Obras maestras hay muchas, pero no creo que haya tantas que al mismo tiempo fueron debuts cinematográficos. Algunos realizadores pasan por bastantes pruebas y errores (aun siendo grandes películas) para llegar a consumar su talento, pero pocos son los que de entrada logran una primera obra perfecta. Aquella que reúne todos sus atributos que se verán a lo largo de su carrera, como una carta de presentación, y que a la vez pueda estar despojada de cualquier tipo de influencia. Una película que pueda verse y decirse “aquí hay un artista”, sin descubrir guiños o estilos de obras anteriores. En esta edición de “Grandes inicios”, precisamente, analizaremos un gran inicio.
Eraserhead (David Lynch, 1977)
En ese entonces, Lynch no era el reconocido y respetado autor que es hoy. Apenas había realizado un puñado de cortometrajes experimentales. Que lo primero que se vea de en tu ópera primera sea este crédito es toda una declaración de principios. Ni siquiera una productora. Nada. Es el nombre del artista y lo que presentará. Lo que viene a continuación, está bajo su responsabilidad.
El sonido en el cine de Lynch es importantísimo. Aquí comenzamos a escuchar un ruido blanco. Como ambiental, sin poder discernir a qué pertenece. Y enseguida…
Este encuadre indescifrable. El título, un rostro acostado en lateral y un planeta. Pareciera que estamos en el espacio, pero esa persona flotando allí no tiene sentido. ¿Pero y si lo tiene?
La persona parece estar flotando, va y viene, superponiendo su cabeza con el planeta suspendido en el espacio. Aquí comienza a nacer un sentido. Al menos, el que me a mí me gusta darle. La película se titula “Cabeza Borradora”. Esa cabeza está fundiéndose con ese astro espacial. Podemos suponer entonces que ese planeta podría ser el interior de esa cabeza. Algo que además nos dice mucho del personaje. Aislado, flotando en un vacío, a la deriva.
Enfoquémonos unos segundos en ese rostro. La expresión. Refuerza la idea de ese estado de alienación, de tristeza, de incertidumbre interna y la nuestra, por supuesto.
Finalmente nos quedamos solos con el planeta. Comenzamos a acercanos. El sonido ahora representa el silencio del espacio, pero como no existe nada que pueda escucharse allí, podemos entender que este “espacio” es el interior de la mente de nuestro protagonista. Por eso lo que escuchamos es ese sonido de ambiente tan especial.
Esto dura varios segundos, hasta ver ese astro agrietado, desierto y vacío. 

Corte y viajamos muy cerca de la superficie. Podemos ver más grietas, pero especialmente montañas y acantilados. Parecería ser un planeta en el que no existe ningún tipo de vida, animal o vegetal. El sonido comienza a saturarse.
De pronto, nos adentramos a la oscuridad y por corte, vemos esta especie de casita con techo de chapa, con un agujero. Nos acercamos a ese agujero. Nuevamente hacia a la oscuridad.
Y de pronto, esta imagen. Este ser. ¿Quién es? Imposible entender algo lógico con la sucesión de planos hasta ahora. Pero podemos percibirlo. Una cabeza. Una mente. Una emoción. En el interior de nuestro protagonista hay algo, o alguien. Obviamente, todo esto lo analizamos desde el surrealismo y lo expresionista. 
Otra vez vemos a quien ya reconocemos. Su expresión preocupada persiste. Abre la boca. ¿Quiere decirnos algo?
Este hombre misterioso comienza a tener unos mínimos espamos en sus manos, como reaccionando a lo que nuestro protagonista hace. Nótense las palancas o manivelas frente a él. 
Abre su boca y sale flotando “eso”. No podemos decir con exactitud qué es. Parece un embrión o algo así. 
El hombre misterioso agarra una de las palancas y la tira con fuerza. Oímos un sórdido ruido metálico, como de una máquina accionándose.
El embrión o lo que sea eso, sale despedido fuera de cuadro.
El hombre acciona otra palanca.
Vemos este cráter con un líquido dentro. Cada vez son más las imágenes extrañas que parecen no tener relación una con la otra, pero es posible esbozar un sentido.
El hombre finalmente acciona una última palanca. Los ruidos metálicos, corroidos, son específicos. Es toda una sensación como si fuera una maquinaria vieja ahí dentro.
El embrión cae al líquido.
Salpiqueteo, burbujas, luego mezclándose con imágenes difíciles de discernir. Un polvillo parece ser lo último que se ve.
De la oscuridad, finalmente, este agujero con una luz blanca que encandila. Es similar al agujero en el techo donde estaba el hombre misterioso. O tal vez de la oscuridad de la mente del protagonista, finalmente salimos al exterior.



Nos reencontramos con él. Ahora pareciera que estamos en un lugar más cercano a la realidad. Nuestro protagonista mira asustado fuera de campo. ¿Algo lo asusta? ¿O es que siempre se lo ve así? Quizás hemos echado un vistazo a su interior. Se aleja caminando hacia ese rincón. Ingresa. Parece que se adentra a otro lugar reclusivo incluso cuando intuimos que estamos en el interior de su mente. Ese encuadre. Es perfecto. El ojo de Lynch para crear imágenes bellísimas en lo abstrato.
Camina por senderos extraños. Una zona que parece ser el exterior de una fábrica. Todo abandonado. Sucio. El ruido de fondo parece ser de un territorio lleno de fábricas añejas, gastadas, donde se funden y se crean cosas.
Pisa un charco y continúa.
Atraviesa este edicio. Lynch juega con los espacios, las formas. 
¿Hacia dónde se dirige? Parece ser todo un trayecto normal para él, pero no se entiende cómo alguien eligiría transitar tranquilamente por esos lugares. Nuevamente, tomemos todo con pinzas. No es un narrativa tradicional, es la transmisión de un mensaje.
En encuadre en movimiento del piso lleno de químicos.

Continúa caminando. Escucha martillazos a lo lejos. Se da vuelta. Parece nervioso. La noción de la fábrica como algo que acecha al protagonista. ¿El trabajo? ¿Pertenecer a una cadena industrial?

Otro encuadre hermoso. Las líneas, las texturas, las sombras. Nuestro protagonista se dirige a una entrada. Ingresa por la oscuridad. 
Finalmente, algo familiar. Parece un lobby de un edificio. Por más extraño que parezca todo, sentimos reconocer un espacio cercano a la realidad. Nuestro protagonista llegó a casa.
Y comienza a tener acciones cotidianas, como buscar si algún mensaje para él. Obviamente, no lo hay.
Sube al ascensor. Toca el botón. Unos segundos de espera. Ruidos extraños. Y la puerta finalmente se cierra.
Subimos con él. Siempre con ese rostro entre miedo y preocupación. Acá hay una clara dirección hacia el actor. Las luces se apagan, vuelven a encenderse. Todo parece funcionar mal en este edificio.
Sale del ascensor y camina por el pasillo.
Este pasillo tan David Lynch. ¡Miren ese teléfono!
Cuando llega a su puerta y comienza a abrir la puerta, escucha “¿Eres Henry?”.
Paneo rápido a esta mujer, su vecina. “Sí”, contesta él.
Nuestro protagonista se llama Henry (Jack Nance). Recién lo conocemos por su nombre, pero ya sabemos mucho sobre él. La vecina le dice que una chica llamada Mary telefoneó y que le avisa que está en casa de sus padres. Esto inquieta a Henry, le preocupa más de lo normal (¡y siempre tiene esa cara!). Agradece el mensaje.
Se da media vuelta e ingresa a su departamento. No sin antes mirar con cierta inquietud a su vecina. 
El departamento de Henry. El sonido cambia. Más apagado. Otro ambiente, otro universo sonoro. Y aquí concluye nuestro análisis.
¿Qué podemos deducir con esta bizarra introducción? Es probable que las escenas posteriores lleguemos a atar más cabos o simplemente sigamos en una espiral descendiente a lo incierto. Pero déjenme darles mi punto de vista.
Si bien Lynch siempre dijo que cualquier explicación que se topó sobre su ópera prima es incorrecta, no está prohibido dar la mía. Después de todo, las películas son de cada espectador, no solamente de su director. No me interesa si mi interpretación es la misma que la de Lynch, porque es lo que yo conecto con la película lo que me importa. Lo que me produce. Las sensaciones que nacen al verla.
Estamos en la mente de Henry, sí, pero no significa que todo lo que vemos se lo está imaginando. Es un estado de ánimo, una personalidad. Es una metáfora de lo que siente Henry. Este punto de su vida. Al ser una debut cinematográfico, no está de más pensar que también es un reflejo del propio Lynch en esa misma etapa. Henry está encerrado en sí mismo. Henry tiene algo en su interior que sale por su boca. Es la voz de Henry, pero esa voz de su identidad. Una vocación. Algo que lo hace Henry. Así como “Eraserhead” es Lynch.

Yo siento que Lynch está expresando que todo esto es la identidad artística de Henry, o bien la vocación del propio Lynch. "Eso" especial que nos hace únicos. Es la obra. Es el deseo de crear. Muchos artistas lo esconden, temen sacarlo, mostrarlo. Pero deben defenderlo. Y Henry lo ha sacado la luz. Por eso siempre está en estado de alerta, porque ha sido expuesto. De la oscuridad hacia la luz.
Recuerden la zona donde vive, los sonidos a lo lejos. La industria. El trabajo. Lo que lo convierte en un ciudadano común. Lynch es un artista, no puede pertenecer a un mundo atado a rutinas, sino liberarse ante la imprevisibilidad.

Esa vocación es “Eraserhead”, porque es la obra que estamos viendo. Es Lynch haciendo escuchar su voz, mostrándonos las imágenes que hay dentro de su mente. La película es “eso” que Henry saca por su boca y el hombre misterioso arroja a ese cráter. La película transmite con su lenguaje lo que el mismo Lynch está haciendo al mostrarla.
Es una bellísima introducción a un artista como ningún otro. Es su manera de mostrarnos su interior. Es la obra que ahora cada uno de nosotros le da sentido.
Un significado que es único, exactamente igual al de los demás.




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