El rape and revenge hecho por mujeres y su mirada alternativa al subgénero

Si hay un corpus de películas de fácil comprensión a simple vista es el de Violación y Venganza, teniendo en cuenta que su denominación es la base argumental de los films que lo componen. Mayoritariamente asociado al cine de terror, el término refiere a aquellas películas que incluyen una violación y la posterior venganza por parte de la víctima. Estos elementos deben estar presentes y ser centrales dentro de la trama, aunque en algunos casos pueden presentarse modificaciones, muchas veces no son las mujeres por sí mismas quiénes se vengan sino padres, novios o agentes de la ley que aparecen para dar justicia por mano propia. Lo que es ineludible es la violencia ejercida sobre el cuerpo femenino ya que moviliza el despliegue de violencia posterior.
Si bien su nacimiento suele situarse en el estreno de I spit on your grave (1978) de Meir Zarchi, pueden encontrarse ejemplos anteriores que elaboran el tema de la violación. Cine, brutalidad sexual y corporalidad femenina han estado unidos desde los comienzos del cinematógrafo. El uso de la violación, y de su posterior venganza, se hizo presente en películas como Rashomon de Akira Kurosawa (1950) o El manantial de la doncella de Bergman (1960). También son mencionadas Johnny Belinda de Jean Negulesco (1948), Safe in Hell de Wellman (1931), Kuroneko (1968) de Kaneto Shindō, Revenge (1955) de Alfred Hitchcock o The Last House on the Left (1972) de Wes Craven.

En estos ejemplos tempranos, como en tantos otros, la violación no es invisibilizada sino que ocupa un lugar fundamental dentro de la narrativa de los films. Cada una de estas peliculas ponen en evidencia la complejidad y diversidad de tratamientos en relacion a la violación en el cine. En la mayor parte de los films, la victima femenina es atacada por uno o varios hombres a los que luego ella, o una figura masculina asociada a ella, atacará con el objetivo de vengarse por su violación. El mérito de I spit on your grave, que la ubica como referente ineludible de la temática, es que por primera vez será la mujer quién decida llevar adelante la venganza.
Desde un punto de vista ético y moral, estas películas nunca lograron pasar desapercibidas al momento de su estreno. Debates en torno a lo que el cine puede o no puede mostrar o incluso a su capacidad para legitimar y promover violencia en los espectadores se renuevan cada vez que un film aborda estas temáticas. Misoginia y espectacularización de la violencia suelen ser las críticas centrales al cine de violación y venganza.
En el libro Rape-Revenge Films: A Critical Study, Alexandra Heller-Nicholas propone un enfoque de estas películas considerando el canon que comparten, su presencia en diferentes géneros y países, y el tratamiento contemporáneo de sus formas. Uno de sus puntos más interesantes refiere a la problematización del cine de violación y venganza como subgénero. Recuperando las teorías de Jacinda Read, y en oposición a la definición de estos films como subgénero por parte de Carol Clover, menciona que es necesario considerar al corpus de películas que tratan la violación y la venganza como tema central, como exponentes ideológicos de un momento histórico determinado. La pregunta clave a la hora de analizar estas películas debería ser aquella que ponga el foco en el lugar de la mujer dentro de la sociedad, pero sobre todo la que analiza el modo en que cada cultura comprende a la violación. El esfuerzo por definirlo como un subgénero, con sus formas ordenadas y estructuradas, contribuye a la confusión. Para ella, si hay una falta de claridad general respecto a cómo enfocar los films de violación y venganza es porque las películas en sí mismas reflejan una confusión cultural respecto a la violación en general. Lejos de ser una problemática, el amplio y diverso corpus de películas que conforman el cine de violación y venganza permite a Heller-Nicholas explorar diferentes tipos de debates ideológicos relacionados al género (cinematográfico), al género (gender) y al contexto social y cultural. A pesar de estar directamente asociadas con el cine de terror norteamericano de los setenta, estas películas abarcan diferentes épocas y fronteras nacionales.
El cine de violación y venganza dirigido por hombres suele estar predominantemente estructurado en torno a un violador masculino, a veces un grupo, que no conoce a la protagonista y a una víctima femenina. Suele presentar escenas de violencia sexual especialmente gráficas y de larga duración. La extensión de la violación suele ser similar a la del episodio de la venganza. Este cambio está dado por una modificación del comportamiento de la protagonista femenina: de víctima pasiva a mujer independiente, segura de sí misma. Presenta una serie de tropos recurrentes que serán subvertidos en aquellos dirigidos por mujeres. En primer lugar, hay un interés por mostrar el rostro femenino sufriente. Los cuerpos femeninos son objeto de diferentes tipos de aberraciones en las que la penetración suele ser el broche final. Las mujeres gritan, sus cuerpos están sucios, sus ropas rotas, sus rostros desencajados. Los hombres se presentan como sexualmente repulsivos y desprovistos de todo tipo de empatía. Estas secuencias obligan al espectador a observar lo ocurrido desde diferentes ángulos, privilegiando no sólo la cara de dolor de la víctima sino los gestos de placer del violador. La cámara no se despega nunca de la protagonista, obligándolos a acompañarla en su proceso y en su dolor. En cuanto a la secuencia dedicada a la venganza suele presentar el mismo nivel de violencia que la de la violación aunque, esta vez, es la mujer quien se adjudica el ejercicio de la violencia. La brutalidad se incrementa incluyendo, en algunos casos, segmentos donde las protagonistas utilizan diferentes objetos para violar/vengar a sus abusadores. Ante esta situación es posible preguntarnos ¿Qué ocurre cuando el cine de violación y venganza es dirigido por mujeres?
En 2006, la cineasta y novelista Virgine Despentes, que incursionó en el cine de violación y venganza con su película Baise Moi (2000), publica el libro Teoría King Kong. En el capítulo Imposible violar a esta mujer llena de vicios, matiza el relato de una experiencia personal con el análisis de los 3 films centrales de la temática: I spit on your grave, last house on the left y Ms.45. Para Despentes, cuando los hombres ponen en escena personajes femeninos rara vez lo hacen con la intención de comprender sus vivencias sino más bien para poner en escena su propia sensibilidad de hombres en el cuerpo de una mujer. Esto debe ser entendido en relación al modo en que se producen las venganzas en estos films. Despentes percibe que al acto de la violación le sigue una búsqueda de justicia propia del universo masculino, haciendo uso de una brutalidad y de una crueldad aún mayor a la recibida. Su planteo sirve como puntapié inicial para el análisis de los films de violación y venganza dirigidos por mujeres y nos obliga a pensar en los modos en que las directoras deciden explorar el universo de la violación y las consecuencias que esta genera en las victimas.
La mirada femenina
En los últimos 10 años se estrenan una serie de films dirigidos por mujeres que engrosan el corpus de películas de violación y venganza. No es necesario un análisis en profundidad para descubrir que la presencia de mujeres en la instancia de producción se traslada del otro lado de la pantalla en formas alternativas de registro visual del abuso y en venganzas que están mediatizadas por las consecuencias del trauma.

Natalie Leite estrena en 2017 M.F.A. El film cuenta la historia de Noelle (Francesca Eastwood), una estudiante de arte que es violada por un compañero de la universidad. El enfrentamiento con su violador resulta con su muerte de manera accidental. Desde el trauma sufrido, Noelle acciona al descubrir que su historia no es única y que dentro del ámbito universitario la violación es moneda corriente. Así, comenzará a idear una venganza por todas aquellas que no pueden alzar la voz o que, si lo hicieron, no fueron escuchadas. La venganza, lejos de ser personal, se convierte en una cruzada colectiva que busca poner fin a un sistema que permite que las violaciones sigan existiendo sin ningún tipo de consecuencia.

Ese mismo año llega el film francés Revenge, la ópera prima de Coralie Fargeat. La película cuenta la historia de Jen (Matilda Lutz), una joven que acompaña a su novio millonario a una cacería que celebra anualmente junto con dos amigos. Rápidamente, el descanso y el bienestar del grupo se ve alterado cuando los hombres la agreden sexualmente y la dan por muerta, dejándola abandonada en el desierto. Sin que nadie lo sospeche, Jen sobrevive y decide emprender una venganza que acabe con la vida de sus violadores. Una de las marcas distintivas del film es la habilidad de la directora para trabajar de manera simultánea dos órdenes que parecerían antagónicos, el de la brutalidad y el de la sutileza. Si bien la venganza es superlativa, en terminos de despliegue de sangre y violencia, el retrato de la violación opera sobre el plano visual privilegiando el ocultamiento del acto sexual pero sí la visibilidad del rostro de la protagonista, atravesada por la angustia. El posible placer masculino se anula por el modo en que Fargeat pone en escena la violación. Detras del baño de sangre se oculta un manifiesto feminista.

2020 será el año en el que el cine de violación y venganza gane mayor notoriedad gracias al Oscar a mejor guión originial dado a Promising young Woman de Emerald Fennell. Cassie (Carey Mulligan) ve interrumpida su vida cuando su mejor amiga se suicida luego de haber sido victima de una violación grupal. El trauma de la experiencia la lleva a vivir una doble vida. Por las noches decide vengarse de los hombres que no dudan de aprovecharse de ella cuando está alcoholizada. Su conducta la llevará a planificar una venganza perfecta vengándose de todos los culpables de la muerte de su amiga. Una de las propuestas más interesantes del film es el modo en que el acto de venganza se vuelve una causa atravesada por la sororidad femenina. Lejos de la violencia desmedida o el desparramo de sangre la venganza que Fennell propone está atravesada por la inteligencia de la protagonista, dedicada íntegramente a ejecutar un plan que pone en riesgo su vida.

Violation (2020) es una película canadiense dirigida conjuntamente por Dusty Mancinelli y Madeleine Sims-Fewer. La historia sigue a Miriam, interpretada por la propia directora, quien atraviesa un difícil momento personal debido a la crisis de su matrimonio. Tras varios años, regresa a casa de su hermana junto con su marido con el objetivo de compartir un fin de semana familiar. Allí se encontrará con el marido de su hermana, a quien conoce desde la adolescencia, que no dudará en violarla luego de compartir una noche de excesos. Dentro del corpus mencionado, Violation es la única que trata la violación como una problemática intrafamiliar. Esto permite el despliegue de toda una serie de cuestiones personales que ponen en primer plano el trauma, sus consecuencias y el modo en que la venganza se presenta y elabora como instancia superadora de una (posible) sanación.
Cada uno de los films analizados funciona como alternativa al modo hegemónico de representar la violencia sexual hacia las mujeres y de pensar la venganza como instancia de justicia por mano propia ante un estado de situación en el que las instituciones no se hacen cargo de sus responsabilidades. Todos los films dirigidos por mujeres coinciden en el modo de representar la violación. Al exceso y la larga extensión de los primeros films de violación y venganza, las directoras anteponen una representación de la violación realizada con secuencias cortas y planos cerrados que pone el foco en el sentimiento de la victima, en la aparición del trauma. Esto hace que el proceso de transformación de las protagonistas, históricamente pensado como el pasaje de una mujer débil a una fuerte e independiente, gane complejidad.
La verdadera riqueza de estos films radica en que por primera vez se privilegia la mirada femenina sobre problemas que atañen, únicamente, al ser mujer. Si bien la violación sigue siendo el tema central de estos films, su representación es puesta en crisis. Hoy, centralidad en la trama no es sinónimo de visibilidad. Ofrecer una visión parcial de la violencia sexual mediada por el trauma convierte al proceso de transformación de estas mujeres en el elemento mas importante de la historia, incluso por encima de la venganza como única posibilidad de justicia.



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.