La Verdad No Se Compra 

Escena 1: En un escritorio desordenado
(Se ve a Job sentado frente a una pantalla, rodeado de papeles desordenados y una taza de café medio vacía. Está mirando la pantalla con frustración. Su cara refleja cansancio, pero también determinación. La cámara se acerca a sus ojos, que se fijan en los comentarios de su último artículo.)

Job (pensando en voz alta):
A veces siento que cuando escribo, no solo pongo palabras. Pongo todo lo que soy, lo que siento, lo que pienso. Pero todo eso... parece desvanecerse en el aire. Porque los comentarios... los likes... no me dicen nada. ¿Qué valor tienen esos clics vacíos? ¿Qué sentido tiene que alguien ponga un like sin ni siquiera leer?

(Se enfoca en un comentario genérico que no aporta nada, luego suspira y mira el reloj. La cámara corta a su cara, visiblemente molesto.)

Job (pensando):
No me importa seguir el juego de los demás. Es fácil poner un URL, compartirlo sin leer... eso es lo fácil. Pero yo no escribo para eso. Yo no estoy aquí para hacerme popular a base de superficialidades. Estoy aquí porque de alguna manera, mis palabras deberían impactar, dejar algo. No por los premios vacíos, sino por una conexión real. Eso es lo que busco.

(En ese momento, su pantalla parpadea, y llega una notificación de un comentario sincero. Job lo lee. El tono de su rostro cambia, se suaviza.)

Job (pensando):
"Este artículo me hizo ver la película de otra forma... me hiciste pensar." Eso... eso es lo que vale. No me importa cuántos premios se crucen en mi camino, si tengo un comentario así, ya gané.

Escena 2: Flashbacks de experiencias pasadas
(Se muestran escenas de Job escribiendo en sus primeros días, el entusiasmo de comenzar, seguido de la frustración al ver comentarios vacíos y el flujo de likes rápidos pero sin sustancia.)

Job (voz en off):
Cuando comencé, tenía la esperanza de que lo que escribiera generaría algo más que simples clics. Pensé que los premios serían la recompensa natural, que las personas lo leerían y lo valorarían. Pero al final me di cuenta de algo: todo eso, los comentarios rápidos, los "me gusta" sin alma, no son lo que importa. El premio verdadero no se mide por la cantidad de clics. Se mide por la autenticidad. Y a veces, sólo uno o dos comentarios genuinos son lo que marcan la diferencia.

Escena 3: En la conversación consigo mismo
(Job está de pie frente al espejo, pensativo, casi como si hablara consigo mismo, con una mirada más decidida.)

Job (hablando en voz alta):
Si algún día gano un premio, quiero que sea porque lo que escribí realmente llegó a alguien. No quiero ser el tipo de escritor que solo acumula premios vacíos. No. Yo escribo para hacer pensar, para dejar algo en el aire que no se olvide tan fácilmente. Si eso me da un premio, perfecto. Pero si no... que no sea ese el motivo para seguir escribiendo.

Escena 4: Job recibiendo un comentario sincero
(La cámara muestra a Job recibiendo un mensaje en su teléfono. Se nota que está sonriendo sinceramente mientras lee el comentario.)

Job (pensando):
La verdad, la autenticidad, no siempre llega de inmediato. Pero cuando llega, vale más que cualquier premio. A veces, el reconocimiento real no tiene que ver con trofeos ni con títulos. Tiene que ver con el impacto que dejas en alguien, con el pensamiento que despiertas. Ese es el verdadero premio.

Cierre:
(La cámara se aleja mientras Job toma nuevamente su pluma y comienza a escribir con más ganas, como si cada palabra tuviera un propósito más grande.)

Job (voz en off):
La verdad no se compra con likes. La verdad se gana con el alma, con la sinceridad de lo que compartes. Y eso, eso es lo único que realmente importa.

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