Maudie, dirigida por Aisling Walsh, es una de esas películas que te abrazan lentamente y, sin darte cuenta, te arrastran a un mar de sentimientos. Basada en la vida real de Maud Lewis, una pintora folk canadiense que, a pesar de sus graves limitaciones físicas, encontró la manera de llenar su vida —y las vidas de quienes la rodeaban— de color y belleza, Maudie es una obra que celebra la lucha por el arte y la dignidad personal.
Desde el primer momento, la película se siente íntima, como una ventana a un rincón pequeño y modesto de Nueva Escocia, Canadá, donde todo parece moverse lentamente, pero cada paso está cargado de significado. Lo que más me impactó es cómo la vida de Maud, que fácilmente podría haber sido opacada por el sufrimiento, se eleva a través de su resiliencia. Sus cuadros llenos de flores, pájaros y colores vivos, mientras ella se enfrenta a un mundo que la subestima, es un recordatorio de la belleza que puede surgir en medio de las dificultades más severas.

Maudie a través de Sally Hawkins
Sally Hawkins está maravillosa en su papel de Maud Lewis. Hawkins puede transmitir muchas emociones con pocas palabras. Desde sus primeras escenas, vemos cómo se transforma en Maud, una mujer que sufre de artritis severa, lo que le dificulta moverse, pero no le impide crear arte. La forma en que Hawkins representa el dolor físico de Maud es devastadoramente auténtica, pero lo que realmente me conmovió fue su capacidad para mostrar la fortaleza interior de su personaje.
En muchos momentos, bastaba con un simple gesto o una mirada para que Hawkins transmitiera todo lo que Maud estaba sintiendo. Su fragilidad física es evidente, pero también lo es su capacidad para encontrar alegría en las pequeñas cosas: el canto de un pájaro, el cambio de estación o el simple acto de pintar en la ventana de su pequeña casa. Hawkins logra que Maud sea un personaje con el que empatizamos y también alguien a quien admiramos profundamente. Verla sonreír, a pesar del dolor constante, es profundamente inspirador.

Maud Lewis; nos recuerda el valor de la humildad, la perseverancia y la capacidad de ver belleza en lo simple. Hawkins nos regala una actuación tan genuina, que te resulta imposible no sentir el triunfo de Maud como propio.
En la película hubo un momento muy emotivo, que me llevó a las lágrimas, pero no voy a spoilear, con lo cual les dejo a ustedes el descubrirlo ...
Por otro lado, Ethan Hawke aporta una interpretación sólida como Everett Lewis, el rudo pescador que se convierte en el esposo de Maud. Everett es un hombre frío, casi indiferente, que solo busca una sirvienta para que haga las tareas domésticas de su pequeña casa. Pero, a medida que la relación entre ambos avanza, podemos ver cómo su tosquedad se suaviza, revelando una vulnerabilidad escondida detrás de su fachada dura.

Everett y Maud son una pareja peculiar. Él es brusco, casi sin tacto, mientras que ella es paciente, tranquila y siempre sonriente. Sin embargo, es en esta dinámica donde reside gran parte de la magia de la película. La evolución de su relación no es un cuento de hadas, pero está llena de momentos de verdadera humanidad. Hay una escena en particular que me conmovió: cuando Everett, a pesar de no comprender del todo la pasión de Maud por la pintura, decide apoyarla. Con este gesto sencillo pero lleno de amor nos muestra la transformación del personaje de Hawke y la profundidad de su conexión con Maud. La química entre Hawkins y Hawke es palpable, y juntos logran construir una historia de amor que, aunque imperfecta, es realmente conmovedora.
La dirección y la fotografía
La dirección de la irlandesa Aisling Walsh es uno de los elementos más destacados de Maudie. Walsh nos introduce en un mundo que, aunque pequeño y limitado en cuanto a escenarios, se siente inmensamente rico en emociones. El ritmo pausado de la película refleja perfectamente la vida rural de Nueva Escocia, donde el tiempo parece detenerse. La cámara con frecuencia se enfoca en los detalles: las manos de Maud pintando con dificultad, los paisajes que inspiran su obra, o los gestos casi imperceptibles de sus personajes. Estos momentos capturan la esencia de la película: la belleza en lo cotidiano, la grandeza en lo pequeño.

La fotografía es simplemente espectacular. Guy Godfree, el director de fotografía usa los paisajes canadienses para crear un contraste visual entre la dureza del entorno y la calidez del arte de Maud. Los exteriores, con sus cielos grises y paisajes áridos, nos recuerdan la dureza de la vida de Maud y Everett. En la diminuta casa vemos el corazón de la película: las paredes cubiertas de color, los pájaros pintados en las paredes, las flores pintadas en las ventanas y las pequeñas obras de arte que Maud crea con sus manos deformadas por la artritis reumatoide. La película hace un excelente uso de la luz y el color para transmitir el mundo interior de Maud, lleno de alegría, a pesar de todos sus problemas.

El arte nos enseña
Lo que más me resonó de Maudie es la forma en que la película celebra el poder del arte. A través de la vida de Maud, vemos cómo el arte puede ser una forma de sanación, de expresión y, en última instancia, de supervivencia. Maud no pintaba para ganar fama o reconocimiento; lo hacía porque era la única manera de expresar todo lo que llevaba dentro. Su arte es sencillo, pero está lleno de vida y color, un reflejo directo de su espíritu inquebrantable.
Este es uno de los puntos que más conectó conmigo a nivel emocional. A menudo, en medio de las dificultades, buscamos algo que nos ayude a sobrellevar la carga, y para Maud, esa salvación fue su pintura. Ver cómo, a pesar de su enfermedad y de las limitaciones que le imponía su entorno, Maud encontró una manera de llenar su mundo de color, es algo que me conmovió profundamente. Y esto nos dice que arte no tiene que ser grandioso o complejo para ser significativo; basta con que refleje nuestra verdad.

Ver el mundo con otros ojos
Maudie me dejó en claro que: a pesar de las circunstancias más duras, siempre hay espacio para la belleza y la alegría. Maud podría haber sido una mujer amargada por su enfermedad, pero eligió ver el mundo con ojos llenos de esperanza. Con lo cual nos lleva a rever la importancia de encontrar lo positivo incluso en los momentos más oscuros. Su historia es un testimonio de que, sin importar cuán limitados estemos por las circunstancias de la vida, siempre podemos elegir cómo respondemos a ellas.
Maudie es más que una película biográfica; es un recordatorio de la resiliencia del espíritu humano. Sally Hawkins y Ethan Hawke nos regalan actuaciones maravillosas, pero es la historia de Maud la que nos deja sin aliento. Es una película que, para mí, tocó una fibra muy personal, recordándome que, en la vida, el arte y la belleza pueden ser nuestra salvación en los momentos más difíciles.
Si aún no viste Maudie, te invito a que lo hagas, actualmente la podés encontrar en Netflix.



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