela, me recibe Andrea, una empleada doméstica que me cuida hasta las 6 y prepara el almuerzo. Es muy inteligente; me ayuda con la tarea y responde a muchas preguntas que le hago. Incluso me enseñó el método que usaba para estudiar cuando iba a la escuela. Cuando tenía algo para estudiar, no se fijaba solo en sus apuntes. Investigaba por sí misma en foros, tutoriales y todos los recursos disponibles en internet. Así, si no entiendo ni aún leyendo mis apuntes, puedo estudiar viendo educativos o tutorías en internet. Desde que empecé a estudiar de esa manera, incluso recibo muchos elogios maestra. Estoy agradecido con Andrea por enseñarme de esa manera.
Pero Andrea no siempre puede venir; va a la universidad y hay días que se queda a estudiar. En esos días, me quedo solo en casa o viene mi abuela Ángela. Cuando está ella, charlamos de mi escuela, cómo eran las cosas antes y cómo conoció a mi abuelo.
Mi abuelo Horacio era un marinero que vino de un lugar llamado Musambe, donde hace mucho calor y la gente tiene la piel oscura. Mi abuela trabajaba en un restaurante con un nombre raro, que ahora es una casa sin dueño. A mi abuelo le gustaba tocar la guitarra y tocaba música alegre de su país en una banda del restaurante llamada Red Davis. Mis abuelos se casaron un año después de conocerse. Trabajaron en el restaurante hasta el final; mi abuela dejó de trabajar y se encargó de la casa y de cuidar a mamá cuando era más pequeña que yo. Mi abuelo encontró trabajo como pescador por su experiencia de marinero.
En nuestra familia hay una tradición que mi abuelo trajo de sus días de marinero. El refrán conocido dice así: 'Donde manda capitán, no manda marinero', pero en el barco del abuelo, era más bien: 'Acá manda quien luce el sombrero de capitán'. Adoptamos esa costumbre, y mi abuelo tenía un bonito sombrero llamado Fedora que consiguió cuando era músico; ese era su sombrero de capitán, o el sombrero de hombre de la casa. Cuando llegaba a casa con ese sombrero, todos debíamos prestarle atención y respeto. Me dijo que cuando fuera mayor, heredaría ese sombrero y tendría que enfrentar con valentía las situaciones familiares que se me presentaran en el futuro.
En fin, hoy es sábado 5 de julio. Andrea tiene exámenes finales de cuatrimestre, y la abuela no pudo venir porque tiene várices. Mamá necesitaba cobrar su sueldo del banco y me llevó con ella, diciendo que últimamente hay más inseguridad. Me dejó llevar mi celular para jugar o ver una película que descargó anoche. En el banco, hay un montón de sillas que miran una pantalla como si fuera el cine, pero no muestran una película. Muestran durante varios minutos un número junto con una letra, que es el turno y las sillas de atención. Mamá tenía el número 34 y ahora están llamando el número 07. El banco es muy quieto y lento, es aburrido.
Ha pasado media hora desde que entramos, y el número 07 avanza muy lento. Quería ir a casa o al menos jugar afuera. Si tengo que esperar otro rato más, yo tendría que…
SFX: Se escuchan disparos: bang, bang
Hombre enmascarado 1: ¡Es un atraco, todos al suelo!
Hombre enmascarado 2: [Señala con insistencia] Manos en la nuca, entreguen sus bolsos y celulares, no se resistan.
Hombre enmascarado 1: [Dirige la mirada con determinación] Tú, el de la caja, acompáñame a la bóveda donde guardan el dinero.
Hombre enmascarado 3: Tengo a los guardias, dos indefensos y otros 2 inconscientes. [Señala a los presentes] Ustedes, ni piensen en hacerse los valientes.
¿Q-que? ¿Qué pasa? Había una aburrida calma hace nada, tanto como para meditar sobre mi vida hasta ahora, y ahora 5 hombres con gorros de invierno en la cara están causando un escándalo dentro del Banco. Veo a mi mamá; ella estaba llorando, con ganas de gritar. Me saco de mi asiento, sentándome en su regazo y me quito mi celular, obedeciendo a los hombres de negro. Espero que me lo regresen pronto, lo necesito para jugar y estudiar. Luego nos arrodillamos, con la cabeza mirando al suelo.
-Mamá: Quédate quieto y no llamemos la atención, ni los mires, por favor.
Yo, obedeciendo a mamá, me quedé en silencio, esperando que esto termine pronto. Quería llorar, pero no podía dejar que mi llanto llamara la atención. Pensaba que en algún momento estaría Crunch Morris o Silvio Escalones a detener a todos, como en las películas que le gustaban a papá. Esperaba que alguien nos salvara de esta situación.
-Hombre enmascarado 4: ¡¡¡Rápido, la policía no tarda en venir!!!
-Hombre enmascarado 2: ¡¡¡Apúrate, que se hace tarde!!!
Estaban enojándose cada vez más, gritaban ya con ganas de irse.
-Hombre enmascarado 1: ¡¡¡Esto es lo que pude meter en los sacos, huyamos de una vez!!!
CRUUUUNCH (Vidrio rompiéndose)
-Hombre enmascarado 1: ¡¡¡¿Q-que, que es esto?!!!
-Hombre enmascarado 2: ¡¡¡¿Qué pasa afuera?!!!
-Hombre enmascarado 4: ¡¡¡No vi nada, que ...!!! ¡¡¡HAaaaaaa!!!
El hombre de la ventana cayó de un grito, al mismo tiempo que aparecía humo del suelo; la policía llegó a tiempo.
Dos hombres estaban de guardia con nosotros, esperando que la puerta de afuera dejara pasar a la policía. Cuando un grupo apareció detrás de nosotros y disparó contra los dos ladrones que nos vigilaban. Estaban vivos, parece que las balas no eran de las que matan.
-Policía: Rehenes asegurados.
Cuando levanté la vista, ya se encargaron del que cuidaba de los guardias, solo queda uno.
-Policía: Queda arrestado por asalto a mano armada, póngase al suelo y no intente nada estúpido.
Hombre enmascarado 1: ¡¡¡M**rd*!!!¡¡¡M**rd*!!!
No entendí esa palabra; tendré que preguntarle a mamá después. Ahora estaba el último de los ladrones cara a cara con una docena de policías armados con chaleco y casco exigiendo rendición. Tenía miedo de que fuera como en las películas cuando la policía actúa sin el protagonista y todo sale mal al ser los ladrones más listos que ellos, pero no fue el caso. Ahí está el ladrón, no veo su expresión, pero sus gestos muestran que no sabe qué hacer ahora. Da un profundo respiro, y... ¿Heeeee?... Saca una pistola, ¿quiere morir? Los policías no dispararon, se abalanzaron contra él, detuvieron sus manos y empujaron de los hombros del ladrón para ponerlo al suelo, el ladrón se resiste y no quiere soltar el arma, está… BANG ………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….
Capítulo 2: Vista Secundaria
Punto de vista de la Madre;
Mí nombre es Olivia Cyton, tengo 27 años, vivo con mí hijo Betito en la ciudad Caminos Cruzados, dónde es común la entrada de extranjeros, ya sea inmigrantes o turistas que vienen de visita por nuestras costas oceánicas, también por nuestra conexión con otras naciones que prosperaron junto con nuestro país, Alturing.
Es principio de mes, y quiero reclamar mí mensualidad, pero a pesar de haber esperado al 5to día para venir al banco, la cola es interminable. Caminos Cruzados es una ciudad con una gran densidad de población. Estos días es difícil realizar una transacción bancaria aún si se viene a las 6:00 AM.
Está el número 07 y yo tengo el turno 34, tendremos que esperar unas 3 horas como mínimo. Espero que Betito sea paciente y se porte bien, aunque tal vez debí ponerle otra película o preguntarle si quería otro juego en el móvil. No es sano para un niño sentarse quieto largas horas sin hacer nada y aburrirse tanto. ¡Apresúrense! ¡Apresúrense!, pensaba para mí misma mientras trataba de pensar cómo matar el tiempo con mí hijo. ¿Le irá bien en el colegio? ¿Qué quiere cenar esta noche? ¿Desea ir a algún lado después de dejar el banco? Tendría que invitarlo a...
(Sonido de pistola) bang bang
-Hombre enmascarado 1: ¡¡¡Es un atraco, al suelo!!!
¿Q-que? ¿Están asaltando el banco hoy? No puede ser, hoy que vine con Betito.
-Hombre enmascarado 2: ¡¡¡Las manos a la nuca, denme sus bolsos y celulares, no se resistan!!!
Procedo como ordenaron, y yo no he terminado de pagar por nuestros celulares, y como entretendré a Betito si se los llevan, Malditos.
con pasamontañas y lentes de sol entraron al banco como si fueran antagonistas de una típica película de acción, solo que sin héroe que pueda neutralizarlos. En esta vida, una vez más me demuestra que por mucho que nosotros tengamos oportunidad, no podemos ser protagonistas de una película en vida.
-Olivia: Quédate quieto y no llamemos la atención, ni los mires, por favor.
Solo le puedo vigilar a mí hijo si hay una remota posibilidad en la que él haga algo en donde corramos peligro. Me siento mal por los demás, pero si los asaltantes deciden abrir fuego, me limitaré a solo salvar a Betito, quien está a mí alcance. Como madre, es mi único deber y no puedo arriesgarme a peligrar con más personas.
-Hombre enmascarado 4: ¡¡¡Rápido, la policía no tarda en volver!!!
-Hombre enmascarado 2: ¡¡¡Apúrate, que se hace tarde!!!
-Hombre enmascarado 1: ¡¡¡Esto es lo que pude meter en los sacos, huyamos de una vez!!!
Parece que se están yendo; quizás no pueda sacar mi mensualidad hoy, perobmi hijo y yo podremos irnos de aquí cuando se larguen los asaltantes. Tendremos que ir a ver el parque o algún paseo por la orilla del mar Olímpicuz a jugar en la arena, para digerir el mal trago presente.
CRUUUUNCH (Vidrio rompiéndose)
-Hombre enmascarado 1: ¡¡¡¿Qué, qué es esto?!!!
-Hombre enmascarado 2: ¡¡¡¿Qué pasa afuera?!!!
-Hombre enmascarado 4: ¡¡¡No vi nada, que.... HAaaaaaa!!!
Parece que no podremos regresar todavía; llegó la policía, derribaron a uno.
BANG BANG PUMPUM * (Cuerpos cayendo)
Un grupo nos sorprendió desde atrás; derribaron a nuestros 2 guardias.
Derribaron a otro que resguardaba a los vigilantes del banco.
-Policía: Rehenes asegurados.
-Policía: Queda arrestado por asalto a mano armada, póngase al suelo y no intente nada estúpido.
Hombre enmascarado 1: ¡¡¡M**rd*!!!¡¡¡M**rd*!!!
Espero que Betito no me pregunte por esa palabra. Bueno, todo salió bien; lo malo será que antes esperaba mi turno en el banco, y ahora debemos esperar otras mil horas para dar testimonio a la policía. Cuánto tiempo perdido está mañana, Dios mío. Estaba viendo cómo iban a llevarse al último hombre cuando...
¡Qué susto! El ladrón sacó un arma, y ahora forcejea con la policía. Dios, el arma apunta hacia acá. * BANG *
¡Disparó! Qué susto, espero que no haya lastimado a alguien; agarró fuerte la mano de mi hijo y...
Está mojado. Estamos en el suelo y ahora mi hijo se orinó por el susto de la... ¡Ah!
-Olivia: ¡¡¡HAAAAAAAAAAAAAAAA!!!, ¡¡¡MI HIJO!!! ¡¡¡M-MI BEBÉEEE!!! , ¡¡¡AYUDA!!! ¡¡¡AYUDA!!!, ¡¡¡SE DESANGRA DE LA FRENTEEE !!!
-Policía: Atención central, tenemos un herido con arma de fuego; manden una ambulancia urgente.
-Olivia: ¡¡¡AYUDA!!! ¡¡¡AYUDA!!! ¡¡¡AYUDA!!! ¡¡¡AYUDAAAAAAAA!!!

Capítulo 3: Situación Alarmante
Son las 10:00 AM, y mi hijo está en cuidados intensivos.
-Olivia: ¿Por qué mi hijo? ¿Por qué? ¡¡¡¿POR QUÉ?!!!
No paro de repetir las preguntas en mi cabeza. Estuve todo el día esperando el resultado de los exámenes, quiero que esté bien como para hablar, aún si ya no podrá salir de una silla de ruedas o de una cama. Deseo haberlo abrazado más, mimarlo hasta que él me aparte por vergüenza o haber jugado aún más con él...
Ahora que lo pienso, estos años estuve muy ausente con él, pensando que con un flujo de dinero constante sería suficiente para que no le faltara nada. Es irónico, porque estos años no le faltó nada, además de su madre y su padre Aníbal. Es gracioso, irónicamente gracioso.
Aníbal César era mi esposo, le gustaba el fútbol y las películas de acción, tanto que nunca vimos una película romántica cuando íbamos al cine. Me casé a los 18 años y nos mudamos a un departamento hasta conseguir un terreno con casa propia. Un año después nació nuestro hijo, es lindo recordarlo cuando era así de chiquito. Me encargué en cuerpo y alma de que no le faltara nada, pero Aníbal apenas jugaba con él.
A mis padres nunca les gustó Aníbal. Mamá nunca se cansaba de contar su experiencia con papá, que llegó migrando de Musambe, técnicamente escapando. Papá se mudó a este país porque en el continente Musambe existen desde hace muchos años guerras civiles a causa de los derechos de las personas de color. No sé mucho del tema y no me atreví a preguntarle a papá sobre el tema cuando el estaba vivo. Pero más que nada se encontró con mamá y tuvieron una vida de ensueño.
Mamá y Papá se percataron de que Aníbal no tenía mucho tiempo para mí y no solía mandarme muchos mensajes. Ellos vieron esto como un mal presagio para nuestra relación y repetidas veces me dijeron que terminara con Aníbal. No hice caso, me casé con él seis meses después de graduarme del secundario y no tardamos en tener un hijo. Cuando Betito cumplió 5 años, mis encuentros con Aníbal eran menos frecuentes y me tenía preocupada, pero se enfadaba sin razón cuando le preguntaba, como si no confiara en él, necesitara su espacio u otras razones para no explicar el motivo de sus faltas. Pero en esos días comenzaba a comportarse más frívolamente con Betito y conmigo.
Un día me confesó de que me era infiel, estaba por casarse con otra mujer, hija del un presidente de una empresa multinacional. La noticia me impactó, pero yo solo recuerdo el alivio de que no se llevó la custodia de Betito con él. Aunque sería difícil criarlo, era mi único sustento de mi complicada y desafortunada vida. Pero a Aníbal no le importaba, para el era solo un obstáculo en su nueva y lujosa vida. Que hombre tan terrible, y estuve casada con él 6 años.
Conseguí trabajo en una tienda de electrodomésticos, donde debo estar al día con lo último en aspiradoras, cocinas, termotanques y también computadoras. Soy una empleada que recomienda a los clientes lo último en tecnología en calidad, precio y conveniencia. Es un buen empleo, pero no gano lo suficiente para criar a mi hijo, así que luego del trabajo ayudo en una florería local en la que la dueña es una señora que cuidó de mí cuando era pequeña. Doña Teresa Salas es mi amiga mas confiable y me ayuda en todo.
Pero regresando al presente, me doy cuenta de la falta que le hacía a mi hijo. Y ahora lo podría perder sin disfrutar la vida junto a él, es una desgracia que desearía que fuera la más horrenda pesadilla para que despierte y valla a abrazar a mi hijo tras salir de la cama.
Por la tarde, vino un agente a informar sobre el atraco de esta mañana. En sus palabras, consiguieron el testimonio de 4 de los 5 asaltantes, por supuesto, no dio declaración el que le disparó a mi hijo. El resumen de las declaraciones era el siguiente.
Eran un grupo de frikis que malgastaban su dinero en juegos, lo último en computación, y mercancías de juegos y películas a su gusto. Los 5 tenían algo en común, todos trabajaban para una tienda bazar. Era una tienda amplia con un importante tráfico de gente, lo suficiente para que cada empleado tuviese un sueldo digno. Pero recientemente, el bazar tuvo que cerrar, porque se encontró evidencia de que el dueño era adicto a las drogas, y que algunos de los clientes que transitaban por ahí, le daban un dinero extra por antibióticos y sustancias de dudosa procedencia.
Los 5 chicos de esta mañana no fueron denunciados por el tráfico de drogas, pero el dueño fue arrestado y el bazar fue clausurado. Desempleados, ya no tenían como sobrellevar tanto sus vicios como sus vidas. Apenas ahorraron lo suficiente como para poder comer entre todos a diario, ya que cuando fueron contratados, no firmaron ningún acuerdo o contrato, por lo que no recibieron ninguna compensación por desempleo. Entonces su único sustento, aunque les dolía, era vender sus juguetes y juegos por internet, pero era una agonía esperar a que alguien se interesara por comprar sus cosas.
Pero el mayor de ellos, Nicolás Green de 19 años, logró convencer a los demás para generar un atraco para obtener un sustento hasta conseguir empleo nuevo. Lo que se tradujo en el incidente de esta mañana. No hacía falta añadir más porque el resto de la historia ya conocíamos todos.
Entendí la situación, pero no aplacaba el dolor y la ira que sentía, ninguna madre lo haría. Por lo pronto, pregunté algunas cosas que no entendía:
-Olivia: ¿Sus padres no los sustentaban? El mayor solo tiene 19, ¿no?
-Agente: Recibieron algún dinero para no morir de hambre, pero no era mucho. Parece que los padres se pusieron de acuerdo en darles una lección por no elegir bien el lugar de trabajo y malgastar el dinero. Pero cuando les informamos lo sucedido, los padres de 3 de los asaltantes parecían sentir remordimiento por tal privación irresponsable, mientras que los de los otros 2 no hicieron más que enunciar su decepción por sus hijos, entre ellos el padre de Nico.
-Olivia: ¿Sabe cómo un grupo de jóvenes consiguió armas como esas? Me acuerdo que cada uno llevaba una pistola y una metralleta para apaciguar a los rehenes. No podía imaginar cómo jóvenes sin dinero lograron conseguirlas.
-Agente: La mayoría no era real. Resultó que las armas eran réplicas que los jóvenes coleccionaban de sus juegos, eran réplicas muy detalladas. Sin embargo, para dar seriedad al acto, Nico usaba una Glock 17 real para disparar balines reales y engañar a las víctimas. Era la única arma real a su alcance, se la quitó a su hermano mayor el sargento Darell de la comisaría 024. Quedó muy apenado por la noticia y creo que pensaba dimitir de su puesto en la policía.
Solo un arma era real, y solo sus balas fueron lo suficientemente reales como para atravesar el cráneo de mí hijo.
-Olivia: ¿Y el chico Nico por qué se resistió? Se suponía que nadie iba a ser lastimado en su plan, ¿no?
-Agente: No quiere declarar, pero yo creo que él, más que nadie, quería lograr algo en su vida. Sus padres son muy estrictos y en su casa siempre es eclipsado por su hermano que ha logrado mucho como estudiante y como oficial. Solo podía disfrutar estando con sus amigos y jugando para distraer el estrés de su vida. Pero la falta de dinero amenazaba el fin de su diversión y estuvo dispuesto a arriesgar hasta el último segundo por un dinero que lo salvaría, hasta que ocurrió el accidente. Él estaba poniendo una cara seria, pero en mi experiencia arrestando mañaneras, estaba llorando y adolorido por lo que hizo.
-Olivia: Yo... No sé qué decir. Me da lástima, pero no puedo ni quiero perdonarlos por lo que le hizo a mi inocente hijo.
-Agente: No se aflija, sería raro que una madre de la víctima lo hiciera...
Conversamos un poco más hasta que el agente se levantó para irse.
-Olivia: Agente, una cosa más: ¿Qué harán con los chicos?
-Agente: Bueno, todavía esperan juicio, pero 4 de ellos fueron cómplices en un delito a un edificio estatal. Como confesaron voluntariamente, se les reducirán los cargos. Les darán 2 meses de encierro y una gran multa como mínimo. Y a Nico se le suma el hecho de que llevaba un arma real y que le disparó a alguien en medio de resistirse al arresto. Será procesado por homicidio culposo, sumado al hecho de que no quiere dar declaración. Eso es lo que sé por el momento. Bueno, yo me retiro. Espero que el chico se recupere pronto. No vemos, Doña Cyton.
Después de un rato, el agente se retiró del hospital, dejándome sumida en mis pensamientos. La sala silenciosa se llenó con el suave murmullo de las máquinas médicas y el distante eco de los pasillos.

Fue entonces cuando la puerta se abrió, revelando que mamá estaba aquí.
Mamá entró con paso silencioso, sus ojos transmitían preocupación y tristeza al encontrarse conmigo. Me puse de pie, e intercambiamos miradas llenas de dolor y comprensión. Un abrazo espontáneo nos unió, las lágrimas se entrelazaron, compartiendo el peso de la angustia que se cernía sobre nosotras.
Mamá rompió el abrazo suavemente, sosteniendo mis manos con ternura y me habló.
-Ángela: Hijita, ¿cómo estás? ¿Te dijeron algo?
Con la voz temblorosa, respondí:
-Olivia: ¿Mamá, ¿cuándo llegaste?
-Ángela: Llegué durante la conversación con el policía. Escuché todo, pero dime, ¿cómo estás?
No hacían falta palabras para expresar el torbellino de emociones que atravesaba. Nuestras miradas compartieron el dolor y la comprensión mutua.
-Olivia: Mamá, no sé qué hacer. Betito hoy amaneció tan bien, y en un instante... ahhhhh.
Mamá me envolvió en otro abrazo, consolándome.
-Ángela: Entiendo, hijita. A mí también me duele. Hace poco que murió tu padre, y hoy me llega la noticia de que le dispararon a mi nieto. Estoy tan afligida como vos; es demasiado dolor para una señora de mi edad.
Las lágrimas continuaron fluyendo mientras compartía mis temores y desesperación con mi madre.
-Olivia: Ay, mamá, ¿qué tengo que hacer ahora? Mi hijo corre un gran peligro, y yo solo puedo sentarme aquí a esperar una respuesta de los médicos.
Mamá sostuvo mis manos con firmeza.
-Ángela: Nada nos prepara para estas situaciones. Lo único que podemos hacer hasta que nos informen es rezar por protección para Betito. Esperemos rezando hasta que la noche nos obligue a dormir.
Juntas, madre e hija nos aferramos a la esperanza mientras enfrentamos la incertidumbre que se cernía sobre la salud de Betito. La sala de espera se llenó de un silencio compartido, mientras esperamos las noticias que podrían cambiar el curso de nuestras vidas.
Cuando llegó la noche, mamá se fue a su casa y dijo que la llamara si recibía alguna noticia de Betito. Nos saludamos fuera de la puerta principal del hospital. Y mientras la figura de mi madre de espaldas con la cabeza mirando al suelo se desaparecía en la oscuridad. Reflexioné sobre mi estado, estaba en la situación más difícil y triste de mi vida. Mi hijo estaba muy herido y yo solo puedo sentarme aquí para esperar las noticias. Reflexioné un rato más hasta que me dormí sin comer nada en todo el día, tenía un nudo en el estómago que eclipsaba el hambre.
La mañana siguiente se desplegó con la cruda realidad de las últimas horas. Exhausta, me hallaba recostada en la sala de estar del hospital, sumida en la desesperante espera que ya se alargaba por casi 24 interminables horas. Mis ojos, cansados y enrojecidos por la falta de sueño, reflejaban la angustia que había invadido mi ser.
Eran las 7:00 AM, y la incertidumbre me carcomía. No había podido conciliar el sueño, y mi estómago se retorcía con la ansiedad. La espera se volvía un tormento que minaba mi fuerza y paciencia.
Finalmente, un médico se acercó. Su presencia, aunque esperada, trajo consigo un aire solemne que me heló el corazón.
-Médico: Muy buenos días, señora Cyton.
Dijo el médico con una voz calma pero grave.
-Olivia: ¿Cómo está mi hijo?
Pregunté ansiosamente, esperando que sus palabras trajeron alivio.
-Médico: Señora Cyton, siéntese un momento.
Dijo el médico, y mi corazón dio un vuelco. Sus palabras resonaron con un tono de solemnidad que me llenó de temor. No tuve más opción que obedecer y asentarme, mientras mi mente se preparaba para recibir la noticia que temía.
Con voz entrecortada por la angustia, pregunté:
-Olivia: ¿Cómo está mi hijo?
El médico tomó un respiro antes de responder, y su expresión seria anunciaba que las noticias no serían alentadoras.
-Médico: Señora Cyton, temo que no tendrá buenas noticias…
Capítulo 4: Preocupación
-Médico: Pudimos corroborar que el hemisferio derecho del cerebro tiene daños irreversibles.
Mi corazón se hundió. Las palabras que siguieron resonaron en el aire con una pesadez abrumadora.
-Médico: Afectó al quiasma óptico, no podrá ver con el ojo derecho, y dañó un montón de vasos sanguíneos, comenzó a necrosar.
El impacto de la noticia me dejó atónita. Sabía que las secuelas del disparo serían graves, pero nunca imaginé que serían tantas y tan devastadoras.
-Médico: Señora Cyton, me temo que debo informarle... que su hijo tiene una alta probabilidad de quedar en estado vegetativo.
. Las palabras resonaron en mi mente como un eco sombrío, y el dolor se apoderó de mí de una manera abrumadora. Mi hijo... mi pequeño Betito ya no podría hablar, abrazarme, jugar... La perspectiva de verlo en ese estado me sumió en un abismo de desesperación.
Caí de rodillas, impotente ante la tragedia que se cernía sobre nosotros. La realidad golpeaba con fuerza, y solo podía imaginar el dolor que mi hijo estaría experimentando.
"Lo siento", susurré en medio de sollozos, tratando de encontrar consuelo en un momento tan desgarrador. La sensación de pérdida y la culpa por mi ausencia pesaban en mi pecho como una losa.
-Médico: Sé que es una situación difícil y complicada, señora Cyton, pero tengo que informarle que está en su decisión el mantenerlo conectado y que despierte en algún momento, o desconectarlo y que se vaya en paz.
La decisión de tomar la vida de mi pequeño Betito o permitirle vivir en un estado vegetativo era insoportable. Mi mente se debatía entre el amor que sentía por él y el deseo de liberarlo del sufrimiento que enfrentaría en el futuro. Las palabras del médico resonaban en mi cabeza, y la duda y el dolor me envolvían como una sombra persistente.
Después de que el médico se retiró, me dirigí a la sala donde mi hijo yacía, rodeado de máquinas que mantenían su frágil existencia. El olor a citronela llenaba el aire, un aroma que ahora asociaría con la tragedia y la pérdida. Observé la figura indefensa de mi hijo, cuya expresión de paz contrastaba con la realidad de su condición.
. Era una escena de la que quería escapar como un ladrón se apura luego de cada asalto. "No es el mejor ejemplo para la situación", me corregí a mí misma, consciente de la gravedad del momento. La sala, antes un refugio de esperanzas, se convirtió en un lugar de agonía y despedida.
Meditaba sobre la situación y mi horrenda suerte, mientras contemplaba la figura inmóvil de Betito. Llegué a la conclusión de que, incluso si había una posibilidad de recuperación, prolongar su sufrimiento no sería justo para él. Mi decisión se formó en mi mente, aunque el peso de la elección me oprimía el pecho.
Salí al pasillo, me dirigí hacia el médico. El tiempo se ralentizaba mientras avanzaba, arrastrando los pies y sintiendo la mirada de los demás pacientes y sus familias, ajenos a mi dolor.
Camine por unos 5 minutos, los más largos y sofocantes 5 minutos, sumergida en un mar de pensamientos tormentosos. Mi destino era claro, aunque cada paso me acercaba a una realidad que preferiría no enfrentar.
Finalmente, mi mirada se encontró con la del médico, marcando el momento crucial. Era hora de anunciar mi respuesta, por mucho miedo que tuviera, la ansiedad se apoderaba de mí.
-Médico: Señora Cyton, ¿qué se le ofrece?
-Olivia: Doctor, tomé mi decisión
Pronuncié con firmeza, consciente de que no había vuelta atrás.
-Médico: Le recomiendo que lo piense adecuadamente, podría arrepentirse si toma decisiones apresuradas.
Me aconsejó el médico, y mi corazón latía con fuerza ante la inminencia de mi elección.
-Olivia: Gracias por preocuparse, pero si me doy el lujo de esperar, mi hijo estará solo en esa cama sin poder vivir la vida que desearía llevar
Respondí, reafirmando mi determinación.
-Médico: ¿Entonces, ese sería su veredicto final?
Preguntó el médico, y una pausa cargada de angustia llenó el espacio.
Me preparé para responder cuando la puerta se abrió con un estruendo repentino. Una voz desconocida irrumpió en el momento, interrumpiendo mi declaración final.
-???: ¡¡¡Un momento, señora Cyton!!! ¡¡¡No todo está perdido aún!!!

Capítulo 5: Planteamiento de la Solución
Punto de vista del doctor:
-???: ¡¡¡Un momento, señora Cyton!!! ¡¡¡No todo está perdido aún!!!
En el momento en que yo entro en la sala, me encuentro con la madre del pequeño paciente y mi colega, el doctor Newman.
-Olivia: ¿Eh? ¿Usted quién es?
-Dr. Newman: Dr. Pascal, ¿a qué se debe esta repentina intromisión?
-Dr. Pascal: Disculpa por la intervención repentina. Mi nombre es Charles Keanu Pascal.
Lo digo mientras realizo una respectiva reverencia.
-Olivia: Eh, hola... Yo me llamo....
-Dr. Pascal: Lo sé, usted es Olivia Cyton, madre de Roberto Cyton. Siento mucho lo ocurrido.
-Olivia: No tiene por qué, solo tendré que aceptar que mi hijo se vaya en paz.
-Dr. Pascal: ¡¡¡Espere un momento!!!
Denoto que mi tono de voz subió y espanté a la señora Cyton.
-Dr. Pascal: Disculpe mi falta de modales, pero quisiera discutir el asunto de su hijo con usted.
-Olivia: ¿Conmigo?
-Dr. Newman: Dr. Pascal, ¿qué pretende?
-Olivia: Dr. Newman, ¿no? ¿Quién es este señor?
-Dr. Newman: El caballero aquí presente es el Dr. Pascal, ortopedista. Se encarga de diseñar, adaptar y perfeccionar las prótesis que maneja el hospital y es uno de los directivos de la universidad médica Carrillo.
-Olivia: Oh, mucho gusto.
-Dr. Pascal: El gusto es mío, doña Cyton.
Luego de las presentaciones, nos seguimos en la sala de reuniones del hospital. Los tres estábamos a punto de tener una conversación que influiría en el destino del joven Roberto.
-Olivia: ¿De qué quería hablar conmigo, doctor?
-Dr. Pascal: Bueno, primero que nada, es alarmante. He revisado el estado de su hijo y es probable que tenga secuelas que le impiden abandonar la cama en la que se encuentra postrado.
Expresé mis preocupaciones, pero la señora Cyton no me cruza la mirada. No puedo más que suponer el dolor y la preocupación por lo que está pasando.
-Dr. Pascal: Sra. Cyton, déjeme terminar mi perorata, que no todo es malo.
Logré hacer que levantara la cabeza. Veo algo de esperanza en su mirada. Le echaré luz a esa esperanza en este momento.
-Dr. Pascal: Como venía diciendo, el estado del joven Roberto es muy delicado, pero me complace anunciar que ya tengo en mi poder la solución a sus penurias.
-Olivia: ¿A qué se refiere?
-Dr. Newman: Eso mismo me pregunto yo. No estoy al tanto de los detalles, doctor Pascal. ¿A qué se refiere con la solución a las penurias aquí presentes?
-Dr. Pascal: Jejeje, calma los dos, que ya explico todo.
Los dos me miran con suma atención.
-Dr. Pascal: Mhh Mhh. Durante años me he metido de lleno en el desarrollo de las prótesis y me he valido de la mano del ingenio, la ciencia, la comodidad, la innovación y, sobre todo, la aprobación de mis pacientes. Destrezas que me han otorgado un nombre y un alto título del que dispongo actualmente como Director de Innovación Tecnológica en la Universidad Carrillo. Pues bien, he pasado años en un proyecto en específico que va más allá de los brazos robóticos que se mueven por protocolos y las prótesis valvulares inteligentes. Si estoy hablando de la más desarrollada prótesis neural que pueda existir.
-Dr. Newman: ...
-Olivia: ...
Los dos me miran extrañados, como si no me hubiera explicado correctamente.
-Olivia: Disculpe, Dr. Pascal, ¿Qué intenta decirnos? ¿Y qué tiene que ver con mi hijo?
-Dr. Newman: Entiendo bien siendo médico como usted, pero entonces usted pretende que con el chico...
-Dr. Pascal: ¡¡¡Exacto!!!
Fijo mi mirada hacia la señora Cyton.
-Dr. Pascal: En resumen, tengo una prótesis que reemplazará el sector del cerebro dañado en su hijo y le permitirá vivir muchos años más, totalmente consciente y andante.
No es por faltarle el respeto a la señora Cyton, pero casi me da risa ver en su cara confusión, seguido de asombro, luego una sonrisa de oreja a oreja y finalmente un llanto esperanzador.
-Olivia: Entonces, usted puede...
-Dr. Newman: ¡Un momento!, Dr. Pascal, aunque pueda garantizar eso, no debería darle esperanzas tan grandes a la señora aquí presente. Los profesionales médicos como nosotros no podemos hacer promesas de esa índole.
La señora Cyton me mira pidiendo que corrobore la opinión de mi compañero.
-Dr. Pascal: Acepto que se me subieron los humos. Mi idea es operar al paciente e implantar la prótesis tan pronto como logre adaptarla a su espacio craneal. Todo dependerá de que su hijo pueda sobrevivir a la operación; estará en constante riesgo durante y después de la operación, que es cuando llega lo más difícil: la completa recuperación del paciente. Habrá que fijarse si no quedan secuelas o decaídas una vez que se recupere de la cirugía.
La señora Cyton quedó aterrada con mi último discurso. Supongo que la bajé de la nube de la esperanza, al suelo duro como la realidad.
-Olivia: E-Entonces, ¿no es nada seguro que mi hijo se recupere?
-Dr. Newman: Son los riesgos que siempre se corren en una cirugía donde la vida depende directamente del resultado final. Podemos curarlo, como también no lograr salvarlo o que quede paralizado en el lado derecho. En las cirugías cerebrales siempre se corren esa clase de riesgos al tratarse de un órgano tan complejo.
-Dr. Pascal: Efectivamente es la realidad que todo cirujano debe afrontar, pero usted debe permanecer positiva. En estos momentos su hijo está vivo, pero la probabilidad de que despierte es de aproximadamente 2%. Con la cirugía podremos aumentar su índice en un 15%. No parece mucho, pero es lo mejor que podemos ofrecerle. Con buena fe, la probabilidad de despertar aumentará exponencialmente si la cirugía se realiza exitosamente, conforme a la recuperación de su hijo. Puedo asegurarle que contamos con un equipo de especialistas con mucha experiencia y ejecutamos un método prometedor. Le informaremos semanalmente sobre el progreso de la operación de su hijo. Todo eso está a su servicio, solo deseamos la aprobación de la tutora legal del paciente, es decir, usted.
La señora Cyton quedó pensando seriamente en mi propuesta con las manos en la cabeza.
-Olivia: E-Esa prótesis suya, ¿Qué hará por mi hijo?
-Dr. Pascal: Buena pregunta. Es básicamente una unidad de procesamiento que administra el funcionamiento cerebral y reemplazará las funciones cerebrales que se perdieron con el daño del disparo. ¡Como un extra, esta prótesis busca, a su vez, dar un paso hacia la autosuficiencia humana!
-Dr. Newman: Perdone que le interrumpa, ¿A qué se refiere con la autosuficiencia?
Capítulo 6: Desarrollo de la Solución
-Dr. Pascal: Permítame explicar con más detalle. La prótesis en cuestión es una avanzada unidad de procesamiento, similar a una computadora de última generación. Su sistema operativo, V.A.N.A.R.S. (Asistente Virtual y Sistema de Regulación Automática Neuronal, por sus siglas en inglés), está diseñado para regular las funciones cerebrales y administrar componentes que reemplazarán las funciones perdidas debido al daño cerebral.
-Olivia: ¡Eso es increíble!
-Dr. Pascal: Y eso no es todo. La prótesis también incluye funciones adicionales, como llamadas y navegación web a través de V.A.N.A.R.S., que se presenta como un sistema operativo. Además, proyectará información en pantallas holográficas visibles a través del ojo implantado, proporcionando datos de salud, registros de memoria, navegación GPS y otras funciones avanzadas.
-Olivia: Doctor, suena asombroso, pero ¿cuánto costará la operación junto con la prótesis? No tengo los recursos para cubrir tales gastos.
-Dr. Pascal: No tiene de qué preocuparse por los costos. La operación prácticamente no tendrá costo para usted. Además, su hijo recibiría una beca en la Universidad Carrillo, abriendo oportunidades en diversas disciplinas. También se beneficiará de un seguro médico premium para toda la familia. Todo esto, por supuesto, dependiendo del éxito de la operación.
-Olivia: Todo suena demasiado bueno para ser verdad. ¿Hay algo que no me esté diciendo? No daré mi permiso hasta que sepa todos los detalles.
-Dr. Pascal: Comprendo su preocupación. No deseo ocultar detalles. La prótesis aún está en fase de prueba, y su hijo sería el primero en probar su funcionalidad durante la cirugía. Nada es seguro, y aprenderemos y adaptamos el procedimiento según sea necesario. La transparencia es clave.
-Olivia: Pero no me deja segura, es decir, ¿mi hijo es el primero en probar la prótesis y es para probar si funciona? ¿Y si no funciona? ¿Y si esto solo empeora su situación? ¿O si llega a despertar con el mayor sufrimiento posible?...
No cabe duda de que estoy con una madre con una ansiedad sin límite. Es de saber que hay muchas cosas que no comprende y trata de enfatizar lodazal la incertidumbre que tiene. Por lo pronto, le respondo:
-Dr. Pascal: Señora Cyton, se lo explico francamente. Su hijo, a pesar de las probabilidades, está luchando por vivir. La voluntad de vivir determina la supervivencia en estas situaciones. Su hijo aún no se ha rendido, y eso es digno de consideración.
-Dr. Newman: ¡Doctor! ¿Usar al joven como conejillo de indias? ¿No le parece demasiado arriesgado y poco ético?
-Dr. Pascal: Comprendo su preocupación, Dr. Newman. La verdad es que esta es una oportunidad única para avanzar en el campo de las cirugías cerebrales. No pretendemos causar daño, pero necesitamos casos como este para mejorar y perfeccionar la tecnología. No tomaré la decisión sin el consentimiento de la tutora legal, la señora Cyton.
[Miro a la señora Cyton]
-Dr. Pascal: Señora Cyton, la decisión final recae en usted. Su hijo está demostrando una notable fuerza para sobrevivir. Aunque la cirugía presenta riesgos, también puede abrir la puerta a una recuperación sorprendente. ¿Qué decide hacer?
[Después de un largo silencio]
-Olivia: ¿Cree que podrá salvar a mi hijo?
-Dr. Pascal: Tengo fe en que podemos hacer todo lo posible por él.
-Olivia: Entonces, aceptaré la oferta. Rezaré por la recuperación de mi hijo y confiaré en que su tecnología pueda salvarlo. Espero que esta experiencia también beneficie a otros en el futuro.
-Dr. Pascal: Agradezco su confianza, señora Cyton. Acompáñenos a la Universidad Carrillo para completar el papeleo y discutir los detalles restantes. En cuanto a usted, Dr. Newman, por favor, organice el transporte del paciente lo antes posible.
-Dr. Newman: Me encargaré de eso. Informaré al director del hospital y coordinaré el transporte hacia la universidad.
[Los tres abandonan la sala, preparándose para los desafíos y tensiones de los meses venideros.]
Capítulo 7: Exposición de Proyecto
Finalmente, la señora Cyton nos dio el permiso para operar al paciente. Me disculpé con el Dr. Newman por "arrebatarle" al paciente, pero él respondió que, dadas las circunstancias, era un alivio, ya que el pronóstico no era favorable. Con todo resuelto, llevé a la señora Cyton a la Universidad Carrillo, donde trabajo como directivo encargado de la administración y el desarrollo tecnológico en diversas ramas de la medicina. Tuvimos que discutir el asunto en una asamblea con otros directivos para determinar la viabilidad del procedimiento.
La atmósfera estaba cargada de tensión. Algunos colegas me dieron su respaldo, mientras que otros manifestaron su incredulidad respecto a la reproducción artificial del cerebro. Hubo quienes argumentaron en contra de aplicar el procedimiento a un menor, alegando que sería una cruel carnicería. Muchos intentaron convencer a la señora Cyton de reconsiderar su decisión. Después de un acalorado debate, el director Paterson, quien lideraba la mesa, expresó su opinión.
-Director Paterson: Dr. Pascal, ¿puede asegurar que el dispositivo funciona?
Fue una pregunta aparentemente simple, pero el silencio que se apoderó de la sala indicaba el respeto que todos le tenían al director. Con 48 años de experiencia, el Director Paterson, con numerosos éxitos como cirujano, su profundo conocimiento de la anatomía humana y su habilidad en el manejo del instrumental quirúrgico, había sido nombrado director general por la anterior junta directiva.
Después de la pregunta del Director Paterson sobre la eficacia del dispositivo, me puse de pie con confianza, sosteniendo en mis manos una serie de informes y estudios que respaldan la funcionalidad de la prótesis cerebral y el sistema operativo V.A.N.A.R.S.
-Dr. Pascal: (Sonriendo) Gracias por la pregunta, Director Paterson. Entiendo que la idea de una prótesis cerebral pueda parecer audaz, pero permítame asegurarle que los resultados hasta ahora han sido más que prometedores.
-Director Paterson: (Inclinando la cabeza) ¿Prometedores, dice? Necesito algo más que promesas, doctor. ¿Qué nos puede mostrar?
Procedí a explicar detalladamente los avances y los beneficios potenciales del procedimiento, apoyado en gráficos y datos.
-Dr. Pascal: Aquí tiene los informes de nuestras pruebas preliminares. Como puede ver, hemos observado mejoras sustanciales en la calidad de vida de los pacientes que han participado en nuestras pruebas. (Señala los datos en la presentación)
-Director Paterson: (Frunciendo el ceño) ¿Estos resultados son consistentes?
-Dr. Pascal: Absolutamente. Hemos aplicado el procedimiento en casos diversos, y los patrones de mejora son notables. Desde la restauración de funciones motoras hasta mejoras en la memoria y el procesamiento cognitivo.
-Director Paterson: (Interesado) ¿Y la seguridad del procedimiento?
-Dr. Pascal: (Asintiendo) Un punto crucial, Director. Hemos llevado a cabo exhaustivas pruebas de seguridad y hemos ajustado la tecnología en función de los resultados obtenidos. V.A.N.A.R.S. es un sistema inteligente que aprende progresivamente y esta listo para enpesar a operar.
-Director Paterson: (Entrecerrando los ojos) Sin embargo, estamos hablando de una cirugía cerebral, esto es muy riesgoso.
-Dr. Pascal: (Con firmeza) Entendemos los riesgos, Director. Pero, también entendemos la necesidad de avanzar y ofrecer nuevas esperanzas. Cada cirugía conlleva riesgos, pero nuestras precauciones y protocolos minimizan cualquier amenaza potencial.
La sala, inicialmente envuelta en escepticismo, comenzó a mostrar signos de aceptación a medida que enunciaba ni perorata.
-Director Paterson: (Reflexionando) Doctor Pascal, esto es una apuesta significativa. ¿Qué garantía tenemos de que este procedimiento será exitoso?
-Dr. Pascal: (Con confianza) La garantía, Director, está en la perseverancia y el deseo de vivir de los pacientes. La tecnología es nuestra herramienta, pero la voluntad de vivir es lo que impulsa la recuperación. Estoy aquí para responder a todas sus preguntas y para asegurarle que estamos comprometidos a dar lo mejor de nosotros para el bienestar de los pacientes.
A medida que continuaba la perorata con el Director Paterson, la sala pasó de la cautela inicial a una discusión más profunda sobre la viabilidad y ética del procedimiento propuesto.
-Director Paterson: Bueno, Dr. Pascal, esta propuesta es sin duda innovadora y arriesgada. Pero, ¿puede garantizar que no solo funcionará, sino que también mejorará la calidad de vida del joven Roberto?
-Dr. Pascal: Director Paterson, entiendo la magnitud de lo que estamos proponiendo aquí. Hasta ahora, la prótesis, con el sistema V.A.N.A.R.S., han demostrado ser muy prometedores en nuestras pruebas y simulaciones. Además, es importante destacar que este procedimiento podría abrir nuevas puertas en el campo de las neuroprótesis. Estamos hablando de ofrecer una segunda oportunidad de vida a un joven que, de lo contrario, enfrentaría una existencia limitada.
-Director Paterson: (frunciendo el ceño) Pero, Dr. Pascal, estamos hablando de un paciente joven. ¿No es este un terreno desconocido y peligroso?
-Dr. Pascal: Por supuesto, comprendo la preocupación. Sin embargo, el joven Roberto ya se enfrenta a un futuro incierto debido al daño cerebral. Este procedimiento podría ser su mejor oportunidad. En cuanto al terreno desconocido, cada avance en la medicina ha tenido su fase experimental. ¿No es nuestro deber explorar nuevas posibilidades para mejorar la vida de nuestros pacientes?
-Director Paterson: (reflexionando) Tiene un punto válido, Dr. Pascal. Pero quiero su compromiso de que este procedimiento no solo se trata de avances tecnológicos, sino también del bienestar del paciente.
-Dr. Pascal: (asintiendo) Entiendo completamente, Director Paterson. Mi prioridad es la salud y el bienestar del paciente. Estamos en la vanguardia de la medicina, pero nunca olvidamos la ética médica y la responsabilidad hacia aquellos a quienes servimos.
-Director Paterson: Bueno, señora Cyton, estamos considerando un procedimiento bastante innovador para el joven Roberto. ¿Cuál es su opinión al respecto?
La señora Cyton, quien estaba sentada a mi lado escuchando en silencio, le sorprendió la pregunta tan repentina. Miro la mesa de juntas con nerviosismo, luego a mi pidiendo respaldo, para luego cruzar mirada con el Director Paterson. Se levantó de su asiento ansiosa, se puso firme como soldado, y respiro hondo antes de hablar.
-Olivia: (pausando antes de responder) Director Paterson, entiendo que esto es algo completamente nuevo y arriesgado. Pero he hablado con el Dr. Pascal, y parece confiado en que podría marcar una gran diferencia en la vida de Betito.
-Director Paterson: ¿Y tú? ¿Cómo te sientes al respecto, considerando que es tu hijo?
-Olivia: (respira profundamente) Por supuesto, estoy preocupada. Betito ya ha pasado por mucho, y no quiero ponerlo en más riesgos. Pero al mismo tiempo, si hay una posibilidad real de mejorar su calidad de vida, creo que debemos considerarlo.
-Director Paterson: (asintiendo) Entiendo que esta es una decisión difícil para ti, señora Cyton. Quiero asegurarme de que todos estemos en la misma página y de que se estén considerando todas las perspectivas.
-Olivia: (seria) Lo entiendo, Director. Solo quiero lo mejor para mi hijo. Si el Dr. Pascal cree que esto podría ayudar, estoy dispuesta a considerarlo. Pero también quiero garantías de que no pondremos a Betito en más riesgos innecesarios.
-Director Paterson: Gracias por compartir su perspectiva, señora Cyton. Tomaremos todas las precauciones necesarias y nos aseguraremos de que esta decisión sea lo mejor para el joven Roberto.
Luego de haber escuchado eso, me emocioné, era el momento del veredicto final del Director Paterson. Cuando cruzamos miradas, el director expresó:
-Director Paterson: (suspirando) Muy bien, Dr. Pascal. Aprobaremos el procedimiento, pero quiero informes detallados en cada etapa. Y no solo de los avances tecnológicos, sino también del estado de salud y la calidad de vida del paciente.
-Dr. Pascal: (agradecido) Aprecio su confianza, Director Paterson. Puede estar seguro de que informaremos detalladamente sobre cada aspecto del proceso. Esto marca un paso crucial en la medicina, y estoy comprometido a garantizar que sea un avance que beneficie a nuestro paciente y, potencialmente, a muchos más en el futuro.
Director Paterson: (asintiendo) Espero que esté en lo correcto, Dr. Pascal. El futuro del joven Roberto está en sus manos, y confiamos en que este procedimiento sea realmente una oportunidad para una nueva vida.
Esta fue la conversación que selló la aceptación del procedimiento, con la esperanza de un nuevo comienzo para el joven Roberto.
Salimos de la sala de reuniones, la señora Cyton y yo, bajo la iluminación tenue del hospital que ya mostraba signos de la noche. Mientras caminábamos hacia la puerta frontal, pude sentir la mirada de los demás miembros del equipo médico que aún estaban inmersos en discusiones sobre la propuesta que acabamos de presentar.
La señora Cyton parecía sumida en sus pensamientos, probablemente reflexionando sobre la decisión que se avecinaba. La gravedad del momento pesaba en el aire, y el futuro del joven Roberto dependía ahora de la aceptación de nuestro enfoque innovador.
Cuando llegamos a la puerta, giré para mirar a la señora Cyton. Sus ojos reflejaban una mezcla de esperanza y temor. Era comprensible; estábamos a punto de aventurarnos en un territorio médico desconocido. Me dirigí a ella con palabras de apoyo.
-Dr. Pascal: Señora Cyton, sé que esto es abrumador. Pero quiero que sepa que estamos comprometidos a dar lo mejor de nosotros por el joven Roberto. Este procedimiento, aunque novedoso, tiene el potencial de cambiar su vida de manera significativa.
La señora Cyton asintió, agradecida pero aún con una sombra de preocupación en sus ojos.
Abrimos las puertas del hospital y fuimos recibidos por la brisa nocturna. La ciudad estaba iluminada a lo lejos, como si estuviera ajena a la trascendental reunión que acabábamos de tener. Me pregunté cómo se vería todo esto desde la perspectiva del joven Roberto, sumergido en su propio mundo.
-Olivia: Doctor Pascal, entiendo que todos ustedes están haciendo lo posible por mi hijo. Solo quiero que esto sea lo mejor para él.
-Dr. Pascal: Comprendo, señora Cyton, hemos presentado la propuesta con el mayor rigor científico y ético posible. Pero también entiendo que esto va más allá de la ciencia. El joven Roberto es un individuo, y estamos comprometidos con su bienestar integral."
Nos despedimos en la entrada del hospital, y vi a la señora Cyton alejarse con paso firme pero cargado de emociones. Mientras ella se perdía en la oscuridad de la noche, me quedé parado, contemplando las estrellas. Era un recordatorio de que, aunque avanzamos en la ciencia y la medicina, hay aspectos de la vida y la salud que siguen siendo misterios. El futuro era incierto, pero estábamos listos para enfrentarlo.
Con la aprobación del director y el respaldo de algunos colegas, se dio luz verde para llevar a cabo la cirugía. Se estableció una fecha y se iniciaron los preparativos para el procedimiento que podría cambiar la vida del joven paciente. Se estaba avecinando, el día de la cirugía, la hora de la verdad.
Capítulo 8: Operación

Entré en la sala de operaciones con determinación. Ataviado con mi traje quirúrgico azul y la mascarilla que ocultaba mi rostro, llevaba conmigo la caja metálica que contenía la esperanza para el pequeño paciente. Dos meses de meticuloso trabajo se resumían en ese dispositivo cilíndrico que sostenía en mis manos, una prótesis neural, con el sistema operativo V.A.N.A.R.S., inteligencia artificial creada con el propósito de asistir y reemplazar funciones dañadas del cerebro. Esta prótesis está a punto de devolver la vida a un niño que, según muchos, ya no la tenía.
El niño yacía inmóvil sobre la camilla, con un recordatorio constante de la tragedia que lo había dejado con un hemisferio cerebral destrozado y la pérdida de un ojo, estaba ahí, conectado a monitores que marcaban el ritmo de su existencia. Había pasado semanas evaluando los riesgos, considerando cada detalle. La madre del niño, fuera de la sala, rezaba por un milagro. Hoy, ese milagro reposaba en mis manos.
-Dr. Pascal: Vamos a proceder a implantar la prótesis.
Anuncié con una seriedad medida.
-Dr. Pascal: V.A.N.A.R.S. tiene el poder de restaurar las funciones cerebrales perdidas. También vamos a reemplazar su ojo derecho con una versión artificial, capaz de visualizar aplicaciones diseñadas para facilitar su recuperación.
El consentimiento semanal de la madre sería crucial. Este procedimiento único y experimental demandaba precisión y cuidado extremos. ¿Estábamos listos? Los asistentes asintieron con la cabeza, conscientes de la singularidad del caso.
Abrí la caja metálica, revelando el dispositivo cilíndrico. Electrodos y un ojo artificial, símbolos de esperanza. La madre recibiría actualizaciones semanales, manteniéndola informada sobre el progreso de su hijo. Nos sumergimos en este territorio desconocido, conscientes de la importancia de cada movimiento.
La prótesis se conectaría al cerebro mediante electrodos, estimulando las áreas dañadas. El ojo artificial se insertaría, sincronizándose con la prótesis. Configuraciones y permisos serían manejados por la madre a través de una aplicación móvil. Este avance tecnológico nos llevaba a un futuro incierto, pero ¿qué opción quedaba?
Con guantes esterilizados, realicé la incisión, con cuidado y precisión. Los electrodos se introdujeron en el cerebro, ajustando y conectando. El ojo artificial encontró su lugar, un sustituto simétrico al perdido.
"Prótesis activada. Iniciando el proceso de sincronización", resonó una voz metálica desde el ojo artificial, era la voz de la inteligente V.A.N.A.R.S. Observé las ondas cerebrales en el monitor, anticipando el cambio, la señal de que esta intervención podría marcar la diferencia.
-Dr. Pascal: Todo parece estar en orden.
Anuncié, con una sonrisa de satisfacción. Mis colegas me felicitaron, Aliviados por el éxito aparente. La cirugía había concluido, pero el verdadero desafío comenzaba ahora. Dos meses de cuidados, monitoreo constante y ajustes finos para asegurar que la V.A.N.A.R.S. cumpliera su promesa de devolver la vida a pobre chico. El procedimiento podía haber terminado, pero nuestro compromiso con la salud y el bienestar del paciente continuaba, ahora en la fase postoperatoria.
Capítulo 9: Informe
-Dr. Pascal: Señora Cyton, tengo buenas noticias. Hemos logrado implantar la prótesis de inteligencia artificial a su hijo. La operación ha sido un éxito y ahora solo hay que esperar a que se recupere. Su hijo podrá volver a vivir una vida normal, con algunas mejoras.
La señora Cyton se echó a llorar de alegría y me abrazó con fuerza.
-Olivia: ¡Doctor Pascal, no sé cómo agradecerle! Esto es increíble. ¿Mi hijo realmente tendrá una oportunidad de vida normal?
-Dr. Pascal: Por supuesto, señora Cyton. La prótesis tiene el potencial de cambiar la vida de este niño de manera significativa. Le permitirá recuperar funciones cerebrales y mejorar su calidad de vida.
La madre del niño me dio las gracias una y otra vez. Le devolví el abrazo y le expliqué cómo funcionaba la prótesis, el sistema operativo V.A.N.A.R.S. y el ojo artificial. Le entregué un teléfono móvil con la aplicación instalada.
-Olivia: ¿Y cómo puedo monitorear la evolución de mi hijo?
-Dr. Pascal: En este teléfono, encontrará informes detallados y opciones para controlar la configuración del ojo artificial. También puede comunicarse con su hijo mediante mensajes de voz o texto que se mostrarán en el ojo artificial.
-Olivia: Doctor, no tengo palabras para expresar mi gratitud. Esto es un milagro.
-Dr. Pascal: Su hijo es muy afortunado de tener una madre como usted, que no se rinde ante la adversidad. Estoy seguro de que se recuperará pronto y podrá disfrutar de su infancia. Usted también podrá estar tranquila y orgullosa de él.
Olivia: Usted es nuestro héroe, doctor. Espero verlo pronto y contarle cómo va todo con mi hijo.
Dr. Pascal: Será un placer. Estaré pendiente de su evolución. Si necesita algo, no dude en contactarme.
Me despedí de ella, saliendo de la sala de espera con una sensación de felicidad y realización. La esperanza brillaba en los ojos de la señora Cyton, y yo compartía su alegría ante la promesa de un nuevo comienzo para su hijo y para la medicina. Al salir, recordé que también podía monitorear al joven Roberto desde mi propio dispositivo, una capacidad que no solo beneficiaría a su recuperación, sino que también contribuiría al avance de la ciencia y la medicina. La jornada de hoy marcaba el inicio de una nueva etapa, no solo para el joven Roberto y su madre, sino también para el campo de la neuroprótesis.

Capítulo 10: Conclusión

Mi nombre es Roberto Cyton y tengo 24 años. Soy un desarrollador web que trabaja para grandes empresas, creando sitios web innovadores y funcionales. Me gusta mi trabajo y me siento orgulloso de lo que hago. Pero mi vida no siempre fue así. Hubo un tiempo en que estuve al borde de la muerte, y solo gracias a un milagro pude sobrevivir y recuperarme. Ese milagro se llama inteligencia artificial V.A.N.A.R.S., y se lo debo al doctor Pascal, el hombre que me salvó la vida y me dio una oportunidad de volver a empezar.
Todo ocurrió cuando tenía 8 años. Vivía solo, con mi madre. Mi padre nos había abandonado cuando yo era muy pequeño, y mi madre trabajaba duro para mantenernos. Fuimos a un banco local haciendo cola para unos trámites, cuando 5 hombres armados irrumpieron en el lugar. La situación se volvió caótica, y lamentablemente, fui alcanzado por una bala perdida. La gravedad de la herida puso en peligro mi vida.
Me llevaron al hospital más cercano, donde los médicos me examinaron y me dieron por perdido. Dijeron que no había nada que hacer, que el daño era irreversible y que solo era cuestión de tiempo que muriera o quedara vegetativo. Mi madre se desesperó y se negó a aceptar la sentencia. Fue entonces cuando apareció el doctor Pascal, un ortopedista que trabajaba en la universidad Carrillo, una de las más prestigiosas del país en medicina, tecnología e informática.
El doctor Pascal se enteró de mi caso y se ofreció a operarme, con el consentimiento de mi madre. Dijo que tenía una prótesis cerebral, con una inteligencia artificial que podía administrar las funciones cerebrales que se habían perdido por el daño neuronal. También dijo que tenía un ojo artificial que reemplazaba el derecho, que podía funcionar con aplicaciones que se visualizarían en él. Dijo que era un caso único y experimental, que no podía garantizar el éxito, pero que valía la pena intentarlo. Mi madre aceptó, confiando en él y en su bondad.
Así fue como me operaron, implantándome la prótesis la inteligencia artificial V.A.N.A.R.S., y el ojo artificial. La operación fue un éxito y la prótesis se sincronizó con mi cerebro, haciendo que volviera a funcionar. El ojo artificial también se activó y se calibró con mi visión. Me desperté al cabo de unos días, sin recordar nada de lo que había pasado. Lo primero que vi fue el rostro de mi madre, que me sonreía con lágrimas en los ojos. Me abrazó y me dijo que me quería, que estaba feliz de que estuviera vivo, que había sido un milagro. Luego vi al doctor Pascal, que me miraba con una expresión de satisfacción y curiosidad. Me saludó y me explicó lo que me había pasado, lo que me había hecho, lo que tenía en la cabeza y en el ojo, y cómo funcionaba. Me dijo que era un caso especial, que tenía una oportunidad de vivir una vida nueva, con algunas mejoras. Me dijo que me iba a ayudar en mi recuperación y en mi aprendizaje, que me iba a enseñar muchas cosas, que me iba a dar una beca para estudiar en la universidad Carrillo, donde él trabajaba como directivo. Me dijo que era mi amigo y mi mentor, que podía contar con él para lo que fuera.
No entendí muy bien todo lo que me dijo, pero le agradecí y le sonreí. Sentí que era una buena persona, que me había salvado la vida y me había dado una esperanza. También sentí que tenía algo especial, algo que me hacía diferente a los demás, algo que me hacía único. Con el tiempo, fui descubriendo las ventajas de V.A.N.A.R.S. Podía ver con normalidad, pero también podía acceder a aplicaciones que me ayudaban en mi recuperación y en mi aprendizaje. Podía ver vídeos, juegos, libros, mapas, etc.
También podía llamar a mamá mediante mensajes de voz o texto que se mostraban en el ojo artificial. Era como tener un ordenador en la cabeza, pero más avanzado y personalizado. Este era V.A.N.A.R.S.
El doctor Pascal me visitaba con regularidad y me hacía pruebas y exámenes para ver cómo evolucionaba. También me enseñaba cosas sobre programación, computación, inteligencia artificial, etc. Me decía que tenía un gran potencial, que podía aprender rápido y fácil, que tenía una mente privilegiada. Me animaba a estudiar y a desarrollar mis habilidades, a aprovechar la oportunidad que me había dado. Me decía que era su orgullo y su alegría, que era como un hijo para él. Yo le quería y le respetaba, le consideraba mi amigo y mi mentor, le admiraba y le imitaba. Era mi salvador.
Mi madre también estaba feliz y orgullosa de mí. Me apoyaba y me cuidaba, me daba amor y seguridad. Me decía que era su tesoro y su razón de vivir, que era el mejor regalo que le había dado la vida. Me decía que era un milagro y una bendición, que era un ángel. Era mi madre.
Así fue como crecí y me formé, con el apoyo y la guía del doctor Pascal y de mi madre. Cuando terminé la escuela, entré en la universidad Carrillo, con una beca que me había conseguido el doctor Pascal. Allí estudié ingeniería informática, especializándome en desarrollo web. Me gustaba mucho lo que hacía y se me daba bien. Aprendí mucho y me divertí mucho. Hice amigos y conocí gente. Me sentí parte de una comunidad y de un proyecto. Me sentí vivo y feliz.
Terminé mis estudios con honores, siendo el mejor de mi promoción. El doctor Pascal me felicitó, diciéndome que estaba muy orgulloso de mí, que había cumplido mi sueño, que había sido un éxito. Mi madre también me felicitó y me abrazó, diciéndome que estaba muy feliz por mí, que había cumplido su milagro, que había sido una bendición. Yo les agradecí y les sonreí, diciéndoles que los quería, que eran lo mejor que me había pasado, que eran mi familia.
Hasta el momento, trabajo como freelancer, aceptando solicitudes de diversas empresas para desarrollar páginas web, programar aplicaciones, crear servidores, administrar equipos, entre otras tareas. Estoy en busca de un mejor trabajo, pero no hay prisa.
Ahora tengo 24 años y soy un hombre feliz y realizado. Tengo una prótesis y un ojo artificial, que me hacen diferente y especial. Tengo al doctor Pascal y a mi madre, que me hacen sentir querido y apoyado. Tengo un trabajo y una carrera, que me hacen sentir útil y valorado. Tengo un pasado y un futuro, que me hacen sentir vivo y agradecido. Soy Roberto Cyton, y esta es mi historia.
Capítulo 11: Nueva Situación Alarmante
Caminaba por la calle, silbando una canción que se reproducía en mi dispositivo neuronal, a través de V.A.N.A.R.S. Me sentía feliz y satisfecho después de concluir un proyecto importante para uno de mis clientes, obteniendo no solo una buena remuneración sino también elogios por mi trabajo. Mis pensamientos estaban llenos de positivismo mientras me dirigía a visitar al doctor Pascal y a mi madre para compartir la buena noticia y celebrar juntos. La idea de invitarlos a cenar en agradecimiento se formulaba en mi mente.
En medio de mi alegre paseo, una inesperada ráfaga de viento casi me tumbó al suelo. Al cesar, identifiqué que la fuente provenía de un callejón cercano.
Al adentrarme en el callejón, descubrí a una chica inconsciente junto a un basurero. De cabello pelirrojo, largo y despeinado, con una figura esbelta y rasgos delicados, la joven vestía una túnica negra y carecía de calzado.

Roberto: Oye, ¿estás bien?
Antes de que pudiera ofrecer mi ayuda, la chica levantó la cabeza de golpe, me asusté. Sin embargo, lo que más me impactó fue el ojo izquierdo de la chica, marcado por una quemadura.
Me acerqué con la intención de hablarle y ofrecerle ayuda, pero cuando llegué a su altura, nuestros ojos se encontraron, quedé helado. La expresión de la chica era de enojo y odio, como si albergara rencor o miedo hacia mí.
La chica hizo una seña con la mano, un gesto extraño que formaba una letra o un símbolo. Me quedé confundido, sin entender su significado. Antes de que pudiera preguntarle, la chica extendió la mano, como si lanzara un poder desde ella. Me asusté sin saber qué esperar, pero antes de reaccionar, la chica se desplomó al suelo, inconsciente. Me agaché a su lado, tratando de socorrerla. Le tomé el pulso y vi que estaba débil, pero viva. Le hablé, pero no obtuve respuesta.
Llamé a una ambulancia desde la aplicación en mi dispositivo neuronal, informándoles que había encontrado a una chica inconsciente en un callejón con una quemadura en el ojo izquierdo. Les di la dirección y les pedí que se apuraran. Mientras esperaba, permanecí junto a la chica, observándola con mezcla de temor e intriga. Me pregunté ¿quién era?, ¿cómo llegó hasta acá? y ¿qué le había sucedido?.


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