Minecraft: La película – Cuando el absurdo es un acierto
Calificación: 8/10
Estreno: 2025
Vamos a dejar algo claro desde el principio: Minecraft: La película no es El Padrino, ni Interstellar, y por suerte, tampoco intenta serlo. Lo que nos entrega esta adaptación del videojuego más vendido de la historia es algo completamente diferente: una comedia absurda, autoconsciente y sin ninguna intención de tomarse en serio. Y ahí, precisamente, radica su mayor virtud.
Absurda, pero con propósito
Uno de los grandes problemas de las adaptaciones de videojuegos al cine es que muchas veces intentan construir narrativas “serias” sobre universos que simplemente no lo necesitan. El resultado suele ser un híbrido extraño que no convence ni a los fans ni a los cinéfilos. Pero Minecraft esquiva esa trampa con una decisión brillante: abraza el absurdo.
La película está mucho más cerca del espíritu de una sátira estilo La pistola desnuda que de intentos más contenidos como Sonic. Sabe que lo que propone es ridículo, y en lugar de disimularlo, lo celebra. Es una fiesta visual y narrativa que sólo busca homenajear el mundo de Minecraft con el humor como herramienta principal.
Un elenco al servicio del caos
Aunque el elenco principal cuenta con nombres como Danielle Brooks o Emma Myers, lo cierto es que sus papeles están ahí más para completar el póster promocional que para tener un peso real en la historia. Los que verdaderamente llevan la película adelante son Jack Black, como una versión desquiciada de Steve, y Jason Momoa, que —una vez más— interpreta una especie de parodia de sí mismo. Y sorprendentemente, funciona.
La dupla entre Jack Black y Momoa es un hallazgo inesperado. Juntos generan una dinámica explosiva que se roba la atención en cada escena. Sus momentos de comedia absurda no sólo sacan carcajadas genuinas, sino que marcan el tono general de la película: caótico, sin lógica, pero divertidísimo.
La experiencia en la sala
Ver Minecraft en el cine fue una experiencia salvaje. Desde el primer minuto la sala estalló en aplausos, gritos y festejos por cada aparición de personajes o referencias al juego. La última vez que viví algo así fue con Spider-Man: No Way Home. El público sabía que estaba por ver una locura sin sentido, y lo abrazó con alegría.
Esa respuesta tiene mucho que ver con cómo la película se presenta a sí misma. No hay grandes dilemas morales, ni desarrollo profundo de personajes. Todos están puestos ahí como excusa para llevarnos de un punto absurdo a otro, y mostrarnos todo lo que se puede del mundo de Minecraft. Es un “viaje sin guion”, pero con una meta clara: entretener.
¿Es para chicos? Sí. ¿Pero los adultos también se van a reír? Definitivamente.
Claro, podríamos decir que Minecraft es una película infantil. Pero eso no la limita. Si disfrutás del humor absurdo, de los chistes ridículos, y estás dispuesto a apagar el cerebro por un rato, la vas a pasar bien. No necesitás ser fan del juego para entender lo que propone; sólo necesitás ganas de reírte.
Conclusión
Minecraft: La película no es cine de autor, pero es cine, al menos en el sentido más puro del término: una experiencia colectiva, ruidosa y divertida que sabe exactamente qué quiere ser. Y lo logra. Contra todo pronóstico, esta adaptación termina siendo una de las más fieles al espíritu de su material original. No por la historia —que es lo de menos— sino por el juego que propone.
Me atraparon, muchachos. Minecraft es cine. #UnaPeliculaDeMinecraft


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