Recientemente vi la película Shingeki no Kyojin (Attack on Titan) en cines, como una forma de despedirme de una serie que disfruté mucho, aunque para la gran mayoría decayó en su desenlace. Aunque esta página está más enfocada en cine, el hecho de que la hayan proyectado en salas le otorga ese boleto para comentarla aquí.
Después del final de Juego de Tronos, donde todos, incluyéndome, expresamos nuestras opiniones sobre cómo podría haber sido mejor esa última temporada tan desastrosa, Internet se llenó de foros y fanfics sobre cómo debía haber terminado esa serie. Sin embargo, todos coincidían en algo: no existía un final único que complaciera a todos. Por más elaborados que fueran los planteamientos, siempre había alguien que encontraba errores y quedaba insatisfecho. Tanto es así, que el autor de los libros aún parece temer lanzar los volúmenes faltantes, anticipando el “hate” que podría recibir de todo el mundo.
A lo que quiero llegar es que Isayama (el autor de Shingeki no Kyojin) sabía desde el día uno cómo quería terminar su historia y lo que buscaba lograr con ese final. Sin embargo, a todas luces, su estrategia no resultó como esperaba. Todos los que siguieron el anime desde el principio, o que se sumaron años más tarde, quedaron decepcionados por los giros en los acontecimientos. Pero ha llegado el momento de romper una lanza por la obra. La historia que Isayama quería contar no es necesariamente la que el público esperaba ver o leer. 
Desde el principio, el mensaje siempre fue claro: mostrar la crudeza de la guerra. En las primeras temporadas, el enfoque estaba en hacer que el espectador se encariñara con los personajes principales, quienes tenían que sobrevivir a los villanos, cuyas motivaciones para aniquilar a los humanos dentro de las murallas nunca eran explicadas. Luego, la trama avanzó hacia la traición de personajes aliados; y aunque sabíamos lo que hacían e intuíamos que podrían tener buenas razones, la historia seguía cargada de emotividad y preocupación por los protagonistas.
Fue en la cuarta y última temporada donde la narrativa dio un giro hacia el punto de vista de los enemigos. En ese momento, se volvió evidente que se buscaba mostrar una trama casi calcada a la Alemania del pintor austriaco y los judíos: campos de concentración, estigmatización de razas, persecución política y religiosa, entre otros aspectos. Todo esto daba a entender que ambos bandos tenían sus propias motivaciones para ir a la guerra y (para bien o para mal) aniquilar a sus enemigos. 
Si buscamos más paralelismos, los Titanes dentro de las murallas tienen una correlación simbólica con las armas nucleares que algunos países poseen para disuadir a posibles adversarios. En la actualidad, los conflictos entre Ucrania y Rusia exponen claramente ese temor latente en el colectivo: qué sucedería si este conflicto escalara y cuáles serían sus consecuencias.
Dentro de todo esto, Eren Jaeger (el protagonista) quizá tuvo más alternativas para concluir la historia, pero eso no era lo que Isayama quería. Él buscaba que un adolescente con traumas cargara con la inmensa responsabilidad. En su narrativa, pasado, presente y futuro fluían simultáneamente, como si quisiera exonerar a todos los portadores del Titán de Ataque de sus responsabilidades y dejar todo el peso sobre una sola persona: Ymir (aunque puedo estar equivocado).

Sin embargo, en Ymir no solo recaía el peso religioso de la trama, sino también el inicio y el final de todo. Una persona con creencias o fanatismo puede volverse extremadamente peligrosa si se le concede el poder absoluto. En el caso de Ymir, incluso después de su muerte, continuó obedeciendo las órdenes del rey que amaba profundamente, así como las de sus descendientes. Cada rey tenía ambiciones propias: algunos buscaban poder, otros anhelaban la paz, pero el ciclo del odio siempre se mantenía vigente. Ymir simplemente cumplía con las órdenes de cada gobernante.
Aquí es donde la historia no logró convencer a muchos seguidores. Algunos esperaban un héroe que lograra la victoria sin causar daño; otros querían un villano absoluto. Sin embargo, la narrativa terminó ofreciendo un personaje patético que, al final, reconoció ser un esclavo de las voluntades de otros: un pelele que sacrificó al mundo entero para salvar a su gente.
Había muchas posibilidades para cerrar la historia, pero lo que realmente buscaba Isayama era que esa "bomba nuclear" llamada el Retumbar sucediera y dejara un mensaje contundente al mundo: los terribles estragos de tener un arma de semejante poder en manos de la humanidad.
Aquí es donde termino yo y lo dejo como reflexión, el autor debe escribir lo que la gente y el mercado quiere o tiene la autoridad de exponer su punto de vista o su mensaje a pesar de las criticas?




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