Ustedes los pobres Spoilers

Abres los ojos y te quedas fijamente observando el techo, la grieta junto a la viga es cada vez más grande, no has querido repararla porque cada que la ves te dices que pronto te irás de esta pocilga, que pronto darás el golpe que te saque de aquí, más de cinco años prometiéndotelo.

Tocan a la puerta, te sobresaltas un poco pero no demasiado.

-¡Ledo, ándale, ya pasa del mediodía tenemos negocios que hacer!

Es el perro, tu “socio” levántate es hora de buscar ese golpe que te saque de aquí. Te levantas lentamente y caminas hacia la palangana para enjuagarte la cara.

-¡¿Ledo, estás ahí?!- Insiste el Perro.

-¡Ya voy!- Gritas molesto y con autoridad.

Te echas agua en la cara y pasas la rasposa toalla por tu rostro, más rasposo aún; al quitar la toalla, tu mirada queda fija en ti; ya no eres un joven, Ledo, las arrugas y un par de canas que se asoman en tus cabellos te lo recuerdan, levantas la frente y haces un gesto de desenfado, tratas de convencerte a ti mismo de que todavía eres joven, y de que aún tienes tiempo para conquistar el mundo, y lo logras, tu ego es más fuerte que el espejo.

Te relames el cabello hacia atrás y eliges la gabardina beige y la bufanda esa “La de la suerte” dices; tu madre te la regaló, es lo último que guardas de ella, hace más de dos años que no te atreves a visitarla, desde la vez que… bueno ya sabes.

Lustra bien tus zapatos, y acomoda tu bigote, la imagen de un hombre que se dedica a… a lo que tú te dedicas es muy importante; tomas tu único sombrero, y sales por fin a donde desesperados pero resignados te aguardan el Perro y Ramón, tu única familia desde hace unos años…

Llegan a la tienda de empeño de la usurera esa, una vieja cargada de billetes, billetes ganados de prestar dinero a los pobres con intereses impagables y plazos cortos, una ladrona igual que tú. Hay gente haciendo fila para hablar con ella, no importa, solo estás ahí para observar.

Un par de hombres fornidos hablan con ella, uno vestido con ropas corrientes y el otro con una playera a rayas, pon atención Ledo, algo de lo que dicen te puede servir.

La Usurera abre su caja fuerte y saca unos billetes, ¿Pudiste verlos? Cientos, quizá miles de billetes encerrados en aquella caja, los ojos te brillan a ti y a tus compañeros; de rebote alcanzas a escuchar que les niega el préstamo a esos hombres, pero también oyes que le da trabajo de carpintero al más alto y fornido, al que viste de rayas. Algo se te ha ocurrido sin duda y se lo dices al oído al Perro y a Ramón.

-Ya sólo atenderé a la señora y tú Pepe, no olvides venir por la tarde para hacerme ese trabajo.

Le dice al hombre fornido de rayas, te levantas y tú y tus compañeros se van sin chistar, su trabajo está hecho de manera satisfactoria, caminan hasta la puerta de la cantina que está a unos pasos de ahí y notas que el carpintero va en esa misma dirección así que decides esperarlo.

-¿Podemos hablar una palabrita?- le dices

-Tengo prisa, lo siento.

-Espérese- le insites- ¿no le interesa ganarse unos pesos?

-Me interesa- te responde.

Entran a la cantina y toman una mesa. No pierdas tiempo, lánzasela derecho, que te deje la puerta abierta después de que vaya a hacer el trabajo; el solo necesita 400 pesos, pero ofrécele más, ofrécele cuatro mil, no, cinco mil mejor, es una oferta que no podrá rechazar.

-No me interesa…

¿Qué dice, que no le interesan 5000 del águila? ¡Detenlo, que no se vaya, puede delatarte!

-Espere amigo- le dices mientras agitas tu vieja y confiable navaja -de todos modos no va a decir nada ¿verdad? Queda entre machos.

-Pues si ustedes no se meten en mi vida... como si no hubiera pasado nada.

Te quita la navaja y la clava en la mesa, es muy hombre el carpintero este, Pepe El Toro, ahora ya sabes su nombre… es de palabra, no te preocupes, Ledo, no dirá nada. Pero ahora prepárate, sin ayuda del carpintero te será más complicado… ¿Qué estás pensando?...

-Perro, ¿A qué hora quedó el carpintero de ir con la agiotista?

-A las seis ¿no Ramón?

Ramón asiente con la cabeza, es de muy pocas palabras ese Ramón, pero de muy buena memoria… a las seis…

… Miras tu reloj y son las 5:47, te levantas sin dar explicaciones y avanzas a la puerta, Ramón comprende que es hora y se levanta contigo, El Perro tarda en entender, así que te quedas parado en la puerta como esperándolo, reflexiona y se levanta también, llega hasta ti y tú sigues inmóvil, Ramón voltea a verlo y le lanza una mirada de las que él sabe y después le señala al cantinero quien también los observa mientras seca unos vasos, Ramón hace un gesto de resignación y regresa a pagar la cuenta.

Llegas al lugar, y decides esperar, Pepe llega temprano, unos minutos antes de las seis toca y la prestamista le abre, algo conversan, le coquetea descaradamente la vieja y lo hace pasar. El perro avanza apresurado, pero Ramón lo detiene, El Perro te voltea a ver desconcertado y le haces un gesto de calma con la mano, y le sonríes a Ramón, mientras enciendes un cigarrillo… hay que esperar un mejor momento…

Han pasado apenas 20 minutos y el carpintero sale, es ahora o nunca, ella te abrirá la puerta pensando que eres él que vuelve, corre, antes de que regrese Pepe el Toro…

Corres en cuanto él da la vuelta a la esquina y tus cómplices te siguen, toca la puerta, ¡Anda!

-¿Eres tú “Torito” olvidaste algo?-dice la señora desde adentro

-Sí- ¡Idiota, te va a reconocer le voz, no respondas! comienza a abrir la puerta, señal que no te ha reconocido, tienes mucha suerte, Ledo.

La puerta se abre y la vieja se asusta, El perro rápido la somete con su navaja y le ordena que no hable. La empujas directo a la caja fuerte, el olor a dinero viejo te envuelve y te ciega, la señora ruega, y tú le das una fuerte cachetada, y sacas tu navaja, los ojos grandes y temerosos de ella te producen un placer enorme, luego de una bofetada más queda arrodillada frente a la caja y resignada la abre… billetes de todos colores y denominaciones, por fin el dinero suficiente para salir de esa pocilga en que vives, algo susurra la vieja y te regresa a la realidad, la miras y ahora tu gesto es de odio, recuerdas lo injusto que ha sido la vida que gente como ella lo tenga todo y tú nada, y después de todo es una ladrona como tú, una ladrona que presta dinero a cambio de que le firmen hasta el alma los pobres necesitados… mátala, Ledo, mátala, haz que pague ¡¡¡MATALA!!!

Trata de huir y tu navaja se clava en su espalda casi por sí sola, tus compañeros te miran desconcertados. ¿Qué les importa a ellos? Además si la dejaban vivir les hubiera denunciado. ¡Qué ese ruido! Es el carpintero que ha regresado, ¡Idiota, dejaron la puerta abierta! Huye, rápido, Ledo, por ahí no… por la puerta de atrás!!!

Llegas a tu cuarto y ahora lo ves distinto, sabes que es la última noche que pasarás ahí, te preocupa el hecho de que hayas dejado tu navaja, y tienes razón en angustiarte, es un error imperdonable, pero quizá no logren relacionarte con ella, después de todo, nadie te vio…

¡YO NO LA MATÉ¡

La Prensa pone las declaraciones de Pepe el Toro, “¡YO NO LA MATÉ!” en su primera plana, sonríes al leer como nadie le cree, te has salido con la tuya , Ledo; con esa lana podrás retirarte de esto, es tiempo de que visites a esas dos chamaconas y que ellas trabajen por ti, y tú a darte la gran vida…

…Tres meses han pasado desde lo de la usurera, tres meses de tranquilidad y de solo estirar la mano para recibir la lana de tus viejas, y mírate ahora, tenías que armar todo ese alboroto en el cabaret, no tienes remedio, Ledo, parece que estás destinado al fracaso, pero bueno, por lo menos la condena no es grave, y mientras no te descubran tus otros “trinquetes” pronto estarán tú y tus “amigos” fuera de aquí… fuertes golpes en el portón principal hacen que voltees, que todos volteen.

- ¡Abran la puerta, rápido!- grita una voz conocida.

¡Es Pepe El Toro! Te ha reconocido sin duda, y llama a los guardias para acusarte… El Perro reacciona, no lo dejes, no aquí… haz que te siga a las bartolinas y acaba con él de una vez.

Llega hasta a ti y te reclama, El perro y Ramón lo empujan dentro del calabozo y tú tras ellos, cierra la puerta con seguro, que nadie los interrumpa, ustedes son tres y será fácil exterminarlo.

Dos, tres, cuatro golpes, pero sí que es un toro este carpintero, un par de patadas en tu estomago te dejan en el suelo, aturdido… retorciéndote de dolor ves como somete a tus compinches y les estrella la cabeza una y otra vez contra la pared que queda manchada con su sangre… mira, toma ese banco y reviéntalo en su cabeza ahora que está distraído.

El sonido de los golpes ha llegado a todos, y por la pequeña ventanilla de la puerta se asoma un gran publico de presos.

Termina con el carpintero, está casi noqueado entre los pedazos del banco de madera, saltas sobre él y comienzas a estrangularlo, pero es muy fuerte, más fuerte que tú Ledo, toma ese pedazo de madera y clávaselo. Con una sonrisa le rajas el pecho... no pierdas el tiempo, no es momento para divertirse, empuja, empuja fuerte, es más fuerte que tú pero está herido y aturdido, podrás vencerlo…

No puede ser, ¿de qué está hecho este carpintero? Cómo puede ser que te esté derrotando, lentamente logra girar la estaca de madera que antes hacia de pata del banquito, y lo acerca peligrosamente a tu rostro… ¡Fuerza Ledo, empuja, empuja!!!

Dolor, oscuridad, ¡¡¡por un milisegundo todo es silencio y la negrura que ves se vuelve rojo, el Toro te ha dado un puyazo en el ojo!!! Pero Pepe, no se detiene, te sigue golpeando.

-¡Confiesa desgraciado! ¡¡¡Confiesa que tu mataste a la prestamista, confiesa!!!

- ¡Detente Pepe, abre la puerta o disparo! Grita un policía apuntando desde el pequeño postigo de la puerta. - ¡Abre Pepe!

Un disparo suena y hiere en el hombro a Pepe, pero el dolor que sientes en donde antes tenías tu ojo es demasiado como para aprovecharlo, y parece como si el carpintero fuera a prueba de balas.

-Confiesa, Ledo, ¡diles que soy inocente!

Te resistes a hacerlo y ante la decisión de los guardias Pepe te levanta y torciéndote el brazo pone tu rostro justo en la ventanilla, mostrándole a todos tu ojo ensangrentado.

-¡Diles quien mató a la prestamista, diles!

El dolor en tu brazo hace que se te olvide el de tu ojo, te destrozará el brazo, confiesa, diles que tú la mataste, confiesa o perderás el brazo además de tu ojo, ¡¡¡confiesa desgraciado!!!

- ¡No, por favor, no! ¡AY! yo soy el asesino ¡AY! yo maté a la usurera ¡AY! no es Pepe el Toro ¡AY! ya no por favor, Pepe el Toro es inocente ¡AAAYYY!

Ya está hecho, todo es silencio ahora, el dolor ha cesado, caes al suelo mientras Pepe con tranquilidad abre la puerta y sale, pero eso tú ya no puedes verlo, ahora solo ves oscuridad, y pierdes lentamente el conocimiento…

Abres los ojos y te quedas fijamente observando el techo, la grieta junto a la viga ya no está, que pena das ahora, Ledo, no está a grieta porque no estás más en esa pocilga, estás en un lugar peor, tócate el rostro para que recuerdes.

Tu mano lentamente recorre tu rostro y al llegar al lado izquierdo descubres un esparadrapo que hace de parche, ¿ahora sí recuerdas verdad? ¿ahora recuerdas que estás en la cárcel? tu ambición y tu estupidez te han traído aquí.

¡Qué! ¿de verdad vas a llorar? ¿Hace cuánto que no salían lágrimas de tus ojos? de tu ojo mejor dicho. Eres una ruina Ledo, en vez de llorar ponte a pensar como salir de aquí, por la muerte de la vieja esa te echará muchos años ¿No harás nada? Huye, Ledo, levántate y ve a vengarte de Pepe el Toro, quítale todo, has que sufra por todo lo que te ha hecho… levántate y véngate, cobarde… ¡¡¡LEVÁNTATE, TUERTO!!!

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 46
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.