“Papi, tuve que matarte…”  

Paternidad y roles de cuidado en el cine de terror contemporáneo

La frase que da título a este artículo forma parte del poema de Sylvia Plath Daddy, publicado de manera póstuma en 1965. Considerado uno de los escritos más famosos de Plath, es el resultado de un periodo corto pero productivo antes de su suicidio en 1963. En él expone de manera cruda y cotidiana los sentimientos contradictorios que la embargaron al enterarse de la muerte de su padre durante su infancia. En uno de los versos expone: Papi, tenía que matarte pero / Moriste antes de que me diera tiempo./ Saco lleno de Dios, pesado como el mármol,/ Estatua siniestra, espectral, con un dedo del pie gris,/ Tan grande como una foca de Frisco.

Su poesía, de corte personal y confesional, es el medio que utiliza para darle visibilidad a las voces que durante años la atormentaron, pero que a la vez le permitieron abordar temas considerados tabú en su época. Entre estos se incluyen las enfermedades mentales (ella misma sufría de trastorno bipolar), la sexualidad, los vínculos familiares y el suicidio. El poema de Plath es un excelente ejemplo de cómo el arte se abre al tratamiento de problemáticas asociadas a las dinámicas familiares y cómo estas están inevitablemente atravesadas por cuestiones sociales, políticas y culturales. Los artistas, en todos los lenguajes artísticos, encontraron formas de expresar la complejidad de las relaciones filiales y los traumas que, en ocasiones, de ellas derivan. El cine también fue un terreno fértil para abordar las múltiples aristas de la paternidad.

Internet está repleta de páginas dedicadas a listas temáticas de películas. Para estas fechas suelen aparecer rankings de los peores padres del cine de terror. Si bien la cuestión de la paternidad no es de los temas más abordados dentro de la historia del género, la familia como fuente primaria de nuestros peores miedos es recurrente desde Psycho (1960) de Alfred Hitchcock.

El análisis general de estas listas pone en evidencia una serie de cuestiones fundamentales que son necesarias de traer a la luz. En primer lugar, la representación de la familia como cuna de monstruos suele presentar personajes femeninos ambiguos y complejos, capaces de hacer cualquier cosa por (y contra) sus criaturas. Son más las películas que abordan el horror familiar desde la óptica de lo femenino que aquellas que ponen en evidencia el accionar de los padres. En segundo lugar, los personajes masculinos que ejercen el rol de padres o suelen estar ausentes, sobre todo en el cine del siglo XX, o son incapaces de cumplir con las tareas de protección y sustento de sus familias, roles históricamente asociados a la masculinidad y puestos en consideración en el siglo XXI.

La mayoría de los listados comienzan con Jack Torrance de The Shining (1980) de Stanley Kubrick y terminan con Richard Hall de The Lodge (2019) de Veronika Franz y Severin Fiala. En ninguno se mencionó a Ellison Oswalt (Ethan Hawke) de Sinister (2012), película dirigida por Scott Derrickson. ¿Hay algo peor que un padre que privilegia sus 15 minutos de fama frente a la estabilidad mental de sus hijos?

Todas las películas listadas resultan a simple vista ejemplos aleatorios y desconectados entre sí. Coinciden en que, por acción u omisión, los padres fallaron a la hora de cuidar a sus niños. No parece haber una constante que nos diera el gusto de intuir el nacimiento de un nuevo subgénero. Sin embargo, las representaciones de la paternidad presentes en el cine de terror del siglo XXI ofrecen algunos elementos constantes que nos hacen comprender cómo el terror opera poniendo en evidencia los miedos de una sociedad en un momento histórico determinado.

Paternidades en el cine de terror

La presencia de padres en el cine de terror fue históricamente limitada. Recién, a comienzos del nuevo siglo aparecen representados de manera más recurrente y ocupando roles protagónicos. Películas como Insidious (2010) y El conjuro (2012), ambas de James Wan, The Mist (2007) de Frank Darabont, The Purge (2013) de James DeMonaco o The Lodge (2019) engrosan la lista de films que representan a los padres como héroes fallidos o antihéroes en contextos donde la monstruosidad o lo sobrenatural acecha.

En Postfeminism and paternity in Contemporary US Film, Hannah Hamad se propone analizar las representaciones de la paternidad en todo el espectro del cine popular estadounidense de principios del siglo XXI. Lo sitúa en relación a los discursos postfeministas, identificando y debatiendo los tropos dominantes que se presentan en la configuración de la masculinidad en el cine contemporáneo. Para ella, la paternidad se ha convertido en el paradigma dominante de la masculinidad, ofreciendo una representación de lo masculino que se da en relación directa con los discursos feministas contemporáneos. Estas paternidades se presentan bajo la forma de un sujeto emocionalmente articulado, competente a nivel doméstico, hábil en el manejo de los quehaceres cotidianos y capaz de sostener equilibradamente las dinámicas familiares. Al estudiar la representación de la paternidad post 9/11 Hamad sostiene que el paradigma de la masculinidad asociado a la protección, que estaba en desuso, regresa al primer plano en el cine popular. Lamentablemente, su desarrollo teórico excluye al cine de terror como ejemplo de estas cuestiones.Si nos proponemos utilizar su hipótesis para pensar el modo en que se representan las paternidades en el cine de terror, descubriremos que se produce una puesta en crisis y una reversión del concepto de paternidad asociado a los roles de cuidado.

No tenemos que perder de vista que el cine de terror funciona, de acuerdo a lo planteado por el teórico Robin Wood en An introduction to the American horror film, como un espejo de los miedos y las ansiedades de una época determinada. El cine de terror tiene el objetivo de poner de manifiesto todo aquello que ha sido reprimido y funciona como un resurgimiento dramatizado, similar a las pesadillas, de aquello debe negarse. En este sentido, el monstruo materializa lo reprimido, enfrentandonos con todo aquello que nos aterra y que nos genera rechazo.

Para Wood, el cine de terror opera mediante una fórmula básica: la normalidad es amenazada por el monstruo. Esto requiere aceptar la idea de que el cine de terror ofrece múltiples e infinitas formas de manifestación de la monstruosidad. En el caso de los films que presentan padres cuestionables o paternidades anti heroicas resulta llamativo el modo en que, además, estas figuras engendran infancias fuera de la norma que bordean el concepto de monstruosidad. Estas funcionan poniendo en evidencia lo fallido de la tarea paterna y la puesta en crisis de una realidad que se muestra ajena a la normalidad. La presencia de lo sobrenatural, en tanto metaforización del peligro externo, da cuenta de una realidad pervertida que incluye también las dinámicas del propio hogar familiar. En el cine de terror, el vínculo entre normalidad y monstruosidad estará siempre en continúa tensión.

El paradigma de paternidad asociado a la protección es puesto en crisis en el cine de terror, ofreciendo padres egoístas, inútiles, violentos e ineficaces. Esto no solo se debe a los cambios propios de una época en la que los roles de género están siendo redefinidos, requiriendo una participación activa de los padres en la crianza de los hijos, sino también a las problemáticas económicas y sociales que cuestionan los tropos históricamente asociados a la masculinidad y al rol paterno.

La omisión del padre de Sinister de la mayoría de los rankings de los peores padres del cine de terror, pero sí la mención a Terrence Blake de The Black Phone (2021) del mismo director, generaron una serie de interrogantes que se convirtieron en la médula espinal del próximo artículo: ¿Qué pasa con las paternidades en las películas de Scott Derrickson?¿Podría establecerse una constante en el modo en que representa a los padres en su filmografía?

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