El bueno el malo y el feo 

El Bueno, conocido como Blondie (término utilizado para referirse a los rubios, en algunos casos se usa como insulto), el Malo, apodado Ojos de Ángel (Sentenza en la versión italiana y Angel Eyes en la norteamericana) y el Feo, llamado Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez, también conocido como La Rata. Tres personas que se ven obligadas a que sus caminos se crucen durante la Guerra de Secesión con el fin de tener en sus manos un tesoro enterrado en un cementerio que contiene 200.000 en monedas de oro. Una premisa que llevaría a Sergio Leone a dirigir una de las más épicas historias del spaghetti western y que años después muchos críticos la catalogarían como (extraído de las palabras de Quentin Tarantino) “la película mejor dirigida de la historia”. Ahora, con la reciente muerte de Elli Wallach, es imposible no recordar uno de los más grandes papeles que tuvo en toda su carrera y con este análisis, le rendimos tributo a una de las estrellas de mayor importancia dentro del cine clásico.

“Cuando tengas que disparar, ¡dispara! ¡No hables!”, es una de las tantas frases memorables de Il Buonno, il Brutto, il Cattivo (El Bueno, el Malo y el Feo). Y a decir verdad, define muy bien una película tan minimalista en diálogo pero tan rica en gestos, miradas y tiroteos, algo que hace parte del sello personal de Sergio Leone y con lo que nos tenía acostumbrados tanto en la Trilogía del Dólar —compuesta por Per un Pugno di Dollari (Por un Puñado de Dólares, 1964), Per Qualche Dollaro in Più (Por unos Dólares más, 1965) y la película central de este artículo— como en producciones posteriores a la época de colaboración entre Clint Eastwood y Leone, donde puso de nuevo su sello en films como C’era una volta il West (Érase una vez en el Oeste, 1968) e inclusive en Once Upon a Time in America (Érase una vez en América, 1984) que a pesar de no ser un spaghetti western, manejaba las mismas técnicas de filmación utilizadas por el director italiano en sus revisionistas películas del viejo oeste.

Leone tenía la capacidad para ver el western de una forma tan distinta a como lo veían los norteamericanos. En su mundo no existían indios “malvados” siendo perseguidos por un impecable John Wayne con acento campirano, sino que el viejo oeste estaba compuesto de los más peligrosos pistoleros, lleno de muertes violentas y protagonistas con una dimensión axiológica que seguramente los gringos no considerarían moralmente buena. De hecho, Leone y Sergio Corbucci (director contemporáneo a Leone) fueron los encargados de llevar al género western a un nivel mucho más oscuro y violento, causando todo un hito cinematográfico en Italia desencadenador de la oleada de spaghetti westerns producidos en los 60’s e inicios de los 70’s.Justamente todo este juego con los valores morales y dicha visión singular del oeste que poseía el legendario director italiano es algo que se ve reflejado en un 100% en su Il Buonno, il Brutto, il Cattivo. Por un lado, tenemos a un cazarrecompensas que le corresponde llevar el título del “Bueno”, no porque en realidad sea bueno, sino porque su personalidad y las decisiones que toma lo ponen en una escala moral de mayor altitud que la de los otros personajes; por otro lado, un asesino a sueldo etiquetado como “el Malo” hace honor a su título desde el primer momento mostrándonos que no tiene piedad en lo absoluto y que, mientras haya dinero de por medio, estará dispuesto a mancharse de sangre; y por último, tenemos a un carismático bandido encargado de ser “el Feo”, el cual no sólo es llamado así por su aspecto físico, sino porque su personalidad refleja precisamente eso, la fealdad. Avaricioso, mentiroso, tramposo; todo esto es lo que define a Tuco.

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