Perfume de violetas: La única traición que seguimos heredando. Spoilers

No hay mejor retrato del México de inicio de los dos miles como el que nos presentan en esta entrega. Y es que por años nos han vendido la maravilla de nuestro país, la perfección de las ciudades, el crecimiento de la economía, los monumentos, las fachadas, la gastronomía y todos esos pueblos mágicos que atraen turistas dispuestos a dejar su dinero con tal de vivir la experiencia mexicana. Que absurdo que al voltear la moneda nos encontramos con una realidad tan distinta, un contraste lleno de delincuencia, violencia, agresiones, ciudades en mal estado, falta de oportunidades, carencia de servicios básicos y una educación tan deficiente que parece no mejorar.

Perfume de violetas es una película del 2001, del año en el que nos prometieron un cambio. Nos aseguraron que el antiguo gobierno era el cáncer a erradicar para progresar. Veinticuatro años más tarde seguimos escuchando la misma promesa y ese México agresivo y tóxico sigue igual o peor (Sin el afán de inmiscuir en partidos políticos). Nada cambia y por muy triste que se escuche, no creo que lo haga, estamos sumergidos en una enorme piscina de tragedias dónde la justicia se la pasan por arco del triunfo y las voces de ciertas clases sociales son silenciadas porque no tiene sentido que su eco se oiga en las noticias, en las ciudades que si están progresando o en las afueras del país.

La película nos cuenta la historia de Jessica y Miriam. Dos adolescentes que estudian en una secundaria diurna de la ciudad de méxico. No estoy seguro si hacen mención de ello, pero los que vivimos en la capital sabemos que las secundarias técnicas y diurnas se diferencian por el color del uniforme. Así como el presupuesto invertido en unas u otras. Las dos adoescentes se conocen en el salón de clases. Jessica es rebelde, agresiva y la han corrido de otras escuelas debido a esa actitud tan a la defensiva, Miriam es lo contrario, dulce, amable, estudiosa, no tiene amigas debido a esa manera tan noble de ser y aunque pareciera que las dos son polos opuestos comienzan a entenderse, ya que tienen algo en común que estoy seguro compartimos la mayoría de la sociedad mexicana. Padres ausentes.

Provengo de una clásica familia disfuncional mexicana, desde los 5 años estudié en escuelas públicas. Conozco decenas de historias de amigos y compañeros que se tenían que enfrentar a esta realidad violenta. Presencié y viví algunas de ellas. A los diez años corrí para salvaguardar mi seguridad cuando era perseguido por un adulto extraño, su única intención era lastimarme. Pasaba mis tardes a solas debido a que mis padres se veían en la necesidad de trabajar. Escuchaba sus instrucciones meticulosamente, al llegar de la escuela debía encerrarme con llave y que no se me ocurriera abrirle a tal vecino. A los trece vi a compañeras enamorarse de hombres adultos que las agredían y manipulaban a su antojo. Presencié peleas por territorio, honor y me tocó escuchar balazos en las calles en las cuales caían victimas al día siguiente. A los catorce fui violentado solo por ser amigo de alguien, bandas de colonias vecinas me amenazaban porque algún colega andaba con tal mujer, incluso en más de una ocasión tuve que escapar de fiestas y llevarme a esos amigos, pues la tragedia nos acechaba. A los dieciséis asesinaron a un gran amigo que hice en la escuela, quien se envolvió en la violencia y el crimen, ya que nunca se sintió capaz de superarse en algo distinto. Así que, si me preguntan cuál es el México que recuerdas en tú adolescencia, perfume de violetas tiene un buen retrato, mi respesta apuntaría hacia ella sin dudarlo. Maryse Sistach, directora del filme, conocía a la perfección el país, sabía de qué pie cojeaba, ubicaba la realidad de la sociedad y todos aquellos males que envuelven a los jóvenes.

Perfume de violetas nos retrata la amistad en un mundo podrido, en un lugar corrompido donde la traición hará de las suyas y la famosa ley del más fuerte es una realidad y es tangible. Pero hagamos un rápido análisis de los personajes.

Jessica.

Como ya lo mencioné, era una chica agresiva, grosera, altanera y como muchos la describirían, sin educación o valores. Pero nadie nace y crece siendo de tal forma ¿no? provenía de una clase económica muy baja, con una madre igual de altanera, grosera e irresponsable. Una señora sin tacto, sin la mínima intención de aconsejar, apoyar y cuidar a su hija. Para su madre, Jessica era un dolor de cabeza, quizá se trataba de un machismo interiorizado y se reflejaba en su hija, lo cual la llevaba a pensar que las mujeres son inservibles, que si a ella le había ido mal, su primogénita correría con la misma suerte. Jessica también vivía con su padrastro, un hombre que poco se le ve en pantalla, pero que es parte fundamental de la trama, ya que se nos hace saber que es alguien poco trabajador, agresivo y adicto a la bebida. Hay una escena donde Jessica le entrega dinero a su madre y en un diálogo nos abre la ventana para especular sobre toda la personalidad del hombre sin la necesidad de indagar o explicar de más. En la misma casa se encuentra su hermanastro, la verdadera escoria del mundo. Un hombre sin escrúpulos, sin visión y con una ambición mal orientada. Un sujeto con mirada posesiva, intimidante y egoísta, alguien que solo por tener testículos entre las piernas obtiene la aprobación automática de su padre y madrastra, quienes ya lo ven como ejemplo.

¿De dónde podría sacar Jessica los buenos “valores” si su familia es peor? ¿Qué percepción podría tener del futuro? ¿Qué podría pasar por su cabeza si lo único que se le ha enseñado es a conformarse y violentar a los demás?

Jessica es una mujer necesitada de amor, no conoce lo que es una madre cariñosa, no sabe lo que es un hogar, vive con miedo y de constantes señalamientos hacia su persona, todo el tiempo le hacen saber que es inútil, que es tonta, fea y pobre, por eso utiliza la violencia como escudo de defensa. Muchos traumas la atormentan y esa es la razón de qué por las noches orine la cama como un niño que le teme al monstruo en el armario. No sabe dar afecto, no conoce la lealtad, vive al día como su madre y esta dispuesta a quedarse con quien le dé una palmada en la espalda.

Miriam.

Después tenemos la contraparte. Miriam es una adolescente noble, dulce, cariñosa y solitaria. Su nivel económico es mejor que el de su nueva amiga, pero no por mucho. Su madre pertenece a la clase trabajadora, es vendedora en una tienda de zapatos en la colonia Tacubaya. Como muchas mujeres en el país es desconfiada, pues tiene que educar a su hija sola y por ende se ve forzada a laborar todo el día para darle una vida decente. Su madre es consciente de los peligros de la ciudad, quizá ha estado en contacto con el mundo detestable, con las agresiones hacía las mujeres y sabe que su único objetivo es cuidarla bajo lo que cree conveniente, por ello le pide que al llegar a casa se encierre y solo se dedique a estudiar. Para muchos jóvenes nos parecería una medida exagerada, pero cuando ves el mundo te das cuenta que no hay de otra, son dos mujeres solas en una de las colonias más peligrosas.

Estas medidas hicieron que Miriam se volviera temerosa, que no tuviera amigas, que hablara poco, que sus tardes las viera desde la ventana y que su único contacto con el mundo fuera cuando iba a la escuela o alcanzaba a su madre en el trabajo para hacer la compras. Se vio obligada a privarse de la juventud y toda la diversión que esta conlleva. Su meta era estudiar para salir adelante y no tener la necesidad de trabajar horas extras en un sitio mal pagado, con clientes groseros y jefes abusivos, todo esto con el fin de juntar unos cuantos pesos para comprar una televisión, es decir, se dedicaría a estudiar para vivir y no sobrevivir.

Conflicto.

La primera vez que vi esta película tenía doce años, el cine mexicano en aquellos años era increíble, los creadores, directores y guionistas tenían algo en la mente y lograban generar la armonía adecuada para obtener su visión con un presupuesto bajísimo, teníamos oro en las manos y no lo sabíamos. Esos tintes realistas, las tomas de la ciudad y los sets que utilizaron para darle vida a la historia en la actualidad me resultan una genialidad. Poco había ido a la capital, pero me sentía familiarizado con lo que aparecía en pantalla. Perfume de violetas es todo lo que no nos gusta hablar, lo feo, lo grotesco, el México amarillista, la violencia sexual, física y mental hacía la mujer. Es el México machista y agresivo que está lejos de tomar consciencia justo porque no queremos ver la realidad, no queremos entablar el diálogo y mucho menos deseamos entender lo que sucede. La trilogía de Maryse me parece una joya del cine moderno mexicano, si es que así lo puedo llamar. Tres películas que sí o sí estas obligado a ver para entender tu país, ese tan folclórico que vemos en la televisión.

El conflicto de la trama es la traición, pero no la de Jessica hacia Miriam. Sino la de los adultos con los más jóvenes. La lucha generacional es una batalla absurda que no tiene sentido, nuestros abuelos trataron de educar a nuestros padres con la misma regla que a ellos, con mano dura, con trabajo hasta el cansancio, con las mismas ideas del pasado. Nuestros padres hicieron lo mismo y es que no hemos entendido que somos moldeados para un futuro que ya no existe. Cargamos con una educación arcaica que traiciona la evolución, el progreso, los sueños y las metas de las nuevas generaciones. Creemos fielmente que si nosotros sufrimos y estudiamos bajo el sol, los adolescentes deben pasar por las mismas circunstancias, los debemos arrastrar para que entiendan el sentido de la vida y entonces caemos en el mismo círculo violento del país.

Jessica fue traicionada por la sociedad que no confiaba en ella, su madre la agredía sacando las frustraciones de su vida entera, pasándole los problemas como si ella fuese la culpable de tenerla, de hacerla vivir en la miseria y de provocar que se casara con un hombre violento para traer otro hijo al mundo. Fue traicionada por los profesores de las escuelas públicas que no tienen la mínima intención en ayudar a los alumnos, de orientarlos, de brindarles oportunidades, por alguna razón se vuelven en simples cuidadores, policías cuidando a reos. Por ello Jessica vio en Miriam a una amiga, a su primera amiga que la hacia sentir especial, que la quería con todos sus defectos, que le regalaba abrazos y la llenaba de halagos sin pedirle nada a cambio. Miriam fue traicionada por la misma sociedad, una que no le permitió ser extrovertida, que no la dejaba salir, que no le permitió vivir ni explotar el mundo como el resto, un conjunto de adultos que no estaban dispuestos a cuidarla.

Jessica y Miriam lograron una mancuerna debido a qué se enfrentaron a un lugar de adultos sin oídos y entre ellas aprendieron a escucharse, se comprendían y se amaban. La traición de la sociedad le hizo a Jessica sacar sus más bajos instintos, actuar con base a su necesidad, y es que a pesar de tener la peor madre, fue capaz de robar para darle algo y demostrarle que puede ser indispensable y que no era tan inútil como siempre le hacía saber. Las dos adolescentes son las víctimas en una sociedad corrompida. Perfume de violetas nos restriega en la cara lo malo de nuestras acciones ¿En qué momento te vuelves adulto y dejas de oír? ¿Crees que se deba a la realidad? ¿El mundo mismo apaga nuestra esencia, nuestras ganas y hurta la sonrisa? ¿Qué hemos hecho para erradicar la violencia? ¿Qué hemos hecho en los últimos 24 años?

Es duro ver este filme y después mirar las noticias. Nada cambió, crecimos y nos dejamos envolver por la nube negra, esa que tanto nos lastimó. Ahora somos parte de ella y la hemos convertido en algo más grande y poderoso. Perfume de violetas le regaló a Jessica en la última escena ese abrazo que tanto necesitaba y les escupió a los adultos que son tan culpables como la protagonista por lo que le hizo a su amiga.

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