El agujero de gusano
Robotech era una de mis series de dibujos animados preferidas. Siempre soñaba con estar ahí y ser Max Sterling, el mejor piloto de la serie. Hasta que pasó.
Volví cansado del trabajo y me interné en Internet. Tenía muchas ganas de ver películas, algo que me sacará de la vida real y me hiciera olvidar del papeleo y las discusiones inútiles. Me senté frente a la enorme pantalla de la computadora y encontré una serie vieja. Hace muchos años que no veía este capítulo: los humanos, Rick Hunter, Misa Hayase, Max Sterling, estaban dentro de una nave zentraedi. Me divertí más que cuando fui adolescente. Estuve absorto en la pantalla.
Pero algo sucedió en ese momento.
Los científicos hablan de la posibilidad de los agujeros de gusano en el espacio-tiempo y creo que algo así pasó conmigo. Se supone que estos son portales que doblan el espacio-tiempo y apareces en otro lugar y tiempo. No sé. Solo sé que despues de pasar por un túnel de nube brillante apareció ante mí un robot muy grande, le dicen battloid.

Estaba dentro de una sala enorme. Era un lugar donde tenían guardados muchos de ellos. El olor a grasa y aceite mecánico era sofocante y hacia un poco de frío. Simplemente no lo podía creer. Tenía la esperanza de que fuera un sueño pero… no lo era. En medio del hangar superpoblado de máquinas vi pasar a otro hombre, vestido como yo, con un mameluco amarillo. Se subió a uno de esos robots y se puso a meterle mano con pinzas, tenazas y llaves, y refunfuñaba a cada rato.
Quise hablarle pero parecía muy ocupado y francamente me parecía que sabía que yo estaba allí y me ignoraba intencionalmente. Me di vuelta para alejarme y me gritó desde arriba que le pasara la llave Feltrim y el destornillador Boscatto. No sé cómo lo supe pero lo supe. Abrí la caja de herramientas y tomé las que le servirían. Se las pasé. Me llamó por otro nombre: Jamal Ahmidan. Yo lo comencé a notar familiar. Era mi amigo Zougam. Se lo veía enojado pero no conmigo. Me dijo que el battloid no funcionaba y que intentaría algo con esa llave. Luego de maldecir un momento logró que funcionará. Entró al battloid y yo me bajé. Afortunadamente el robot funcionaba bien: caminaba, movía los brazos. Estaba como nuevo.
La mejor idea
Rick Hunter pasaba caminando junto a Misa Hayase, y Max Sterling. Yo admiraba mucho a Max. Era el piloto más veloz de toda la flota. Sumamente hábil en combate. Había derrotado a cientos de battloids enemigos. Era mejor que Rick. Pero me preguntaba, ¿qué estaban haciendo ahí? Era un taller donde se arreglaban battloids. Los seguí sin que se dieran cuenta sin decirle nada a Zougam. Y logré escuchar que estaban en una misión especial.
Me tropecé con la pata de uno de esos robots y caí al piso. Ellos se dieron vuelta y me miraron absortos. Rick se adelantó y me preguntó quien era y qué hacía allí. Uno tiene sus momentos tontos y los muy tontos. Este era mi momento muy tonto. No se me ocurrió mejor idea que decirles que era Jamal, el piloto que el capitán Gloval les había asignado, además de que era un muy buen mecánico, e inventé una que otra virtud que me atribuí gratuitamente.
Ellos lo creyeron y los cuatro subimos a un varitech. Era un enorme varitech comandado por dos pilotos.

¡Max iba al lado mío! Demostré lo mucho que sabía exagerando un poco mi habilidad con los comandos. A Max no le importaba. El hecho es que despegamos y pregunté hacia donde llevaría la nave. Él se alteró porque se suponía que yo debía saber a donde debíamos ir. Le dije que el capitán Gloval me ordenó acompañarlos y que ellos me dirían qué hacer. En definitiva me dictó las coordenadas y yo programé la nave.
La fortaleza espacial
El espacio exterior es hermoso. Las estrellas me encantan. Salir de ese horrible taller fue una gran idea. Me siento libre. Al frente veo algo que, primero creí, era un cometa. Parecia hecho de roca y hielo, enorme y alargado, y me doy cuenta de lo que era en realidad: una enorme nave zentraedi. Miré a Max y le pregunté si íbamos allí. Me miró otra vez desorientado. Me ordenó que me acercará a la nave. Yo obedecí.
De la gigantesca fortaleza espacial emergieron seis battloids enemigos. Se pusieron a ambos lados de nuestro varitech. Esto me puso un poco tenso. Max me dijo que estuviera tranquilo y me comentó de la misión. Era en son de paz. Los zentraedi solo querían saber qué era la protocultura. Yo también hubiera querido saberlo. De nuestro varitech salió otro. Era la nave de combate de Rick, con él estaba Misa.
Se puso al frente y yo lo seguí junto a esa extraña escolta.
Entramos a la fortaleza. Era extraño ver que todos ellos eran hombres. Salimos de nuestra nave y un gigante nos tomó en sus manos y nos llevó cómodamente. En una de ellas estaban Rick y Max, y en la otra estabamos Misa y yo. Ella no me miraba mucho. En la serie Misa usaba el cabello lacio, pero en esta realidad (fuera lo que fuera) tenía el cabello risado y más oscuro. Además de que me llamaba mucho la atención, me hacía pensar en las similitudes y diferencias entre la serie de dibujos animados y este ¿universo? Aquí yo era un personaje desconocido del dibujo animado, pero, de alguna manera conocía a todos los personajes, y algunos de ellos me conocían a mí; sabía cuál era mi trabajo y a la vez recordaba quien fui en el universo que ustedes conocen. Es un lío, ¿no?
Mientras el gigante nos llevaba hacia no sé dónde, Misa miraba hacia otro lado sin cruzar palabra conmigo. Le pregunté si era algo de Rick. Me respondió que no me atreviera a preguntar cosas por el estilo y siguió ignorandome.
La protocultura
El capitán de la nave, Breetai, nos hizo pasar a su gran salón. Estaba acompañado de otro gigante más joven al que llamó Exedore. Parecía más intelectual. Nos pusieron a los cuatro sobre una gigantesca mesa y comenzó un diálogo interesante: al parecer todos fuimos creados genéticamente por los mismos alienígenas, los Maestros de la Robotecnia. A los zentraedi los hicieron con el propósito de pelear sus guerras en contra de otros alienígenas, a nosotros nos hicieron para cultivar, trabajar la tierra, los animales, y de más, para cuando ellos volvieran. Se fueron y alguna vez volverán. Nosotros los olvidamos e hicimos la nuestra. Los zentraedi no los olvidaron y continuaron batallando, separados de las mujeres que batallaban en otra región de la galaxia. Hasta que se encontraron cerca de la Tierra. Parece que los Maestros de la Robotecnia estaban por volver. Por otro lado les interesaba saber mucho sobre la protocultura. Allí me enteré de lo que era la dichosa protocultura… ni se lo imaginan.
Los interrumpieron en su diálogo. El heraldo, otro gigante, le dijo a Breetai que llegaba Azonia la jefa de las mujeres zentraedi. Las hicieron entrar. Nos miraron como si fuera muy raro ver a hombres y mujeres juntos. Ellas casi se horrorizaban. Con la jefa venían Miriya y otras mujeres. Estaban notablemente separadas de los hombres y ellos parecían tenerles miedo. Se amontonaron todos detrás de Britain. Pero el capitán de la nave y la jefa se miraron con mutuo respeto.
Luego hablaron con nosotros retomando el tema. Y presentaron el interior de una casa. Para ellos sería una casa para muñecas. Tenía de todo: cocina, comedor, dormitorios, etc. Nos dijeron que actuaramos como si estuviéramos en nuestros hogares. Rick nos hizo a un lado e invitó a Misa a entrar a la casa tomados de la mano. Los gigantes se espantaron al ver aquello. Escuchamos lo que decían.
Misa comenzó a cocinar y Rick limpiaba el jardín. Ella se dedicaba a los detalles de la mesa e incluso le puso las flores que Rick le traía del jardín. Los miraban con terror. Se alzaron algunos suspiros de emociones conflictivas cuando vieron que Misa tomando las flores de las manos de Rick. Me hubiera gustado ser yo el que estuviera en su lugar y poder hablar con ella. Ella sirvió la comida y escucharon música. En la sobremesa hablaron y todo lo que parecía cotidiano para nosotros era paranormal para los gigantes.
Y eso era la protocultura: el amor, lo cotidiano, el gusto de trabajar uno en pro del otro…
Todo estuvo bien hasta que en el aparato de música sonó la voz de Minmai. Eso también era protocultura… arte…
Me dejaste por ella, le reclamó Lisa. ¿Cómo pudiste hacerlo?, le recriminó con angustia. Discutieron.
¿Esto es la protocultura? Se dijeron unos a otros los gigantes. Y las mujeres comenzaron a disgustarse con los hombres sin razon.
Esto parecía una guerra inminente dentro del salón. Se adelantó Max. Los tortolitos seguían discutiendo sobre Minmay. Noté que los ojos de Miriya se desviaban irresistibles hacia la presencia de Max. Él explicó que aveces esas cosas pasaban, pero que no era para desatar una batalla. Expuso que desde que había batallado con Miriya se enamoró perdidamente de ella. A ella se le caían las lágrimas y su jefa la miró absorta sin entender cómo le sucedía aquello. Eso era la protocultura…
La misión secreta
Siguieron hablando de más temas y me entero de lo peor. La misión secreta era en realidad ilegal. Ilegal para los humanos: el alto mando de la Tierra había prohibido ésta reunión. Ilegal para los zentraedi, el padre de todos los zentraedi y la madre de las mujeres, habían prohibido investigar sobre la protocultura.
Max caminó hacia Miriya y ella lo levantó conmocionada entre sus manos.
Rick y Misa continuaban discutiendo.
Los gigantes seguían aterrorizados. La protocultura olvidada por ellos los consumía en suspiros. Decidí meterme en el juego.
Entré a la casa de juguete, separé a Rick que ya levantaba la voz. Tomé a Misa por la cintura y fue una explosión…
El castigo a la reunión secreta
Literal que fue una explosión. Y entró Khiron disparando como loco, y mientras lo hacía pregonaba que el padre de los zentraedi le ordenó destruir a los traidores. Los zentraedi caían uno detrás de otro. Miriya nos tomó entre sus manos y salió corriendo. Max le pedía que nos llevase al hangar donde habían quedado nuestras naves. Llegamos, no sin haber sorteado pasillos y disparos.
Rick bajó y subió a su varitech, y lo puso en modo battloid de inmediato. Max subió al varitech grande y de él salió pronto otro battloid. Se armó una revuelta.

Miriya nos puso en manos de un zentraeidi quien nos metió en una enorme caja.
Mientras todo el mundo peleaba Misa y yo nos conocíamos…

Me rechazó porque no le gustaba mi bigote.
En fin, no importa. No volveré al universo de donde provengo. Aquí con peleas y explosiones estoy mejor que allá con papeles y estrés laboral.
Fin




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