Si nos ponemos a leer o investigar acerca de nuestras queridas princesas del cine, a lo largo del tiempo, podremos haber notado que en la mayoría de las películas donde hacen sus notorias e inolvidables apariciones, cada cual con sus peculiaridades, predominan en sus historias conflictos vinculares parentales, como son el caso de Blancanieves, Cenicienta, Rapunzel y Mérida, enfrentamientos entre reinos o mundos forestal o submarino y el humano, como ocurre con Aurora, Ariel, Raya, Mohana, u otras problemáticas como transmutación de seres de humano a animales como Sapos, Bestias, Osos, entre otros que incluyen mezclas con conflictos románticos o pueden no tenerlas, como son el caso de Bella, Jazmín y Tiana.
En resumen, desde el año 1937 hasta 1995, pasaron 18 años hasta que el Cine, sus productoras cinematográficas, guionistas y todos los trabajadores que este ambiente incluye, nos trajeron una película como Mulán, que fue pionera en imponer un conflicto que va más allá de solo romances y el príncipe azul o el típico príncipe de cuento de hadas, sino que con esto el universo cinematográfico se propone llegar más lejos en la mente del consumidor del producto final, ya que instala por primera vez dentro de lo que son las princesas de Disney, un obstáculo que sale de lo cotidiano y que tiene que ver con algo en su propio personaje, con cualidades del mismo, en este caso el personaje se plantea hacerse pasar por hombre para evitar que su querido padre no acuda al ejército, si bien el foco central no es, en sí su deseo personal de cambiar o ser diferente, [como si ocurre en películas animadas como Ralph el demoledor, donde su personaje se cansa y ya no quiere ser malo], como problemática a ser resuelta en su debido nudo y desenlace, al menos pone por primera vez en un filme a la protagonista femenina teniendo que cambiar ella una cualidad personal, en este caso, pasar de ser mujer a hombre, para lograr sus objetivos, obteniendo así la victoria con honores y resolviendo los contratiempos planteados con reconciliación de lazos familiares, reconocimiento a su labor y fortalecimiento de su rol como guía y jefe de pueblo.
Involucrando así la cuestión de género, siendo una producción revolucionaria y transgresora para la época en la que fue lanzada, generando inclusión social, equidad, igualdad y visibilidad de esta causa, todo esto siendo contado o introducido al público de una manera muy sutil, pero no por ello menos relevante, tendiendo así a evitar la transfobia, la discriminación e incluyendo a estas minorías, dentro del cine de animación y del mundo de las princesas.
Es un filme de lucha, donde nos tiene que quedar como conclusión la moraleja de que las princesas son más que su romance, son más que el enfrentamiento entre mundos o reinos, también pueden tener deseos y aspiraciones de cambio, de realización, de vocación , de que no siempre tienen que estar conformes con todo su ser, a veces pueden querer cambiarse a sí mismas y eso ya sin más, puede ser todo el conflicto, ya sea que seas hombre, mujer o aquello con lo que desees identificarte, debes seguir tus sueños y hacer todo lo que esté a tu alcance para lograrlos.


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