Ida Lupino y Robert Ryan compartieron dos películas en la década del 50, con algunas similaridades. Son dos películas domésticas, de interiores, que se sostienen en las fricciones de su presencia conjunta en estos espacios acotados. On Dangerous Ground de Nicholas Ray (la tradujeron como La casa en la sombra) es de 1951, y es un poco más conocida. En sombras quedó la otra, Beware, My Lovely, de 1952, dirigida por Harry Horner y producida por The Filmmakers, la compañía productora que Lupino creó junto a su segundo marido, Collier Young. Luego de su participación en They Drive by Night de Raoul Walsh, Lupino se había convertido en actriz de la Warner (un contrato en el que negoció ciertos derechos para seguir realizando algunos trabajos por fuera del estudio), un trabajo en el que sufrió mucho debido a sus conflictos recurrentes con Jack Warner. Lupino lo confrontó numerosas veces por destinarla a papeles que consideraba pobres y mediocres, y la ira de Warner le respondió con varios períodos de suspensión en los que Ida se veía impedida de trabajar en el cine. The Filmmakers surge como su intento por liberarse de estas ataduras, luego de pasar mucho de ese tiempo de suspensión observando otros aspectos de la producción cinematográfica, asistiendo a rodajes y procesos de montaje. En una entrevista dijo sobre su experiencia en el set: “Parecía como si alguien más lo estuviera haciendo todo. Eso era mucho más divertido. Crearlo uno mismo, no simplemente desfilar frente a cámara”.
En 1948, junto a Young, decidieron entonces crear The Filmmakers Inc., una compañía que definía su proyecto como “producir, dirigir, y escribir películas de bajo presupuesto enfocadas en temas sociales”. Este último aspecto es clave en el pequeño corpus de películas que llegó a realizar The Filmmakers en su trabajo como creadora de objetos clase “B” bajo el paraguas de la RKO, una posición que les aseguró un margen de libertad creativa y dio como resultado películas que hoy transmiten una solidez de conjunto y una gran singularidad en la historia de Hollywood. Vale la pena hacer esta introducción de Lupino, si bien Beware, My Lovely la dirigió Horner, porque así como pasaba con las películas de terror de Val Lewton, hay en la película un espíritu que es familiar al de las demás películas de The Filmmakers.

Beware My Lovely está situada en 1918. A decir verdad, no hay mucho más que la placa del principio y el primer plano donde vemos el exterior callejero que nos remita a esa época y luego, cuando nos metemos en los interiores, no hay muchas señas que nos permitan diferenciar este mundo del de los 50 en que se desarrolla la película. En el principio vemos a Howard Wilton (Robert Ryan) llegar a su casa (se obsesiona antes de entrar con una manchita en el vidrio de la ventana) y somos los únicos testigos de un hecho que la película nunca clarifica, el cuerpo de una mujer (por cómo le habla parece su esposa) muerto en una de las habitaciones. De ahí vamos a la casa de Helen Gordon (Lupino) en una escena de circulaciones domésticas mientras su hermano se va. La escena, como sucede en el resto de la película, está carga de detalles de la vida doméstica de estas personas, y está coregrafiada en torno a los pequeños movimientos relacionados con el orden y la limpieza de la casa. Es sábado y una sobrina aparece en la casa con el encargo de tener que ayudar a Helen en estos quehaceres. Estamos en época de Navidad y hay un arbolito. Entonces en la película reaparece Howard contratado por Helen para colaborar en estas tareas del mantenimiento de esta casa grande. No sabemos qué le pasó en el medio, ni cuánto tiempo hay entre la escena que vemos al principio y este nuevo tiempo en el que se desarrolla el resto de la película.
Como les contaba, The Filmmakers se había propuesto como objetivo llevar ciertas temáticas sociales a la pantalla, y a la largo de su breve vida (en películas que en su mayoría dirigió Lupino y en otras en las que colaboró en el guion o la actuación, dejando en todas ellas su marca) encontró maneras de inventar formas nuevas y capaces de narrar con el cine una serie de conflictos y malestares de la sociedad americana de la época. En la elección de estos conflictos no se puede pasar por alto la influencia femenina de Lupino. Not Wanted, una película en la que aparece acreditado como director Elmer Clifton pero que Lupino terminó de dirigir, pone en pantalla una situación de embarazo no deseado de su protagonista. Never Fear, el problema de la polio (que Lupino había experimentado en carne propia durante su adolescencia). En Outrage, la violación. Esta recopilación de temas no implica nunca en estas películas supeditar el cine a una función de mero soporte del tema, sino que, como decía, lo notable de ellas es cómo descubren formas originales de narrar para problematizar estos conflictos. Siempre me pareció que José Campusano era nuestro Ida Lupino.

Beware My Lovely es una película de terror en la que no sucede nada sobrenatural. Todo se mantiene dentro del escenario doméstico que por estas horas del sábado comparten en la casa Helen y Howard. A poco de su llegada, las señales sobre la inestabilidad de Howard empiezan a hacerse evidentes, presentándole ciertas inquietudes y demandas a Helen que ella no sabe cómo manejar. Sobre esta imposibilidad de prever el comportamiento de Howard y sus vaivenes se crea una atmósfera tensa y espesa que bajo la máscara de un encuentro excepcional entre un psicópata y una viuda parece querer transmitir la experiencia mucho más ordinaria de la violencia doméstica y conyugal (un pudor que hace ir hacia la sociología por una vía indirecta o una transfiguración es algo propio del cine clásico americano). Todo tiene que ver con la presencia, cada vez más incómoda, impredecible, esquizofrénica de Ryan en ese espacio que pronto queda cercado (las llaves desaparecen) y un terror producido no por la violencia en sí misma, que nunca explota del todo como algo concreto, sino por su expectativa de lo que puede suceder durante esa convivencia. En el final, luego de estas horas de terror, llega la escena más pesadillesca de todas, con Robert Ryan apareciendo en el reflejo de una de las bolitas del arbolito de navidad, en fase bondadosa, pidiendo perdón por su demora en marcharse, excusándose con que se demoró buscando su chaqueta y saliendo por la puerta sonriente como podría haber partido un marido cualquiera.
La película elige situarse en 1918, y hay una tercera presencia que es el marido de Helen que murió en la guerra, que le provoca escenas de celos y nuevas recaídas a Howard. En un momento, cuando se detiene repentinamente a filosofar sobre las imágenes y los sonidos que le despierta la limpieza del suelo, es muy difícil no ver a Howard como un combatiente hablando de traumas de la guerra. Beware, My Lovely, como las demás películas de The Filmmakers, le apuntaba a su contemporaneidad, es otra posguerra la que la película tiene en mente y ese 1918 acaso sea su manera de filmar, sin declararlo, el malestar de esos hombres que regresaban trastornados de la batalla y los efectos con que este malestar adquirido afuera ya empezaba a ramificarse en los pliegues de la cotidianeidad estadounidense.



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