Aún estoy aquí 

La familia Paiva vivió un verdadero calvario en la Río de Janeiro de los años ´70. Rubens Paiva, ex diputado de un partido de izquierda, fue secuestrado por la dictadura en 1971. La película de Walter Salles se propone reconstruir esta historia a partir de un libro de memorias de su hijo, Marcelo Rubens Paiva. La propia familia de Salles era amiga de la de Marcelo y el director solía frecuentarlos en su juventud. Una historia entonces muy personal como sustento para Aún estoy aquí, una película que figura entre las nominadas para la próxima entrega de los Oscar y probablemente gracias a ello obtenga mayor visibilidad. Eso ya es una buena noticia, más allá de lo que ocurra con los premios.

Desde el momento del secuestro todo el peso dramático recae en Eunice Paiva, mujer de Rubens, que vive la completa incertidumbre sobre el paradero de su marido y que a pesar de todo debe ocuparse de sus cinco hijos. Su deriva ante lo arbitrario y absurdo y su contenida fortaleza sostienen todo lo sucederá de ahí en más. Su historia cruzándose con la Historia de su país y su tiempo. Semejante peso es llevado con elegancia por Fernanda Torres, con una labor extraordinaria que también está siendo muy reconocida en esta temporada de premios.

Fernanda Torres, notable

Pero antes de ese episodio la película se toma su tiempo para mostrarnos la vida confortable de ese familia, previa a una tragedia que sabemos será inevitable, su primer mérito es instalar ese paraíso que pronto será un paraíso perdido pero que ya es mostrado con la fuerza y la calidez de un recuerdo. La ambientación de época es impecable y también hay que destacar el montaje de Alfonso Gonçàlvez para apuntalar esa una narrativa que de ahí en adelante será completamente lineal. Por otra parte la buena música de Warren Ellis por momentos se empantana en algunos momentos subrayados. Pero lo que prevalece es la empatía que generan cado uno de los miembros de esa familia, con sus particularidades y su dolor a cuestas. El drama va creciendo pero ellos no pierden su luminosidad, a pesar de todo.

La familia Paiva

Otro acierto de la película, a mi juicio, es el de mantener cierta prudente distancia al mostrar el horror de lo que ocurre. La película recuerda a algunas de las que se hicieron en Argentina sobre este tema, sobre todo en los años ´80, pero a diferencia de ellas no explicita el padecimiento de los secuestrados, aunque todo quede muy claro. El propio personaje de Eunice debe mantener la serenidad ante sus hijos, aunque explote en un breve y liberador momento que está entre lo mejor de la película. Más allá de eso la procesión va por dentro. También se la ha comparado con Argentina 1985, pero esto es más por la temática que abarca y por el gran reconocimiento que está obteniendo.

No conviene adelantar demasiado de la trama, solo mencionar algo que ya aparece en el tráiler, la historia se despliega a lo largo de mucho tiempo, hasta llegar casi a la actualidad. La mayor parte del metraje está dedicada a ese primer y doloroso año del secuestro. Cuando la historia avanza lo hace muy rápido y eso puede resentir un poco el desarrollo, aunque sea clara la intención de contar la historia completa de Eunice. La película se reserva un papel pequeño pero clave para Fernanda Montenegro, madre en la vida real de Fernanda Torres.

Sobre el director

Walter Moreira Salles Jr. nació en Río de Janeiro en Abril de 1956. Hijo de un banquero y embajador del mismo nombre, estudió economía en Brasil y luego realizó una maestría en Comunicación Audiovisual en la Universidad de California. Una curiosidad, buscando su nombre en Wikipedia uno se encuentra con que también es piloto de automovilismo, pero esto es un error, aunque sí existe un piloto del mismo nombre.

Su primer trabajo conocido como realizador es una serie sobre la cultura japonesa, con un episodio dedicado íntegramente al cine de Akira Kurosawa. Pero es su segundo largometraje como director el que empieza a darle prestigio. Tierra extranjera (1995) es un retrato en blanco del Brasil de los ´90 y de jóvenes que migran a Portugal que ya contaba con el protagónico de Fernanda Torres. Esta película fue codirigida junto a Daniela Thomas.

Luego llegaría la que sigue siendo (por lo menos hasta la próxima entrega de los Oscar) su película más reconocida, Estación Central (1998), con Fernanda Montenegro (recordemos, madre de Fernanda Torres) en el protagónico y más de 55 premios internacionales, fue nominada al Oscar para mejor película internacional y para mejor actriz, al igual que Aún estoy aquí, y quedo relegada por una película-fenómeno que se llenó de nominaciones, La vida es bella, como sucede ahora con Emilia Pérez. Más allá de los reconocimientos, la película es un emotivo retrato del Brasil profundo, con mucho de clasicismo y también algo de Cinema Novo, haciendo equilibrio, como en el film anterior, entre lo íntimo y lo social. Ese mismo año también estrenaría la mucho menos conocida O primeriro día, también codirigida con Thomas.

Estación Central

Detrás del sol (2001) también es un trabajo en colaboración, dirigido junto a Emrah Semith Kosar. Daniela Thomas se ocupó en este caso del guion junto a dos futuros directores, Karim Ainuz, que un año después haría Madame Satá, y Joao Moreira Salles, hermano de Walter, que en el 2007 estrenaría su excelente documental Santiago. Detrás del sol es una dura historia de dos familias terratenientes enfrentadas. Y una vez más se destaca la extraordinaria fotografía, responsabilidad de Walter Carvalho, como en los films anteriores.

Siguió otra de sus películas más conocidas, Diarios de motocicleta (2004), sobre el mítico viaje del Ernesto Guevara por Latinoamérica antes de convertirse en el Che. Un suceso que le valió entre otras cosas, un Oscar a Mejor canción para Jorge Drexler (aunque no le permitieron cantarla, él lo hizo igual al recibir el premio en un bello acto de desobediencia). Se destacan muchas cosas de esta película, y entre ellas la banda sonora de Gustavo Santaolalla, que no fue nominada pero que ganaría el premio en los dos años siguientes.

Lo siguiente para Salles fue un trabajo por encargo para consolidarse en Hollywood, una remake de una película de terror japonesa, Agua turbia (2005). Ese año también produjo el film debut de Julia Solomonoff, Hermanas, con Valeria Bertuccelli, Ingrid Rubio y un por entonces desconocido Pedro Pascal.

De allí en adelante sus trabajos de dirección fueron más espaciados y no tuvieron tanta repercusión, Línea de pase (2008), otra película hecha junto a Daniela Thomas, sobre cuatro hermanos que viven en los suburbios de San Pablo, su protagonista, Sandra Corveloni, se quedó con el premio a mejor actriz en el festival de Cannes por este trabajo. Luego llegaría En el camino (2012), adaptación, quizás demasiado fiel y respetuosa de la muy conocida obra de Jack Keruac que tuvo críticas mixtas. Jia Zhangke, a guy from Fenyang (2014) es un documental sobre el director chino (que seguramente tenga pronto un segmento como este en un artículo que analice su interesante filmografía).

Salles junto a los protagonistas de Aun estoy aquí

Aun estoy aquí es su primer largometraje en 10 años y supone un regreso con gloria, como otros que hemos visto en artículos previos. Todas las carreras tienen sus caminos sinuosos. Por eso es para celebrar que este regreso sea abordando un tema tan vital para Latinoamérica. El ejercicio de la memoria es tan doloroso como necesario.

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