Recientemente se sumó Compañera perfecta (Companion) a la plataforma Max. El cine vuelve constantemente a preguntarse por la relación entre los humanos y los robots. Grandes exponentes de este tipo de películas se animaron a imaginar mundos distópicos destruidos por el poder de una máquina construida con nuestras propias manos.
A medida que pasó el tiempo las competencias de los robots y la inteligencia artificial modificaron nuestra relación con la tecnología y hoy nos enfrentamos a imaginar un mundo en donde lo real y lo ficticio es difícil de identificar. Donde los poderes del mundo implantan ideas falsas usando estas herramientas y nos cuesta cada vez más reconocer lo cierto o no.
Pero todavía incluso en esta realidad que vivimos y que se parece a algunas imaginaciones distópicas, aún el cine se pregunta por un paso más allá. ¿Qué pasa si estas inteligencias empiezan a funcionar solas, independientes de nuestros comandos? El miedo de no poder controlar la creación.
En el medio algunas películas aprovechan para movernos del eje distópico grandilocuente y destructivo del mundo entero y nos llevan a un terreno cotidiano. Compañera perfecta es justamente un acercamiento a una mirada extremada en lo ridículo y en lo vulnerable que es el humano en sus deseos e incluso en su crueldad.
¿Cuál es la premisa?
Iniciamos con el punto de vista de Iris (Sophie Thatcher) que describe la sensación del primer encuentro y amor a primera vista con Josh (Jack Quaid). Su voz en off anticipa algo: dice que ese sentimiento que experimentó el día que lo conoció, sólo la volvió a vivir el día que lo mató.
Luego de este anticipo nos vamos hacia el presente de estos personajes que viajan en auto a pasar un fin de semana con amigos. Iris está nerviosa porque siente que los amigos de Josh no la quieren, pero el amor por él la impulsa a dar su mayor esfuerzo. Es fácil notar que el comportamiento de Iris no es común: sus expresiones devotas del amor por Josh y la respuesta inmediata a sus órdenes nos indican que probablemente sea algún tipo de androide cuya función sea la de compañía afectiva, sexual y romántica.
Desde los primeros minutos es intrigante encontrarnos con una película que propone dar por hecho un mar de sentimientos -o algo parecido a estos- para un androide. Y también podemos darnos cuenta que algunas reacciones no responden totalmente a la reglas que usualmente no pueden trascender. Algo de esta autonomía es incómoda y pronto la película gira sorpresivamente hacia un lugar violento.
Hace poco dentro del festival online My French Film Festival se presentó el cortometraje Blood Ties (Hakim Atoui) en donde dos hermanos visitan a su madre y se encuentran de pronto con un androide que la anciana compró para sentirse más cuidada. Pero este robot barato tiene sutilezas que pueden transformarlo en una máquina de matar. Apenas uno de sus hijos le hace un chiste que la IA interpreta como amenazante, se desata el caos y es muy difícil volver atrás.
En el caso de Blood Ties lo que vemos es un juego con darle un poder que puede ser incontrolable por la incapacidad de las IA de entender la complejidad humana. En el caso de Compañera perfecta nos hablan del humano intentando forzar los límites de estos robots creyendo que podrán controlarlos aún en su mayor exposición de peligrosidad.
Puntos a favor y en contra
El director de esta película es Drew Hancock y uno de los puntos más complejos está en la mezcla de géneros que involucró en el juego dramático. Por supuesto hay ciencia ficción pero también se acerca a momentos de suspenso y todo el tiempo aparecen destellos de una comedia nutrida del ridículo.
Está pensada para ser una película que genere primordialmente entretenimiento pero no deja de ser una propuesta que explora un mundo complejo y, como tal, dispara al espectador numerosas preguntas sobre las reglas en las que suceden las cosas. Algo de poder involucrarse con estas propuestas está en sentir cierta solidez a pesar del absurdo o incluso que el absurdo sea parte de la lógica establecida.
“No podría hacer solo un drama de relaciones. Lo curioso es que necesito robots. Necesito asesinos en serie. Necesito fantasmas. Eso es lo que me emociona. Quiero crear historias muy sinceras en mundos absurdos” dice el director de la película.
¿Alcanza solo pensar “esto es absurdo” para justificar las cosas que no tienen sentido en una película? No en referencia a la idea de verosímil, que puede construirse de maneras totalmente fantasiosas, sino en el sentido de la solidez de ese verosímil cualquiera sea.
El universo de una ficción puede ser ilimitado, pero siempre subyace una cierta base estructurada sobre la cual el espectador entiende la relación entre causa y consecuencia. Y, en ese sentido, Compañera perfecta parece hacer agua constantemente ante planteos simples.
¿Por qué este personaje hace esto? ¿Cómo puede ser que pase esta otra cosa? ¿Por qué ahora esto cambió?
Muchas de las incongruencias pasan como desprolijidades propias de un guion flojo que no se sostiene a sí mismo. Lo que sucede es que aplica algunos pequeños giros y salidas absurdas que solapan lo visto y renuevan un poco los votos y nos hacen seguir un poquito más adelante para ver cómo resuelve los nudos que construye.
Para adentrarnos en la mirada de Drew Hancock podemos remitirnos a su explicación: “hacer malabarismos con los géneros puede ser una tarea difícil, pero creo que la forma de simplificarlo para los actores y los jefes de departamento es reducirlo a un solo género. Y para mí, era como, ¿cuál es la historia que realmente estamos contando? ¿Cuál es el núcleo de la historia? Es una historia de ruptura, es un drama de relaciones, así que vamos a filtrar todas las decisiones a través de eso. No vamos a hacer de esto una comedia, vamos a concentrarnos en las relaciones, los elementos emocionales de estos personajes. Esa será nuestra línea, y eso nos llevará a través de toda la película”.
En relación a lo que tiene que ver con adentrarse en la dinámica romántica o de pareja, nos encontramos con planteos importantes sobre los deseos de jóvenes y sus insatisfacciones.
Algo de lo que expone el personaje de Josh nos puede hacer recordar algunas líneas recientes de Adolescencia, en donde tenemos personajes masculinos frustrados y remite a una forma de pensar generalizada que responsabiliza a las mujeres de no poder relacionarse con sus pares de una forma que los satisfaga.
La emergencia de las modas con resurgimiento de los tradicional, como las “tradwives” se pueden enlazar directamente a las pistas estéticas que nos dan estas películas u otras como Don’t Worry Darling (Olivia Wilde) que también interpela a las masculinidades que buscan formas de volver a ponerse en el lugar de hombre ideal conservador, y para esto necesitan volver a poner a la mujer en su estereotipo delicado, voluntariosa a la hora de cumplir los deseos de su pareja y siempre disponible. Circunscribirla al espacio del hogar y a los deberes domésticos, sin deseos propios y con una capacidad de razonar casi autómata.
Estas películas, nos gusten más o menos, exploran cuestiones muy actuales.



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