ALFIE (2004) (SPOILERS). 

Remake que reedita el film homónimo de 1966, protagonizado por la leyenda británica Michael Caine. Jude Law es el actor que se calza el traje en esta reversión cómica-dramática sobre un guapo joven mujeriego, el director es el ya fallecido Charles Shyer.

Lamentablemente no puedo efectuar una comparación entre ambas piezas, puesto que no vi la versión de Caine, pero habiendo leído una crítica del mito de la crítica norteamericana, Roger Ebert, puedo decir que las diferencias sociológicas entre ambas son muy grandes: el feminismo se hace sentir en la remake, no como algo negativo, pero hay un problema nada menor que es imposible de sortear con respecto a las mujeres de este segundo Alfie, que luego mencionaré.

El Alfie de este siglo ya no es un inglés-londinense sino un británico que habita en Manhattan. Si puedo encontrar una incongruencia es, en primer lugar, económica: cómo es posible que Alfie sea capaz de vestirse siempre de traje y tener una moto cuando nos muestra él mismo, mirando constantemente a cámara y dirigiéndonos la palabra (cosa que hará de inicio a fin), que trabaja en un taller mecánico limpiando autos? Me dirán que un estadounidense o inmigrante tiene capacidad de ahorro y es cierto, pero el sueldo está lejos de ser el del empleo que luego obtiene: chofer de una limusina (de categoría claro está, superior). Más allá de esta falta de verosimilitud inicial, la virtud del guion es que logra que Alfie sea como un vehículo que nos permite insertarnos en su vida sosteniéndose el interés sin que hagan falta malabares del protagonista-narrador, su existencia es la propia de un hedonista que no proyecta a futuro una carrera universitaria o un trabajo relacionado a una pasión suya, sino que su mundo central son los placeres carnales y efímeros, en otras palabras, es un hombre superficial y frívolo, a quien no se le puede negar el talento admirable, cuando nos referimos a galanes, de poder levantarse minas sin mucho esfuerzo, logrando incluso que sean ellas quienes se interesen más por el que al revés. Pero acá viene el problema, que es de guion y recién cerca del final: en una escena con aire triste, él nos dice que siempre le advirtió a sus mujeres que no quería nada serio, que solo buscaba sexo de calidad, pero entonces el mentiroso no lo fue nunca y por el contrario fue siempre honesto? La respuesta es no, a la primera rubia (de 2 que aparecen), Dorie (Jane Krakowski) la ilusiona con volver a llamarla luego de una noche de buen sexo, ella es casada (debilidad de nuestro personaje) y la vemos irse con su pobre marido mientras Alfie le dice que la verá en otro momento. Entonces es un cínico inmoral? La respuesta es sí, por lo tanto nos mintió en la cara y esa es otra incongruencia, puesto que somos testigos permanentes de lo que vemos y él mismo nos cuenta, no tiene sentido que nos diga que todas supieron que el quería encuentros casuales porque eso es una verdad a medias: Julie (Marisa Tomei) es una madre soltera que trata de convencer a Alfie de que se comprometa con ella, pero claro, no está en la naturaleza deseante de él y por lo tanto significa una desconexión entre deseos.

Pero no siempre Alfie es verdugo, también resulta ser un tonto devenido en víctima: él y Lonette, la esposa afroamericana de su mejor amigo Marlon (Omar Epps), se sacaron la calentura, dejando a Marlon como el cornudo idiota, pero luego nos enteramos de que ella tendrá un bebé que se sospecha, es de Alfie, Lonette recién le dirá la verdad al pobre diablo (nuestro narrador) cuando este decida ir a la casa, en la que conviven ella y Marlon (a quien le dio una segunda oportunidad, luego de una breve separación), llamativamente, el bebé no es blanco, pero entonces cómo pudo ser de Alfie?, nunca es moco de pavo el problema de la falta de verosimilitud, puesto que puede arruinar historias de formas a veces groseras, este no es el caso, pero casi.

También es engañado por la rica empresaria Liz (Susan Sarandon) y se saca de encima una corta relación, la única seria, con otra rubia muy bella, a mi gusto la única bella, Nikki (Sienna Miller), pero en este caso, él tiene motivos para dejarla.

Sin embargo, sería una injusticia tildar/acusar a esta obra, a pesar de sus no menores desprolijidades narrativas, de ser mala: incluso por más que Alfie sea un vanidoso e ignorante que se mofa de saber de la vida social, expresándonos creencias estúpidas como si fueran verdades absolutas, es blanco de nuestra compasión: su evolución de personaje radica, precisamente, en que pasa de caernos mal y ser aceptado por todas a que sintamos pena por cómo es rechazado, en algunos casos es comprensible (excluyo el caso de la mujer negra, pues ya asenté mi postura fundamentada).

No es que sea rechazado porque es un psicópata insensible, de hecho solamente en uno de los casos, el de Dorie, la primera que se rindió a sus encantos, tiene bien merecido el rechazo por mentiroso, pero en los demás se trató más bien de un choque de preferencias libres, ninguna dama es una santa o pobrecita: la madre soltera quería algo más con él y ante la negativa de Alfie se fue con otro hombre, Lonette fue irresponsable afectivamente al no comunicarle debidamente su paternidad, dejándolo schockeado y golpeado psicológicamente (tampoco deseaba ella algo serio con el) y Nikki era violenta y estaba loca (paciente psiquiátrica). Vale entonces hacerse la siguiente pregunta: el es un misógino que usa a las mujeres como cosas para que lo satisfagan o carece de la inteligencia suficiente para saber cuando frenar y percatarse de que algo anda mal? Tomo postura por la segunda opción, aunque no lo parezca.

No hay una perversidad o sadismo en él, de hecho los hombres fueron y son libres de acostarse con cuanta mujer quiera, seria hipócrita que la mirada femenina lo juzgue con la acusación moralinesca de que es un “libertino y promiscuo”. Acaso está mal no querer tener algo serio? Seria antiliberal pensar que sí. Su problema real es que su mundo gire exclusivamente entorno a las mujeres y que no tenga otro objetivo de ser, que no aprecie cosas más importantes de la vida que pavonearse frente al ojo masculino-hetero, para que lo envidiemos por sus conquistas.

Según la filosofía cristiana, Alfie tiene perdón y puede ser salvado, puesto que se arrepiente de actuar con la liviandad despreocupada que lo llevó a sus consecuencias, pero se pregunta lo mismo que nos preguntamos todos cuando nos sentimos mal por diversas razones: de qué se trata en realidad todo esto, la vida, cómo encontrarle sentido para no hundirnos en un espiral de decadencia melancólica? Cada uno lleva, en su corazón y en su mente, su respuesta particular.

Jude Law se mantiene con enorme presencia sólida, con palabras y gestos que delinean bien a su personaje estereotipado, la música es del genio Mick Jagger, acompañado por David Stewart y John Powell, inobjetables.

El film está muy lejos de la excelencia y apenas es bueno porque provoca empatía y retrata bien las relaciones desiguales, además, se luce la fotografía (a cargo de Ashley Rowe), con las bellísimas imágenes azuladas y oscurecidas de la hermosa Manhattan (tierra de Woody Allen), pero es su mensaje, sobre todo, el que no puede ser refutado: la responsabilidad afectiva importa, algo que en el 2025, con las apps de citas, por desgracia se pasa por el alto.

Lacan decía “el hombre y la mujer hacen que hablan”, la falta de una comunicación realmente sincera de los deseos es lo que puede generar las peleas, acá hay algo de eso: pero ya no se trata del machista tradicional, el manipulador-seductor que le importa nada hacer sufrir a sus mujeres, es un reformado que se percata de sus errores, que los intenta remediar aún sin éxito, puesto que la vida se trata de levantarse después de darse golpes, Alfie sufre los rechazos que podemos padecer cualquiera de nosotros, independientemente de los motivos. Por sobre todas las cosas, su evolución evidencia la que podemos tener como hombres, para ahuyentar justamente a ese tipo de hombre (que no es solo una fantasía, existe) que aunque sea un “ganador” y despierte atracción por su capacidad seductora, (además de complacer en la cama), no deja de ser en el fondo un inseguro y narcisista que necesita llenar el vacío de su falta de ambición con el sexo femenino, con el sexo mismo para ganar estatus, algo que es sin duda, penoso y no dista mucho del extremo opuesto-complementario, el cliché del hombre que hoy llaman “incel”, un misógino que es virgen por ser misógino.

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