Pablo Trapero se dio a conocer en el cine argentino con Mundo Grúa y consolidó su lugar con El Bonaerense, títulos que aportaron visibilidad internacional al Nuevo Cine Argentino. Luego dirigió Leonera, Carancho y Elefante Blanco, filmes seleccionados en Cannes y Venecia que profundizaron su interés por tensiones sociales, institucionales y urbanas. También ha desarrollado una destacada labor como productor a través de Matanza Cine, impulsando nuevos realizadores y ampliando la presencia del audiovisual argentino en el exterior. Con El Clan, uno de los estrenos más exitosos del país, reafirmó su importancia dentro del cine latinoamericano contemporáneo.