Cicatrices y sombras 

Sinopsis

Es 1 de septiembre otra vez, y Hogwarts abre nuevamente sus puertas para un año escolar diferente a cualquier otro. La guerra terminó, pero algunas heridas siguen abiertas. Hermione Granger regresa decidida a completar su educación, mientras que Ron Weasley, embriagado por la fama que le concede su nueva posición como héroe de guerra, disfruta de una atención sin igual. Harry, por su parte, solo quiere paz y tranquilidad junto a Ginny Weasley.


Pero no todos tienen una cálida bienvenida. Draco Malfoy, el único de su generación de Slytherin que ha regresado, camina solo por los pasillos del castillo, marcado por su pasado y por la sombra de un apellido maldito; sin embargo, el destino tiene otros planes. Hermione y Draco han sido seleccionados como premios anuales, así que están destinados a compartir una torre exclusiva y apartada de miradas curiosas.


Cuando Ron traiciona la confianza de Hermione con Romilda Vane, el mundo de la castaña se derrumba. Herida y lastimada, comienza a notar la presencia silenciosa de Malfoy, quien es el único que no la mira con lástima. Poco a poco, el muro que los mantiene distanciados comienza a derrumbarse, y algo más que una amistad surge entre ambos, mientras una nueva amenaza se cierne sobre la paz reinante.


Capítulo I


Las cenizas de la guerra y las semillas de la esperanza

El 1 de septiembre de 1998 amaneció cubierto por nubes grises, como si el cielo presagiara los eventos que estaban por desarrollarse en el mundo mágico. Los estudiantes que abordaban el andén 9 ¾ estaban sumidos en un miedo extremo; sin embargo, sus padres mostraban un semblante aún más preocupado y sombrío. Había muchas familias cerca de la locomotora escarlata, pero un grupo numeroso destacaba entre la multitud.

—Quiero que me escriban cada día —dijo la señora Weasley, con el rostro cubierto de lágrimas por la inminente separación. Tras la guerra, había hecho todo lo posible para que sus hijos, Harry y Hermione, no se apartaran de su regazo. Fueron días difíciles, especialmente porque las comparecencias en los juicios eran obligatorias. Además, las nuevas parejas necesitaban algo de privacidad.

—Mamá, todo estará bien —aseguró Ginny.

—Ella tiene razón, no vamos a correr ningún riesgo —coincidió Harry.

—Además, podemos defendernos solos, mamá —explicó Ron—. ¿Verdad, Hermione?

La castaña estaba distraída, observando a su alrededor. Desde la batalla de Hogwarts, Hermione había adoptado un semblante más reservado debido a la presión social. La comunidad mágica había puesto su atención en el "Trío de Oro", pero solo Ron acudió al llamado. Ella no estaba lista. Puede que nunca lo estuviera, pues sus heridas iban más allá de lo físico. Por su parte, Harry solo deseaba paz y tranquilidad junto a Ginny, así que no fue sorpresa para nadie cuando ambos retomaron su relación. Pero ella, Hermione, aún no sabía qué quería.

Lo cierto es que Hermione todavía tenía pesadillas por lo vivido en la Mansión Malfoy. Su brazo conservaba las cicatrices de las palabras grabadas en su piel: Sangre Sucia, un recuerdo imborrable que le provocaba una tormenta de emociones difíciles de explicar. También estaba el otro asunto: Greyback. Cuando había visto al hombre lobo sobre el cuerpo inerte de Lavender, no lo pensó dos veces y lanzó la maldición asesina, acabando con la existencia de aquel ser miserable. Pero cuando la batalla terminó, comprendió que había quitado una vida... y no sabía cómo lidiar con ello.

—Claro, señora Weasley, volveremos para Navidad —respondió la chica.

El silencio se apoderó del grupo, hasta que Harry decidió romperlo para evitar una situación incómoda para su mejor amiga.

—Sí, todo estará bien, señora Weasley. Por eso volveremos sanos y salvos para las vacaciones.

El estruendo del motor puso fin a la conversación, pues todos se apresuraron a abordar el tren. A medida que la locomotora avanzaba, la señora Weasley se perdía en la distancia. Ella era la mujer más fuerte que el grupo había conocido; no se derrumbó frente a ellos, pues hacerlo habría arruinado la despedida.

—Bueno, lo mejor será buscar un compartimiento —sugirió Ginny.

—Tranquila, hermana —dijo Ron—. Primero tenemos que atender a nuestros admiradores.

Ron no se equivocaba: un gran número de estudiantes los rodeó. Todos querían ver a sus salvadores y ahora, líderes indirectos. Se había filtrado información de que el Trío de Oro había emprendido una misión secreta para poner fin al reinado de Lord Voldemort.

Harry ignoró los comentarios y solo aceptó la Primera Orden de Merlín con la condición de que también se le otorgara a Severus Snape. Hermione, por su parte, solo aceptó el reconocimiento como una forma de compensar a sus padres por el infierno indirecto que vivieron por su culpa. Ambos se habían retirado a Australia y vendieron su antigua casa, quedando varados en la otra parte del mundo. Su vida cambió para siempre, pero cuando la castaña los encontró y les explicó todo, recibir la distinción más alta del mundo mágico los llenó de orgullo.

No obstante, Ron supo aprovechar al máximo su situación. El pelirrojo llevó a cabo entrevistas una tras otra, su nombre se hizo conocido en todo el mundo mágico e hizo que Sortilegios Weasley fuera reconocida como una marca internacional. Sí, en pocos meses el negocio familiar se expandió, igual que el ego de Ron.

—Será mejor que dejes de hacerlo —dijo Ginny.

—Vamos, solo me divierto —dijo Ron mientras saludaba a varias chicas—. Tenemos una responsabilidad como héroes.

—No lo veo como responsabilidad —increpó Harry.

—Déjame disfrutarlo —expresó Ron con molestia.

—No somos héroes —dijo Hermione—. Solo somos sobrevivientes.

El grupo había notado que Hermione no estaba lista para volver a la vida social. Cada cierto tiempo lanzaba comentarios cargados de incomodidad que hacían recordar a los dichos por Luna.

—Ya hemos hablado de esto —dijo Ron mientras la rodeaba con sus brazos.

A pesar de todo, la calidez de Ron era un gran alivio. Ella sabía que su novio disfrutaba de su fama de forma sana. Claro está, le molestaba que estuviera rodeado de admiradoras, pero estaba segura de que Ron se comportaría. Era un idiota, pero no esa clase de idiota.

—Lo siento —admitió Hermione—. Es difícil.

Mientras el grupo se encontraba absorto en sus pensamientos, en un solitario vagón un chico meditaba sobre su futuro. Lo cierto es que Draco Malfoy había tomado una decisión controvertida. Volver a completar su educación fue una noticia que tomó por sorpresa a sus padres, en especial a Narcisa, quien pensaba que su vida correría peligro, pero el rubio ya había tomado una decisión.

—Hola, ¿puedo pasar? El tren va lleno —dijo una voz soñadora.

Draco volteó y se quedó sorprendido al ver a Luna Lovegood. La última vez que ambos habían estado a solas fue cuando la chica estuvo cautiva en su mansión. No veía incomodidad en su rostro, solo una gran tranquilidad.

—Yo, preferiría… mejor me retiro —dijo Draco.

—No me molesta tu presencia —admitió Luna.

La chica entró al vagón y después de acomodar sus cosas, se sentó frente a Draco. Ambos se miraron mientras el silencio se apoderó del lugar. El tiempo pareció detenerse y lo único que se escuchaba era el palpitar del corazón del chico. No pudo esperar más, así que soltó todo lo que tenía guardado en el corazón.

—¡Lo siento mucho, Lovegood! —gritó Draco.

—Gracias, Malfoy —respondió Luna—. Sabía que no eras una mala persona.

—Fui un cobarde —admitió Draco—. Tenía que haber hecho algo por ti.

—Si lo hubieras hecho, tú y tu familia estarían muertos —explicó Luna.

—Pero…

—Al final ayudaste a Harry —dijo Luna.

—No exactamente, intenté matarlo en Hogwarts —admitió Draco—. Pero él fue quien me salvó la vida —reveló—. Además, por mi culpa murió Crabbe.

—Lamento tu pérdida —dijo Luna.

—Gracias, Lovegood —dijo Draco—. Él es uno de los motivos por los que volví.

—¿Hay más razones? —preguntó Luna.

—Sí, también está ella —respondió Draco.



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