Todo el año es navidad es el título de varias producciones audiovisuales realizadas en nuestro país. Una serie, un largometraje de ficción y también un documental se reúnen bajo el mismo nombre que pareciera ser una herencia.
En primera instancia, significó una serie televisiva que se transmitió desde el año 1956 hasta 1961 con guion de Horacio Meyrialle, quien fuera humorista, guionista y escritor. El tono de la producción de televisión era más bien una comedia dramática, centrada en la figura de un Santa Claus que podía transformar en realidad los deseos de las personas con las que se topaba. El éxito y el acompañamiento de la audiencia implicó la realización de un largometraje entre aquellos años en que la serie se transmitía, más precisamente en 1960.

Con el protagónico de Raúl Rossi (Buenos Aires, 1925-1993) quien también hacía de Santa Claus en la tira televisiva, se hace aquí presente nuevamente en un compendio de segmentos donde Papá Noel se entromete en historias privadas. Viajamos a 1960 donde un papá noel se encuentra deambulando en invierno. Ciertamente, en esa época del año él no tiene nada que hacer, su labor comienza apenas unos días antes del 24 de diciembre de cada año. La gente abrigada, entristecida. El espíritu navideño no está allí. Una nevada se hace presente y el tono de la película se torna lúgubre. Este papá noel debe disfrazarse para pasar desapercibido en los 364 días que quedan del año. En uno de los primeros fragmentos se hace pasar por mayordomo, trabajando para un pícaro Armando, un hijo de una mujer soltera adinerada, interpretado por un jovencísimo Leonardo Favio, quien en ese entonces se dedicaba a representar personajes de muchachos erráticos, malhumorados y trastabillantes. Allí, veremos una escena al mejor estilo Il Sorpasso (1962), Favio lo pasea a Clauss, quien así se hace llamar. Descubriremos que Clauss será testigo de una dinámica familiar donde dos mellizos brutales, feroces y poco humanos al decir de Papá Noel -Favio y Favio- quedan bajo la mirada una madre como toda madre -aunque incisiva y cruel- que quiere más a un hijo que el otro. La mirada de Clauss es dulce, piadosa, cuidadosa y ayudará a reconstruir esta dinámica familiar resquebrajada casi como un milagro navideño, pero en invierno.

En otra estación del año o acaso otro momento del sueño de alguien, vemos a "Minguito" (Juan Carlos Altavista) hostigar a uno de sus compañeros de trabajo de la fábrica, sólo porque tiene la impunidad de tener un tío gerente. El veneno parece ser lo único que a este joven podría frenarle el sufrimiento de tener que convivir con compañeros tan hostiles. Llega Clauss porque la empresa piensa que contratar a un jubilado es la mejor opción. Allí, marcará las posiciones éticas debidas, no sin antes hacer algunas jugarretas e instaurar momentos de humor que se aprecian enormemente a pesar de que la película tiene ya más de 60 años en su haber.

En las escaleras del cielo, un pequeño ángel sabiondo aguarda a papá noel para su nueva aventura. Se llama a sí mismo un atorrante fino. "Los niños sabemos todo, lo que pasa es que no tenemos palabras para decirlo". Se deberá poner en la piel de un doctor, un doctor en leyes. La confusión se hará carne de este nuevo fragmento. Una disputa matrimonial sobre el deseo de adoptar y el deseo de no querer hacerlo pone a Papá Noel en el medio, entre el enojo y la angustia. Será luego un bartender, testimoniando una discusión matrimonial de una bella Olga Zubarry que sospecha que su marido 5 años menor casó con ella por dinero. Chistes mediante, se deja entrever un enojo sustancial por parte de esta mujer. Un espía, un confidente, un testigo, sea lo que sea Clauss estará ahí para apaciguar y contener a otros.

Se guarda, para lo último, un fragmento mucho más cruento, donde parece que ni todos los milagros pueden cambiar el rumbo. La crueldad humana se hace presente, la crueldad humana y planificada por el Estado, en una época de extrema censura para relatar ciertas cosas en la ficción. Fábricas quemadas, intervenidas, trabajadores fusilados, un presente desolador. La mirada de Claus es aquí lejana y desesperanzadora. Allí donde papá noel debe velar por las ilusiones de todos los niños, mantener el milagro adulto resuena doblemente.
En términos generales, la Todo el año es navidad de 1960 una película muy argentina, muy actual. Un Papá Noel bien mundano, con ocurrencias exquisitas. Los chistes son sutiles pero presentes. De salto en salto, este Clauss va haciendo milagros por todos lados, incluso cuando descree de sus habilidades bondadosas y le pregunta a Dios por qué lo ha enviado en esa misión. En una iglesia abarrotada de gente veremos a todos los personajes de cada uno de los segmentos, a los dos Favios, a su madre nerviosa, a la pareja de edades diferentes, a la madre con hijos adoptivos, al trabajador acosado, etc. Todos ellos reunidos en comunidad al sonido de las campanas de la iglesia.


Ahora bien, algunos años más tarde, 58 para ser precisos, otro director de cine estrena un largometraje también titulado Todo el año es navidad (2018) el cual puede verse por la plataforma de Cine.AR. Se trata de Néstor Frenkel, un maravilloso documentalista de quien ya hemos mencionado algunas cosas por aquí. En este caso, este largometraje es un documental que registra las andanzas de aquellos hombres que se ponen en la piel de Papá Noel y que, durante el mes de diciembre, le alegran la vida a todos los niños del país. A la manera inversa de la película de Viñoly Barreto donde un Santa Claus se disfraza para hacer de hombre corriente, estos hombres corrientes se transforman en un ser mágico durante algunas semanas, encarnando el poder de los milagros que iluminan los rostros de las infancias, sosteniendo la magia y otros mundos posibles, más tiernos, más solidarios.

Casi como una operación lógica, veremos a estos hombres disfrazarse para montar mundos ficcionales necesarios e incluso ansiados tanto por niños como por adultos. Con disfraces pesados y abrigados, albergan la contradicción de pegarse las barbas largas en los calores que siempre aguardan en diciembre. Algunos de ellos afortunados, ya visten sus canas y se han dejado crecer tanto la cabellera como el vello del rostro, indicando algo natural de su disfraz. Con un rojo que captaría la atención de cualquier toro, se trata de la mirada de los más pequeños que se dirige a ellos y corren deseantes de confesar sus más ansiados sueños infantiles. Un trabajo no apto para cualquiera, un trabajo que implica encarnar los deseos más profundos que resisten cualquier tradición y paso del tiempo, un deseo que, a pensar de los diciembres álgidos que históricamente nuestro país ha vivido, se mantiene estoico.

Frenkel, como sabemos, es un realizador que realiza un cine particular: más bien orientado a las pequeñas historias, decide apuntar su cámara a esos detalles nimios pero llenos de brillo que podemos encontrar en la vida cotidiana. En ese sentido, Frenkel relata que la idea para realizar el documental fue también algo fortuito; le llegó un mail de casualidad y por error, ya que iba destinado a otra persona. Se trataba de alguien que estaba postulándose para el trabajo de ser Papá Noel, con una convicción ciega. A partir de allí lo que vemos en pantalla son segmentos donde la cámara sigue y espía a doce hombres que escuchan los pedidos de los niños y prometen aquello que desean. Preguntan si se han portado bien durante el año, mientras ellos, el resto de los días, le han dedicado su cuerpo, su escucha y horas a otros quehaceres. La lista es variada, desde plomeros hasta alfareros, pasando por militantes políticos y maestros del jiu-jitsu. A fin de cuentas, estos son detalles que al director no se le escapan para mostrar lo amplio del universo de quienes deciden, a fin de año, encarnar un papel totalmente distinto, jugar a ser otros, jugar con los niños, ser pequeños por unos días ellos también. De eso se trata, de sostener y jugar con las ilusiones para -al menos por unas semanas- soñar con otra realidad posible.
Si tienen la oportunidad, durante este mes se encuentra proyectándose en distintas salas y centros culturales del país, sólo hay que estar atentos al milagro de navidad.




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