"En el espacio,
nadie puede oír tus gritos."
Intentaré no abrirme hacia detalles sobre los que ya escribí en otra nota (les dejó en la palabra “nota” el link hacia la misma por si les interesara). Repetiré sí mi mención a que cuando pienso en esa saga, incluso contemplando sus traspieses, estamos frente a un acto de genialidad. Una genialidad agarra determinado momento de la historia, y lo sella para siempre. Deja su marca imborrable, aún trascendiendo las épocas y participando para siempre de la memoria colectiva.
Hace un mes, en vísperas del enorme estreno, volví a ver las tres primeras películas de la longeva saga y sobre ellas fue que nació mi deseo de escribir en su momento. Mi enamoramiento por la enorme historia y por la profunda vivencia que significa como espectador tenso y activo, se ha rejuvenecido. Ya había hecho su trabajo hará tres años el juego de Playstation 4 (que recomiendo con toda la fuerza de mi corazón infantil “Alien: Isolation”, el qué al igual que las películas, se ocupa constantemente de trascender la acción de relatar para convertirse en una concreta terrible y apasionante experiencia .
Hace no recuerdo cuánto, vi el trailer por primera vez y me aferré a la expectativa con ganas. Esperé los días de la misma manera que espero eventos que sí suceden en mi propia realidad y sí tienen como protagonista mi cuerpo. Es decir, dicha avidez por algunos contenidos de ficción, es pocas veces comparable con algo que uno ansía vivir en vida con sus propias manos. Pero así me supe sentir esperando el estreno de Alien: Romulus, y así me sentí ayer cuándo con amigos la fuimos a ver al cine.

El argumento
Año 2142. La gran compañía Weyland-Yutani son los dueños de todo. En los años en los que Ripley descansa en el hipersueño la terrible desventura sufrida al descubrir el primer planeta y los primeros especímenes de los aliens, un grupo de jóvenes viaja ilegalmente al espacio exterior en búsqueda de cámaras de criostasis, con el objetivo de poder acceder al hipersueño y escapar a un planeta muy pero muy lejano. Saben que en una nave que flota a la deriva, está el equipamiento necesario. Lo que no saben es que en la nave se encontrarán con algo más.

La experiencia
Que valor tiene acercarnos como espectadores lo más posible a la experiencia original. Es decir, arrimarse al propósito original que pudo haber controlado su autor dentro de lo incontrolable que tiene el acto de comunicación en general y la obra de arte. A favor de lo que siempre ha cuidado la saga, está preparada para que verla sea muy tensionante. Uno de los personajes le explica a los demás que los Aliens detectan la temperatura del cuerpo, y que si existe algo que sin dudas alterará esa temperatura, es el miedo. Como espectadores no sabremos seguros desde las butacas o desde el sillón de nuestras casas, no confundiremos (creo) ningún sonido del balcón o de la calle como ninguna invasión extraterrestre, pero toda la película está hecha para envolvernos. Para como los terribles bichos de la película, crecer a costas nuestro.
La experiencia nos demanda atender la calidad del sonido con el que la veamos para forzarnos a abrocharnos los cinturones y no movernos de la tormenta hasta el final. El diseño sonoro de la saga (independientemente de los distintos directores que se han encargado de sus episodios), está pensado para que sintamos al silencio como algo terrible, como una antesala a la fatalidad. Para que en ese silencio todo sonido se confunda con la amenaza, y para que los sonidos del latido del corazón o de los detectores de movimiento que los propios personajes usan, marcan el ritmo de las escenas. En Alien: Romulus, más de una escena de acción está musicalizada de una manera más moderna, con una música que está dispuesta para empujar aún más hacia lo insufrible la adrenalina propia de lo que sucede. El efecto, funciona. Sin embargo, ¿era necesario? Y esta pregunta no es con intenciones de ser retórica, ni de desmenuzar una decisión de realización, si no que efectivamente es una pregunta que me hago. El ritmo de esa musicalización implica incluso entonces otro ritmo de escenas de ataque y peligro, con inclusive otro ritmo de secuencia de persecución. Cuidando como siempre deslizar spoilers, hay una presentación novedosa del antagonista de la película, y ello me ha dejado más preguntas que certezas.

La adrenalina se siente desde el guion, desde su ejecución, e incluso desde la readaptación del estilo original de la saga. Fede Alvarez, realizador uruguayo de esta nueva entrega, coautor junto a Rodo Sayagues, con quién ya han hecho la angustiante No respires, han estado en el proyecto desde su gestación. Quiero decir que se siente desde el guion porque existe una intención clara desde el desarrollo de las escenas, hasta la progresión de las mismas. La estructura del relato es similar a las primeras películas en casi todos sus puntos clásicos. En los puntos de giro esperables e inesperados, en los tiempos del relato, en el trabajo sobre ciertos estereotipos de personajes rápidamente identificables para estar al servicio de la acción y su verosímil. El tiempo de ingreso a la más concreta amenaza, respetando todos los tiempos evolutivos que tiene el monstruo, está quizás al borde de lo aletargado. Más fiel a la primer entrega (Alien: El octavo pasajero), se toma su tiempo para presentar los personajes, el universo, ciertas lógicas, y al antagonista. La diferencia entre ambos procedimientos, quizás está en que a su vez hasta el mayor punto de no retorno de los diferentes giros que va teniendo el relato, las escenas sí son más bien ágiles. Es decir, la presentación de la situación inicial previo a la clara confrontación con los aliens, es larga pero está compuesta de escenas llevadas a cabo por personajes más jóvenes y acelerados. El excelente riesgo de usar por primera vez en la saga como grupo protagónico a varios jóvenes, genera que lo que sucede sea resultado de la precocidad adolescente. Si uno como espectador tiende o no a tener más afinidad con los jóvenes, será sumamente subjetivo. Pero sí es verdad y creo que está más cerca de lo inobjetable, que los jóvenes avanzan con mayor inconsciencia, y ello tendrá sus aciertos y sus desaciertos. Para la propia ficción, y para su conexión con el espectador promedio. En la ficción, el género del terror ha comprobado una y mil veces que la juventud es un momento de la vida ideal para enfrentar al mal. Tienen más energía, son más impredecibles, cometen muchos errores por ignorancia, alcanzan aciertos espléndidos por ignorancia, algunos son más temerosos, y otros se vuelven imbatibles porque tienen mucho por vivir. En la realidad y para la saga, siento dudas del efecto que generan los protagonistas jóvenes en la saga de Alien.

Otra vez deseo aclarar que esas dudas no son retóricas: son efectivamente dudas. Al traer a este grupo de personajes centrales, el relato también se tiñe dentro del género de terror al que la saga nos tenía acostumbrado. Al comenzar la catástrofe como consecuencia de una “travesura” adolescente, podríamos sentirnos dentro de tantísimos relatos de terror pero no sé si necesariamente dentro de lo que acostumbramos de la saga. De alguna manera, se siente que una muy bien ejecutada película en todos los cinematográficos posibles responde al subgénero de terror al que pertenece, pero quizás podría tener otro monstruo antagonista y ser igual de válida. El Alien que conocemos más allá de sus formas, y aún habiendo sido homenajeado en la estructura del relato que lo contiene, se siente distinto. Las escenas climáticas tienen otro ritmo, y la evolución de la tecnología y los efectos también parecieran generar ciertas rispideces con los logros de las películas originales. Y como antes decía, ¿es ésto un problema? ¿O es una revolución necesaria para acercar una de las mejores sagas de la historia al espectador moderno? Algo en mí me indica que seguramente yo este equivocado y simplemente padezco las dudas que generan los grandes cambios.
Pese a mi incertidumbre, si hay algo que merece esta película y en especial su realizador y su equipo, es un largo aplauso de pie al coraje. Han entrado desde Latinoamérica a una industria que lleva encima un histórico muro que de a poco pareciera desmembrarse, y son ahora parte de una de las sagas cinematográficas más populares y prestigiosas de la historia, haciendo una película con mucho riesgo, que readapta el fenómeno a un nuevo mercado y a los propios gustos de sus creadores. La honestidad de la película está sostenida por la alta calidad de su ejecución, y regala en su tercer acto un gesto de valentía incomparable que no puedo mencionar, pero garantizo que dejará (espero) el certero comienzo de una nueva etapa. En el pasado (en una de sus películas que no mencionaré para mantener vivo el suspenso) han intentado lo mismo estrellando metafórica y literalmente la nave llevando el relato hacia su más triste crepúsculo. Esta vez han hecho algo para la historia, aún pudiendo sentirse como un error a los ojos de algunos. Quizás peque de exagerado, pero ese solo gesto que mantendré en secreto, basta a mi gusto para el más sincero de los reconocimientos. Sagas como ésta no tienen que morir. Larga vida a la más mortífera de las especies. Larga vida a Alien. Bienvenidos a su nueva etapa.
Chesi




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