“Entrenamos jóvenes para prenderle fuego a la gente, ¡pero sus Comandantes no les permitirán escribir ”joder" en sus aviones porque es obsceno!"
- Coronel Kurtz, Apocalypse Now

Durante horas se puede hablar del cine bélico, particularmente el estadounidense, que rara vez ha dado preferencia a evidenciar sus terribles consecuencias por sobre la preocupante estética que irresponsablemente promete atractiva. El propio Maestro Francis Ford Coppola dijo en alguna ocasión “es imposible hacer una película anti-guerra, porque inevitablemente termina mostrándola como algo emocionante y tiende a, incluso inconscientemente, glorificarla”.
Sin duda algo sabía el Director, siendo modesto, desde 1979 respecto al tema, atreviéndose a hacer lo más cercano que Estados Unidos ha estado de una película anti-bélica: Apocalypse Now. Como trivia, cabe mencionar que, tras unas películas realizadas a finales de los 60's con relativo éxito y alto valor artístico, Coppola dirigió 4 películas en la década de los 1970's: dos de ellas fueron El Padrino y El Padrino, Parte II; y las otras dos fueron ganadoras de la Palma de Oro del Festival de Cannes - La Conversación y Apocalypse Now.
Es vasto lo que se sabe, para el menester de este texto, alrededor de esta última, cuyo rodaje fue históricamente complicado y arriesgado, por decir lo menos, y controversial teniendo en cuenta que en su año de realización, 1979, Estados Unidos aún tenía una muy fresca marca dejada por la Guerra de Vietnam, y en la cual su participación, antes, durante y después de la cinta, ha sido duramente criticada.
Por esa crítica precisamente pareciera casi irónico que el antagonista de la película, cuya existencia radica en que debe ser asesinado por el protagonista, a quien le dicen que “se ha vuelto loco y se ha refugiado en las profundidades de la jungla”. El objetivo, el Coronel Walter Kurtz, en todo caso, es el único soldado estadounidense vivo que queda en Vietnam y que ha visto tal cantidad de horrores sin aún haber sido desensibilizado.
La Trama
Resumida lo más posible, en tanto el corte más extenso de la película llega a las 3 horas y media, presenta al Capitán Willard, interpretado por Martin Sheen, a quien acude el Ejército de los Estados Unidos para encomendarle una nueva misión: encontrar y matar al Coronel Kurtz, un soldado de gran envergadura y trayectoria envidiable y ejemplar, que hace tiempo ha sido detectado por sus compatriotas apenas por grabaciones de voz que, en sus narraciones de sueños y vivencias violentas, hace creer que se ha vuelto loco y que es un riesgo que deben eliminar a toda costa. Así, Willard recorre los escenarios más drásticos y crueles de Vietnam, igual que los intentos patrióticos por justificarla y hacerla menos horripilante; y el camino de dolor que han dejado detrás de ellos.

Al encontrar, después del extenso y agónico periplo, al Coronel Kurtz, Willard es visto en una situación de absoluta incertidumbre: ha sido atrapado por su objetivo y dejado solo. Es entonces que tiene el encuentro y recibe la iluminación dolorosa del hombre que fue ordenado asesinar.
Kurtz
Solo una persona que haya presenciado los repudiables crímenes de la guerra tan directamente como el personaje interpretado por el magistral Marlon Brando podía narrarlo y, mucho peor, comprenderlo con todo lo que ello implica. Presentado con un aura enigmática, misteriosa y que lo vuelve digno de ser temido, el Coronel Kurtz hace tiempo que ha perdido la noción de la vida, de la decencia, y sus perspectivas sobre la moral y la maldad no volverán a ser como antes de la guerra. Ha sido deshumanizado, y lo que lo vuelve una amenaza en términos de ideas, es que, dentro de todo, tiene la lucidez suficiente para darse cuenta de ello. Le dice palabras desgarradoramente reveladoras sobre la guerra al estupefacto Capitán Willard:
“He visto horrores. Horrores que tú has visto. No tienes derecho a llamarme ”asesino". Tienes el derecho de matarme; pero no tienes el derecho de juzgarme. Es imposible que las palabras describan lo que necesitan aquellos que no saben lo que el horror significa. El Horror. El Horror tiene una cara y uno debe hacerse amigo de él. El Horror y el Terror Moral son tus amigos. Si no lo son, entonces son enemigos, y hay que temerles. Son verdaderos enemigos"…
Palabras impresionantes y espeluznantes, que responden al presagio del Capitán Willard al inicio del film:

“Yo quería una misión. Y por mis pecados, me dieron una.”
Francis Ford Coppola, uno de los grandes maestros contemporáneos estadounidenses presentó en 1979 una película que es y simboliza el pensamiento más crudo y, desafortunadamente, realista del Coronel Kurtz, alguien que es todo menos humano, tras haber vivido y sido parte de el horror. Y con mucho dolor, permanece siendo un hecho que hay más de un ser humano en la tierra que ha visto y pasado por ese horror, que no para.
Al presentarla en el Festival de Cannes, Coppola dijo: “mi film no es una película. Mi film no es sobre Vietnam. Es Vietnam. Es como realmente fue: una locura. Y la manera en que la hicimos fue muy similar a cómo los estadounidenses estuvimos en Vietnam; estábamos en la jungla, habían demasiados de nosotros, teníamos acceso a demasiado dinero, demasiado equipo y poco a poco nos volvimos locos.”




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