El Poder de los Argumentos Spoilers

12 Angry Men (1957) Director: Sidney Lumet

La mirada implorante de un joven acusado del asesinato de su padre abre una desesperada lucha del Jurado numero 8 (excelente interpretación de Henry Fonda) para demostrar que existe una “duda razonable” que justifica su voto de inocencia frente a los 11 jurados restantes que, sin mediar un análisis detallado del juicio, deciden un veredicto de culpabilidad. Este filme demuestra, nuevamente, la maestría del director Sidney Lumet (Tarde de Perros, Serpico y Network), que aborda con detalle a un grupo de personajes, en un ambiente desesperantemente claustrofóbico y que en un poco más de 90 minutos, saca a relucir prejuicios, odio, compasión, solidaridad y respeto a partir de la premisa de asumir con seriedad la responsabilidad sobre la vida y la muerte de un ser humano sometido al juicio público por sospecha de asesinato.

No hay un personaje que muestre debilidad en la actuación, cada personaje tiene un momento donde brilla y demuestra su idiosincrasia; desde el hombre lleno de prejuicios (una escena magistral donde los protagonistas le dan literalmente la espalda a su discurso racista a una soberbia interpretación del actor Ed Begley) hasta el desaprensivo jurado (interpretado por Jack Warden) que solo piensa en una solución rápida al conflicto para correr al estadio a ver un juego de béisbol. La tensión creciente del antagonismo entre Henry Fonda y el Jurado numero 3 interpretado por el destacado actor de carácter Lee J. Cobb nos mantiene atentos frente a un posible desenlace violento, es una lucha de poder desesperante.

Los conflictos van en un crescendo desesperante, en medio del verano hirviente, con hombres sudorosos e irascibles que argumentan frente a una lógica línea que plantea Henry Fonda en la que enfatiza la mediocre actuación del abogado defensor, los vacíos de los testimonios de los testigos, la manipulación manifiesta de la fiscalía de las pruebas y la falta de piedad de sus compañeros que solo desean que se haga “justicia” olvidando el derecho del acusado a un juicio realmente justo. Es aquí donde un detalle de la escena inicial regresa a nuestra memoria en la que se nos muestra al juez que de manera displicente explica a los jurados cuáles serán las consecuencias de su veredicto, se nota que hay cansancio, desánimo y falta total de profesionalismo por parte de este personaje que, simbólicamente, representa a una justicia asediada por el tedio y la rutina.

Esta película (que tiene un remake de 1997 dirigido por William Friedkin) ha envejecido notablemente bien, se puede disfrutar no solo por sus actuaciones y maestría en el uso de las imágenes, sino por tener varios mensajes que se aplican en nuestro mundo convulsionado y absurdo, que la justicia no es cosa de juegos (destacada escena donde Henry Fonda enfurece al ver a parte del jurado enfrascarse en un juego de tres en línea), que el racismo es el peor de los jueces, que juzgamos, muy frecuentemente, de manera subjetiva sin tomar en cuenta los hechos y de que, a veces, basta un hombre justo para lograr un cambio, tal vez pequeño, frente a la pusilanimidad de algunos y la violenta imposición de juicios sin ningún fundamento que terminan destruyendo la vida de inocentes.

Juan Carlos Camacho Castellanos

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 1
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.