El comienzo del verano siempre parece abrir la chance de un campo fértil de oportunidades: cambios personales, objetivos en conjunto y hasta se pueden tomar decisiones impulsivas. Más allá de los calendarios que se tiran, hay un halo de reseteo que propulsa ideas, al menos, las cuales pueden alcanzar la instancia siguiente de materialización. En el cine se han explorado todas las opciones, gracias la diversidad de las diferentes industrias pueden verse historias particulares que reúnen simpleza y complejidad, algunas pueden ser más lineales para contar una pequeña aventura otras se construyen bajo el marco de la huella indeleble que queda para los protagonistas. A continuación hay una pequeña lista arbitraria de películas con relatos que suceden durante el verano, algunas más directas en su planteo sobre la estación del año, también hay cine de género y hasta continuaciones de una saga.
1 – Atlántida (2017) de Inés María Barrionuevo
Dos hermanas pasan solas unos días de verano mientras sus padres asisten a un funeral en otra ciudad. Lucía (Melissa Romero) pasa las primeras horas del día metiéndose a hurtadillas en la pileta de un complejo deportivo, antes de que comiencen las actividades en el lugar, mientras tanto su hermana Elena (Florencia Decall) vive otra realidad porque tiene un yeso, por lo que poco puede disfrutar de los días estivales. El contexto es la mitad de la década de 1980 en Córdoba, con los tristemente célebres cortes de luz que azotaban a toda Argentina. La película es un portal de crecimiento en cámara, a diferencias de otras películas el cambio está a las puertas porque el personaje de Lucía tiene intenciones de dejar el pueblo para ir a estudiar a Buenos Aires, tal decisión trae fricciones en la relación entre las hermanas. Es decir, existe una instancia previa a lo que podría ser el escenario de otra película, el de una joven cambiando de vida para formarse en otro ambiente. Grato debut de Inés Barrionuevo, que le aporta su propia sensibilidad a un camino muy transitado como es el de la coming of age.
2 – Verano 1993 (Estiu 1993, 2017) de Carla Simón
Otro primer largometraje. Para esta oportunidad Carla Simón reúne en poco más de una hora y media la complejidad de infancia, adosada por un hecho traumático como es la pérdida para siempre del vínculo materno a una corta edad. Frida no solo pierde a su madre, también pierde casi todo aquello que le resultaba familiar porque la envían a vivir con la familia de su tío, en el medio del campo. Hay una idea de alcanzar un reseteo, de adaptarse a todo lo diferente, pero más aún a la chance de revivir los pocos momentos de felicidad acuñados. Todo desde la perspectiva de una niña de seis años en Cataluña, a principios de la década de 1990. Un relato sincero en su armado que puede verse ilustrado en las reacciones genuinas de alegría en Laia Artigas, la niña que interpreta a Frida. El verano acciona con todos sus mecanismos las diferentes posibilidades presentadas, ya sea para momentos de crisis como para un pasaje de punto de partida para algo nuevo. Ganadora de varios premios internacionales, entre ellos dos en el Festival Internacional de Berlín y uno como mejor directora en el BAFICI.

3 – Cuento de verano (Conte d'été, 1995) de Eric Rohmer
La tercera película de la saga de las estaciones ubica al célebre Eric Rohmer en su proyecto más personal, él bastante reservado con respecto a su vida privada expone las aventuras de un joven a lo largo de veinte días después de graduarse. Gaspard (Melvil Poupard) espera la llegada de su novia, en el medio conoce a otra chica, quien le presenta a una amiga, con la cual empieza a hacer crecer un interés afectivo. El entrecruce de los cuatro personajes deja latente la chance de los enredos, sin embargo, como sucede en el cine de Rohmer los personajes pueden tener un nivel intelectual alto y al mismo tiempo ser bastante torpes para las relaciones. La directora de fotografía Diane Baratier apela al impacto de los colores y a la distancia considerada para mostrar a los personajes como si por momentos estuvieran siendo espiados, lejos de una ubicación acartonada a modo de envase. La más viva de los cuatro “cuentos”, tanto en su pretensión visual como así también en la sustancia de sus diálogos. El Rohmer más íntimo y juguetón de todos.

4 – Summer of 84 (2018) de RKSS
Canadá desde hace más de medio siglo es la de un cine de terror diferente, sin mirar mucho hacia el horizonte del sur, más bien guarda conexiones con el este cruzando el Atlántico. Gracias al alcance digital llegan muchos intentos valiosos de jóvenes realizadores, los cuales sí deben tener como norte a David Cronenberg, tres de ellos son François Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell, quienes se hacen llamar RKSS (un acrónimo de RoadKill Superstars). Summer of 84 no es la primera película de este trío, pero sí es un acercamiento inicial al terror de niños o adolescentes en bicicletas durante los tiempos diurnos, en búsqueda de matar el tiempo por el vecindario en las vacaciones de verano. Entre el combate al aburrimiento y la curiosidad aparecen una articulación de ambas cosas con el misterio de unas desapariciones de niños en el vecindario. Dave y sus amigos empiezan a tejer un sospechoso, nada menos que un vecino (y policía) que en las apariencias no parece mostrar indicios de ser el culpable de los hechos aberrantes. Como sucede en este tipo de narraciones, las palabras de los niños no son tomadas en serio y la consecuencia de ello no tarda en llegar. Lo que comienza como una reverberación del éxito de la serie Stranger Things (una propuesta casi para todo público) se desliza hacia un costado tétrico e irreversible.

5 – Un verano con Monika (Sommaren med Monika, 1953) de Ingmar Bergman
Las disrupciones de esta película son las que la distinguen, debajo de ello hay una percepción del mundo tan desencantada como solo Bergman podía advertir. Sí, es la película en la que Harriet Anderson (Monika, quien más) mira levemente a cámara en un primer plano interpelativo, cuyo espectador de la época que experimentó la película en el cine podía sentirse incómodo, al punto de romper el contacto visual. También es la película de la osadía, en la que un director sueco podía mostrar un cuerpo femenino desnudo en contexto sin la necesidad de asentir ante un ridículo código de conducta. La película explora el impulso de un amor joven pirotécnico, el cual se extiende incluso con el escenario de un embarazo no buscado. La idea de la liberación no solo es femenina, sino es también de las ataduras de un sistema como lo es de la familia establecida. La lectura de Bergman sobre las responsabilidades también surge a modo de quiebre sobre un orden establecido, cuando el embarazo de ella es un hecho, el joven decide reencausar su vida para constituir una familia: conseguir un trabajo, retomar estudios, etc. En el caso de Monika, más allá de los cambios en su cuerpo, nada se altera en su vida porque solo quiere divertirse. La escena final es un guadañazo que borra cualquier atisbo de divertimento visto hasta ese punto de la historia.




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