THE NAKED FACE(Bryan Forbes- 1984) Uno pensaría que la mayoría de los actores/actrices darían su alma por pertenecer a una franquicia, “universo” o saga de esas que traspasan el tiempo y el espacio, ergo, son amadas por todos en todas partes. Amén de billeteras engrosadas por un buen rato, contratos publicitarios de diversa índole, anidar en el corazón de pléyades de bien ganados admiradores que alimenten el ego propio y un puestito asegurado en futuras “Comic-Con”, asegurándose unos buenos ingresos sólo por firmar alguna foto o DVD y posar en "selfies" junto a leales fans. Estamos hablando de entrar a una Star Wars, Star Trek, Piratas del Caribe, Juegos del Hambre, Marvel, DC, y un cada vez más largo etcétera. Pues bien, parece que no es tan así. Vamos a los ejemplos. Daniel Radcliffe, el inefable Harry Potter, viene “entrándole” a cuanto proyecto lo aleje, cuanto más mejor, del recuerdo del joven mago. Trabajos que van desde lo más ortodoxo(La Mujer de Negro) hasta lo más estrambótico(Swiss Army Man, Guns Akimbo, Horns,etc). Y es que necesitan sacudirse ese papel que los ata a un rol, a un concepto del cual luego les es muy difícil salir. Muchas veces ese rol que en un momento significó un salvavidas dorado, se les troca en plomo y los hunde en el encasillamiento, situación pesadillesca para no pocos artistas. Por eso, contratos hiper millonarios por años y años de repetir el mismo papel ya no les resulta tan tentador. Harrison Ford es otra muestra de actor que quiso “despegarse” cuanto antes de un personaje: el contrabandista intergaláctico Han Solo(al que, me da la impresión, nunca le tuvo mucha simpatía, a diferencia del arqueólogo de sombrero y látigo). Necesitan demostrar y demostrarse que pueden asumir otras identidades, explorar otras psiques, a veces diametralmente opuestas a la idea que el gran público tiene de ellos. Ahora pues, una vez dejado en claro este concepto a modo introductorio, quitémosle la telaraña y desempolvemos nuestra película de turno.
Ya en la etapa más crepuscular de su era como el agente 007, Roger Moore, “clava” este thriller de suspenso, a sólo un año de despedirse para siempre de la “licencia para matar”. Así, en un intento más por despegarse del estereotipo heroico que el personaje de James Bond le imprime como sello indeleble a cada “usuario temporal” del smoking y la Walther PPK, asume el rol de un psicoanalista que atraviesa un peligroso momento de su vida, a medio camino entre ser víctima de un atentado y ser sospechoso de varios asesinatos. “A Cara descubierta” se llamó por estos parajes la cinta de Forbes que, efectivamente, procura brindarnos un papel interpretado por el fallecido Sir completamente divorciado de anteriores, donde lo ubicamos como Playboy, millonario, simpático, eterno seductor e impoluto héroe de acción, de donde casi siempre emergía victorioso, bien acompañado, sonriente y con un cigarro en la comisura de los labios. Pues nada más alejado de las vicisitudes que le tocan atravesar a este profesional, arquetipo del antihéroe. Ahora bien, debo ser honesto, Moore fue un actor que adoré, por ende, reconozco que si bien lo considero un muy buen actor, es tanta la elegancia, la “clase”, los modales británicos que exuda, que difícilmente pueda encarnar la vida de un Pancho Villa o un Tony Montana(Scarface). Habiendo dicho esto, también debo dejar en claro que aquél arquetipo al que me referí lo lleva adelante a rajatabla. Por esto, nos encontramos con un Moore que tiene miedo, pide ayuda, se pone colorado de ira, transpira y lo más impactante: se despeina. Y es que es tanta la vulnerabilidad que transmite, que uno espera que, en medio de alguna zurra que liga por ahí, el tipo saque algún aparatito salvador con el que “zafe” al ritmo del inmortal tema de Monty Norman. Nada de eso ocurrirá, y habrá que llegar al final para saber si el buen doctor sale airoso del entuerto. Judd Stevens es el psicoanalista en cuestión, alrededor de quien comienzan a aparecer cadáveres de personas con quienes estaba de algún modo ligado(pacientes, secretaria, etc). Cuando empieza a notar que ahora es él la potencial víctima, lo reporta al detective que lleva adelante la investigación, quien para su mala fortuna, es un vengativo policía que “se la tiene jurada” por un caso anterior en el que Stevens con su testimonio, permitió a un delincuente obtener una pena menor. Ahora deberá tomar el toro por las astas y ser él quien desenmarañe una trama que lo tiene a la cabeza de la lista de próximos candidatos a tocar el arpa… y a contrareloj. Rod Steiger, Elliott Gould, Anne Archer y David Hedison(viejo conocido de don Roger por la saga Bond-como Felix Leiter- y el film Rescate en el Mar del Norte)completan un elenco más que solvente para una producción de la gloriosa Cannon(Golan-Globus).

El leitmotiv de la cinta, de Michael Lewis, amerita un aparte, ya que configura una bellísima melodía que nos pone a tono con el protagonista, un personaje gris, taciturno, que acaba de perder a su esposa e hija y se refugia en su profesión como vehículo para poder seguir adelante. Con este tema, amalgamado con imágenes de la película, iremos con el primer adjunto, quedando para el segundo “la colilla” de este raro exponente en la filmografía de un Roger Moore cada vez más añorado.




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