Mérida, de la película Valiente. 

Un personaje con el que me identifico profundamente es Mérida, de la película Valiente. Desde la primera vez que vi su historia, sentí que de alguna forma hablaba por mí. Mérida es una joven que lucha por ser ella misma en un mundo que constantemente le dice cómo debe ser, cómo debe actuar, e incluso a quién debería amar. Y yo, en muchas etapas de mi vida, he sentido lo mismo: que no encajo en lo que los demás esperan de mí.

A veces me esfuerzo al máximo en el amor, en el trabajo y en los estudios, pero siento que todo me cuesta el doble. No es por falta de ganas, sino porque parece que la vida siempre pone obstáculos cuando más deseo avanzar. He tenido momentos en los que he sentido que, sin importar cuánto me esfuerce, termino siendo la segunda opción para los demás, como si mi presencia fuera importante solo cuando les conviene. Esa sensación duele, y aunque intento disimularlo, pesa más de lo que la gente imagina.

Lo que me conecta con Mérida es su deseo de libertad, su amor por la naturaleza y por lo que está más allá de lo material. A mí también me calma estar rodeada de árboles, sentir el viento en la cara, observar el mundo desde las alturas… Esos momentos me recuerdan que hay belleza en medio del caos. Mérida encuentra fuerza en su conexión con lo natural, y yo también. Es como si la naturaleza hablara cuando nadie más lo hace.

Mérida me representa porque, como ella, tengo un corazón fuerte aunque a veces esté roto. Porque a pesar de sentirme perdida, sigo caminando. Porque, aunque el mundo quiera decidir por mí, tengo el valor de elegir mi propio camino, aunque duela, aunque cueste, aunque me sienta sola. Y es en esa lucha diaria donde me reconozco, donde entiendo que mi historia también tiene valor, aunque aún no haya llegado ese gran momento que tanto espero.

Ella me inspira a seguir creyendo en mí, a no conformarme con lo que otros deciden para mí, y a recordarme que soy suficiente, incluso cuando nadie más lo ve.En mi vida, no todo ha sido fácil. Me esfuerzo constantemente por avanzar, ya sea en el amor, en el trabajo o en los estudios. Pero a veces siento que por más que lo intento, las cosas no fluyen. El amor me ha dado más heridas que alegrías, el trabajo me agota sin que el esfuerzo se vea reflejado en lo que gano, y los estudios me exigen más de lo que a veces siento que tengo para dar. A todo eso se suma una sensación dolorosa: la de sentirme muchas veces como la segunda opción. Como si estuviera ahí para los demás, pero ellos no para mí.

Pero si hay algo que me mantiene firme es, al igual que a Mérida, mi amor por la naturaleza. Me refugio en ella como quien busca paz entre el ruido. Las alturas, el viento, el cielo abierto… me hacen sentir viva, me reconectan con lo que soy. Cuando todo va mal, puedo mirar al horizonte y recordar que la vida también tiene belleza, incluso en medio de la tormenta.

Mérida me representa porque ella también es una luchadora silenciosa. No quiere seguir los caminos que otros le imponen, porque sueña con más, porque sabe que merece elegir, equivocarse y levantarse por sí misma. Y yo, aunque a veces esté cansada, aunque sienta que no estoy donde quiero estar, también tengo ese fuego por dentro. Ese deseo de ser libre, de encontrarme, de demostrar que mi historia vale, incluso si nadie la aplaude.

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