Una de las máximas figuras del cine de Polonia
Al analizar la historia del cine de Polonia se advierte que son varios los realizadores que, a través del tiempo, alimentaron la fama de una de las grandes cinematografías mundiales.
Una primera generación podría incluir a una lista de directores, ya todos fallecidos, compuesta por cinco nombres, nacidos en la década del ‘20: Andrzej Munk, Jerzy Kawalerowicz, Jerzy Passendorfer, Wojciech Has y Andrzej Wajda.
Aun siendo enojoso tener que elegir a uno de ellos, ya que todos tiene sus merecimientos, posiblemente sea Wajda la máxima figura por la magnitud de su obra y el reconocimiento internacional (Palma de oro de Cannes, Oscar honorario, Golden Globe, etc.) de la misma.
Una segunda generación comprende a realizadores, de la década del ’30, aún activos en la actualidad. Son ellos Roman Polanski, Jerzy Skolimowski y Krzysztof Zanussi.
Sólo uno, apenas algo posterior ya que nació en 1941, falleció cuando todavía no había cumplido los 55 años. Se trata de Krzysztof Kieslowski, a quien Zanussi, presidente de Tor Film, apoyó y de alguna manera tuteló, aunque apenas le llevaba dos años. La amistad de este cronista con el director de La estructura de cristal y El año del sol quieto, le permitió durante una visita a su casa en Varsovia, conocer detalles de la vida de Kieslovski.
Completando la lista de grandes realizadores polacos parece pertinente agregar los nombres de Agniezka Holland (también apoyada por Tor) y Pawel Pawlikowski (Ida).
La obra de Kieslowski es muy vasta (unos cuarenta títulos) incluyendo cortometrajes, films para la televisión, una muy famosa serie (Decálogo) y diez largometrajes. El primero de estos últimos (La cicatriz,) es de 1976 y no fue estrenado en Argentina.
En cambio, el siguiente (Amator/El aficionado) de 1979 se conoció a inicios de 1981, donde incluso aparece el propio Zanussi. El título alude a un joven, interpretado por el gran actor Jerzy Stuhr, que se compra una cámara para filmar al hijo que acaba de nacer. Sin embargo, su obsesión con las filmaciones en la fábrica donde trabaja y su posterior ingreso a la televisión harán que su esposa sienta que un intruso (cámara) ha ingresado en su hogar y decida separarse.

Durante la primera década del ’80, la producción de Kieslovski fue escasa, pero en 1985 y 1987 dirigió otros dos largometrajes: Sin final y El azar respectivamente, tampoco estrenados por estas latitudes.
La verdadera consagración se produce en 1988 con No matarás (vista en Cannes) y Una película de amor (San Sebastián), cuyos títulos originales literalmente se traducen como “un corto film” sobre el “asesinato” y el “amor” respectivamente, aunque ambos duraban casi noventa minutos.
Ambos integrarían luego una miniserie para la televisión de diez capítulos conocida como Decálogo, aunque con duraciones que no sobrepasaban la hora y que se vieron por la televisión (polaca entre otras) entre 1989 y 1990. Cada uno de los capítulos refería a uno de los pecados capitales bíblicos y uno se pregunta si de haber vivido más tiempo el director hubiese expandido algunos otros capítulos a su versión fílmica, aunque probablemente no hubiese sido ese el caso.
No matarás ocupa el mismo lugar dentro del decálogo, en posición semejante al mandamiento de Moisés, aunque fue el primero del punto de vista de su rodaje. Son tres los personajes centrales: un taxista de Varsovia, un joven vagabundo que lo mata gratuitamente en un suburbio de la capital, a orillas del Vístula y por último un abogado recién recibido, contrario a la pena de muerte, y que lo defenderá infructuosamente. Si por un lado el director muestra crudamente la crueldad con que la víctima es asesinada, sin motivo aparente, por la otra también con igual frialdad exhibe los preparativos para su ajusticiamiento por la horca. En verdad casi podría decirse que la mayor víctima es el joven e idealista letrado, que siente como un fracaso su intento de defensa que no resulta exitoso.

Un tono completamente diferente es el que exhibe Una historia de amor donde, quien esto escribe, decidió comparar la versión reducida del Decálogo con la de la película, que dura media hora más. Tomek es un joven inexperimentado en el amor que trabaja en el Correo y cuya obsesión (mejor sería decir devoción) es una joven algo mayor que vive en un edificio enfrente del suyo. Magdalena (tal su nombre) ignora que él la mira a través de un catalejo e incluso que en más de una oportunidad la llama por teléfono, tan solo para oír su voz y sin responderle. Para acercarse aún más consigue un segundo trabajo de lechero, de manera que temprano por la mañana le lleva una botella de leche, algo habitual en la Polonia comunista. Cuando finalmente ella descubra que sus visitas al Correo eran por falsos avisos que Tomek elaboraba, este le declarará que todos sus actos eran por amor. Magdalena lo invitará a su casa y le ofrecerá hacer el amor, pero la inexperiencia del joven frustrará el intento y lo llevará a un intento de suicidio. Tomek se repondrá, pero al final la situación se revertirá con ella intentando recuperarlo. El final no es el mismo en ambas versiones y es interesante señalar que la bella actriz (Grazyna Szapolowska) convenció a Kieslovski cambiarlo y que en la versión fílmica el último fotograma la mostrara con una leve sonrisa.

Durante su última media década de vida (Inicios de los noventa), Kieslovski nos ofreció cuatro obras mayores del cine que vale la pena detallar seguidamente y que tienen en común haber sido filmadas casi todas en países francofonos, extrayendo de sus actrices soberbias interpretaciones.
La doble vida de Verónica (1991) transcurre aun parcialmente en Polonia y el resto en Francia. En verdad el título no refiere a una doble vida sino más bien a dos personajes de idéntico aspecto y diferente nacionalidad. Sobresale la belleza angelical de Irene Jacob tanto en su Veronika polaca como en la Véronique francesa, que se cruzarán a cierta distancia en Cracovia y con un elemento en común: la música. La primera es cantante lírica mientras que la otra es profesora de música y ambas comparten la misma fragilidad cardíaca y solo una sobrevivirá. Hay todavía un tercer personaje, un titiritero, interpretado por el belga Philippe Volter, que conoce a Véronique en Polonia y cuyo rol será importante y misterioso. La música del compositor Zbigniew Preisner y el guion coescrito por Krzystof Piesiewicz, ambos habituales colaboradores del director, contribuyen a la calidad de la película.

Entre 1993 y 1994, dirige una trilogía y los que serán sus tres últimos largometrajes, cuyos nombres corresponden a los tres colores de la bandera de Francia y cuyo orden se corresponde con el lema de la República Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
El primero de los films es Trois couleurs Bleu o sencillamente Bleu, cuyo protagonismo central está a cargo de Juliette Binoche. Ella es Julie, a quien se la ve al inicio intentando un suicidio con pastillas, que no termina de consumar. Ella ha perdido a su marido e hija en un accidente de carretera, siendo la única sobreviviente. El esposo estaba componiendo un concierto para la Unificación de Europa, cuya partitura decide destruir. Cuando se muda a otro departamento conoce a una prostituta, a la que el consorcio amenaza expulsar, pero gracias a su oposición y creciente amistad logra evitar. Descubre además que su marido tenía una joven amante a la que dejó embarazada pero finalmente decide acogerla, recuperando una copia de la partitura que permite finalmente el estreno de la obra que componía con su marido. De esta manera rompe con su pasado y gana de esa manera la libertad interior tan ansiada.

Blanc es quizás el menos logrado de los tres films y donde al inicio Dominique (Julie Delpy) logra un veredicto favorable a su decisión de divorciarse del peluquero Karol (Zbigniew Zamachowski), al que acusa de no haber consumado el matrimonio. Su ahora ex marido termina mendigando en el métro de Paris y conoce a Mikolaj, que le ofrece viajar a Polonia en avión dentro de una valija y a cambio de que Karol lo mate (pues ya no quiere más vivir). Mikolaj cambia de idea y, decide vivir y lo ayuda en su deseo de venganza. Para ello simulan que Karol murió logrando que Dominique viaje al “entierro”. Cuando luego ingresa a su hotel descubre que el marido está vivo, pero ahora el amor se consuma y la “igualdad” entre ambos logrará unirlos.

También de 1994 es Rouge en que Kieslovski vuelve a dirigir a Irene Jacob (Valentine), una modelo cuya pareja está siempre de viaje. Accidentalmente atropella a un perro que la relaciona con un ex juez (Jean-Loius Trintignant) cuya obsesión es escuchar las conversaciones telefónicas de los vecinos, lo que ella le critica. Valentine descubrirá que la esposa del juez lo abandonó por otro lo que la lleva a convencerse que su crítica quizás no sea justa. Ella abandona su residencia en Ginebra, por un nuevo trabajo en Ginebra, viajando en ferry a Inglaterra. al final se anuncia que ha habido un trágico accidente en el Canal de la Mancha con 1400 muertes y muy pocos sobrevivientes entre los cuales Valentine, Dominique (Delpy) junto a Karol y Julie (Binoche). Rouge, su obra póstuma, junto a Una historia de amor son los mayores films de Kieslovski.

Como me expresara Zanussi, su “tocayo” y en cierto sentido mentor, Kieslovvski se dejó morir en parte por una crisis cardíaca, peroa la que quizás no ofreció suficiente resistencia. En el documental Estoy así-así (1995) afirma en un momento que ”tengo una sola cualidad, soy pesimista. Si a algo le temo es al futuro. Es un agujero negro para mí”.




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