Arthur Kriticos creyó que había sacado el boleto ganador de la lotería cuando heredó una mansión gigantesca hecha de cristal, pero lo que no imaginó, ni en sus peores pesadillas (ni en las que comes frijoles con yogurt antes de dormir), fue que tendría que compartir la propiedad con 12 inquilinos un tanto... digamos, irritados. Y no hablamos de inquilinos que dejan la música a todo volumen, ¡no! Hablamos de fantasmas que llevan años de mal humor.
Esta es una película de terror con un toque cómico, que te hará preguntarte, con una ceja levantada, por qué alguien, en su sano juicio, pensaría que mudarse a una casa así era una buena idea. ¡Por Dios, ni siquiera es tan bonita! Parece una versión gótica de Ikea, con letras raras garabateadas en las paredes, probablemente diciendo algo como: "Corre mientras puedas" en algún idioma arcano. Además, no tiene ni un gramo de privacidad. ¡Demasiado extravagante y cero cortinas!
Es la premisa de "13 Fantasmas" (Thirteen Ghosts, 2001), una película de terror sobrenatural dirigida por Steve Beck. Es un remake de la película de 1960 13 Ghosts, producida por William Castle. Como dato curioso, Castle Rock es un pueblo ficticio en el estado de Maine que aparece en varias obras de Stephen King. El nombre "Castle Rock" fue elegido por King, quien es un gran admirador de la obra de William Castle y quiso rendirle homenaje por su influencia en la literatura y el cine de terror.
La película sigue la historia de Arthur Kriticos (Tony Shalhoub), un viudo que hereda una mansión de su excéntrico, millonario y algo macabro tío, Cyrus Kriticos (F. Murray Abraham). Lo que Arthur no sabe, y que probablemente tampoco figuraba en el testamento, es que Cyrus tenía un pasatiempo bastante particular: cazador de fantasmas. Sí, justo el tipo de hobby que uno le confiesa a la familia en Navidad.
El pobre Arthur, ingenuo de la vida, acepta la herencia sin saber que el “regalo” viene con un paquete especial: 12 espectros bastante irritados. ¡Qué detallazo! Cuando Cyrus estira la pata, estos fantasmas, que no están para bromas, se desatan en la mansión, furiosos por la violencia con la que murieron. Están buscando a alguien que no solo pague los platos rotos, sino que pague la vajilla entera, y Arthur junto con sus dos hijos y hasta la niñera están en la lista de espera, porque estos doce fantasmas necesitan un decimotercero.

La mansión de cristal, que parece más un rompecabezas gigante y brillante que un lugar para vivir, no es solo una rareza arquitectónica. Todo en ella tiene un propósito, cada rincón y cada pared transparente está ahí por algo muy específico, como si un arquitecto con complejo de supervillano la hubiera diseñado. De hecho, la estructura es así porque, sorpresa, resulta ser un gigantesco mecanismo místico conocido como el Zodiaco Negro.
Este no es el típico zodíaco que te dice si vas a tener suerte en el amor o necesitas evitar Mercurio retrógrado, no, no. Este zodíaco es una versión escalofriante del tradicional, donde cada signo se transforma en un horror viviente. Cada uno de los fantasmas que vaga por la mansión representa un signo, pero no estamos hablando de una versión suave de Aries o Sagitario. Aquí, cada fantasma encarna de forma grotesca y retorcida a su signo, y cada uno de ellos tiene una historia trágica y espeluznante detrás de su muerte. Por si fuera poco, estas almas en pena tienen cualidades relacionadas con la época del año en que nacieron... y murieron de manera horrenda. Un zodíaco con más pesadillas que predicciones de buena suerte, vaya planazo de herencia para Arthur.
A continuación cada signo del zodíaco negro y su historia espeluznante:
Capricornio – El Martillo

George Markley era el típico herrero buena onda del barrio en 1890, con una vida tranquila, su familia, y sin mucho más drama que el del carbón para la fragua. Hasta que llegó Nathan, un tipo con más maldad que neuronas, y lo acusó de robo porque, al parecer, en ese pueblo, lo de los juicios justos era opcional. Nathan le dio el ultimátum de irse del lugar, pero George, siendo un Capricornio de pura cepa, se plantó como una roca: "¡Ni lo sueñes!".
Y aquí es donde la cosa se pone fea. Nathan, que claramente tenía el sentido común de una cabra, decidió que la mejor manera de lidiar con la situación era atacar a la familia de George. En un arrebato de maldad pura, él y sus secuaces mataron a la esposa e hijos de George. ¡Error número uno! Porque George no era solo un herrero, ¡era un herrero enojado! Con el martillo en mano y la paciencia en su punto de ebullición, salió de cacería, y no precisamente de conejos. Uno por uno, Nathan y sus muchachos terminaron viendo las estrellas... pero de una manera bastante literal.
Pero aquí no acaba la saga. George, ya convertido en un arma de destrucción masiva con patas, decidió que volver al pueblo era buena idea. Spoiler: no lo era. Los aldeanos, que claramente estaban en un mal día, lo encadenaron a un árbol y, en un alarde de creatividad sádica, le martillaron clavos de rieles por todo el cuerpo. Como si eso no fuera lo suficientemente "artesanal", le cortaron la mano izquierda y, ¡sorpresa! Le clavaron el mismo martillo con el que había hecho su masacre. Porque, claro, si vas a ser cruel, ¡al menos hazlo con estilo!
Ahora, George, conocido como "El Martillo", recorre la mansión del Zodiaco Negro como un monstruo de bricolaje, con más clavos que un carpintero y un martillo literal por mano. ¡Aplausos para Capricornio, que si algo sabe hacer es no dejar las cosas a medias!
Acuario – El Chacal

Ryan Kuhn, nacido en 1887, ya venía con un futuro torcido desde la cuna, o bueno, desde la cama de su mamá, que era prostituta. Y como si no tuviera ya suficiente con ese background complicado, Ryan desarrolló un gusto, digamos, cuestionable: le encantaba atacar a mujeres, especialmente prostitutas. Sí, Ryan era básicamente un encanto.
En un arrebato de lucidez (que fue más bien una pausa comercial de su locura), decidió internarse en una institución mental, pensando que tal vez ahí le podrían ajustar los tornillos sueltos. Pero claro, Ryan no podía portarse bien ni dos minutos, y después de atacar a una pobre enfermera que solo estaba intentando hacer su trabajo, los doctores dijeron: “¡Ya estuvo!”. Lo metieron en una camisa de fuerza tan ajustada que ni Houdini podría haberse librado. Y para añadir más dramatismo a la situación, lo encerraron en una habitación acolchada, que para Ryan era como darle un cuarto de juegos… porque, claro, se dedicó a arañar las paredes como si fuera un gato sin control, arrancándose las uñas en el proceso. ¡Qué espectáculo tan bonito!
Los médicos, en este punto, ya estaban más que hartos de Ryan y decidieron dejarle la camisa de fuerza de por vida. Pero Ryan, terco como él solo, intentó morder su camino hacia la libertad, porque aparentemente no había leído el manual de “cosas que no se comen”. Así que, como castigo final, le colocaron una jaula de metal en la cabeza. Sí, estilo Hannibal Lecter, pero sin el carisma. Y para rematar, lo confinaron en una celda oscura en el sótano del asilo, porque si ya estás loco, ¡qué mejor que un sótano tenebroso para volverte completamente incontrolable!
Para cuando el asilo finalmente se incendió (porque claro, ¿qué es un manicomio sin un buen incendio?), todos escaparon menos Ryan, que en un giro heroico de “me lo merezco”, decidió quedarse entre las llamas y enfrentarse a su destino. Porque, siendo sinceros, ¿qué iba a hacer en el mundo exterior con una jaula en la cabeza? Ahora, como "El Chacal", Ryan deambula con su look de jaula y camisa de fuerza, odiando el contacto humano, como el peor compañero de cuarto que jamás podrías tener. ¡Acuario, siempre buscando ser único!
Piscis – El Aniquilador

Horace "Rompedor" Mahoney nació como un bebé gigante y tan deformado que probablemente la cigüeña se arrepintió de hacer esa entrega. Su madre, ni corta ni perezosa, huyó de la escena, dejándolo solo con su padre, quien, con todo el amor del mundo (léase con ironía), lo puso a trabajar aplastando coches en un depósito de chatarra. Sí, porque, ¿qué mejor para un niño que crecer entre metal retorcido y motores viejos?
Durante su adolescencia, Horace se dedicó a lo suyo: aplastar coches como si fueran latas de refresco, convirtiéndose en un Hulk casero, pero sin el verde ni la simpatía. Cuando su padre murió, el gigante de 2,10 metros quedó solo y, como ya no tenía coches suficientes para entretenerse, decidió que los humanos serían una adición interesante a su colección de chatarra. Sus primeras víctimas fueron dos autoestopistas desprevenidos que, en lugar de conseguir un aventón, terminaron convertidos en carne molida. Horace encontró su vocación en atraer a conductores perdidos, solo para darles un “abrazo” tan fuerte que les rompía hasta el alma, todo esto mientras seguía sumando autos viejos a su peculiar hobby de aplastar y triturar.
Pero como toda buena historia de terror, la suerte de Horace cambió de manera drástica. Una noche, pensó que recogía a una pobre alma perdida en la carretera, pero resultó ser una policía encubierta. Y, bueno, cuando llamas a los refuerzos, no puedes dejar pasar un gigante de 2,10 metros aplastando coches y gente como si fuera su pasatiempo de fin de semana. En cuestión de minutos, el depósito de chatarra estaba más lleno de policías que un buffet libre.
Se necesitaron 12 agentes para dominar a Horace, aunque tres de ellos no lo contaron, porque el gigante decidió que no había tenido suficiente acción. Sin embargo, al final, la diversión de Horace terminó cuando 5 policías, con cero paciencia y menos ganas de seguir jugando, decidieron que 50 balas serían suficientes para dar de baja a "El Aniquilador". Y así fue como Horace pasó de aplastador de coches y gente a leyenda de Piscis en el Zodiaco Negro, dejando claro que, cuando se trata de destruir, este signo no anda con rodeos. ¡Bravo, Piscis, siempre tan... destructivo!
Aries – El Primogénito

Billy Michaels era el típico niño obsesionado con las películas de vaqueros e indios, de esos que llevan el sombrero puesto hasta para dormir. Armado con su pistola de juguete, Billy vivía en su propia fantasía del Lejano Oeste, aunque su mayor peligro eran los berrinches que soltaba cuando alguien le ganaba en sus duelos imaginarios. Hasta que un buen día, su vecino, un pequeño salvaje con ganas de llevar las cosas a otro nivel, encontró un arco y flechas de verdad. ¿Qué podía salir mal?
El vecino desafió a Billy a un duelo épico, estilo OK Corral, pero Billy, confiado con su pistola de juguete, pensó que sería un paseo por el rancho. Error. La flecha voló más rápido de lo que Billy pudo gritar “¡bang bang!” y, desafortunadamente (o afortunadamente, según cómo lo veas), la pistola de plástico no era rival para una flecha afilada, que se incrustó justo en la parte trasera de su cabeza. Un giro inesperado para el pequeño vaquero.
Ahora, Billy sigue rondando con su traje de vaquero, pero esta vez con una vibra mucho más espeluznante. No dispara balas imaginarias, pero te susurra frases nada tranquilizadoras como: “Quiero jugar”, “Juega conmigo” o “Ven”. Claro, porque nada dice “diversión” como un fantasma infantil con una flecha incrustada en el cráneo, invitándote a unirte a su espeluznante club de juegos. ¡Aries, siempre liderando con energía y un toque de locura!
Tauro – El Torso

Jimmy “Jugador” Gambino era el tipo que no podía resistirse a una apuesta. Si había una moneda en el aire, Jimmy ya estaba apostando a que caería de canto. Hijo de un gerente de apuestas, Jimmy creció entre caballos de carreras, dados rodando y tragos baratos en bares. Nunca fue amigo de los libros (a menos que fueran los de contabilidad de apuestas) y, como era de esperarse, terminó abriendo su propia casa de apuestas, porque, ¿qué podría salir mal?
La regla de oro de Jimmy era simple: nunca rechazar una apuesta. Aunque su bolsillo estuviera más vacío que un tazón de papas en una fiesta, Jimmy siempre estaba listo para jugárselo todo. Su fama creció tanto que atrajo la atención de Larry "El Dedo" Vitello, un tipo que tenía un apodo que te hacía pensar dos veces antes de estrecharle la mano. Larry lo retó con una apuesta monumental en una pelea de pesos pesados. Jimmy, confiado como buen Tauro testarudo, pensó: "¡Esto es pan comido!" y aceptó el trato, sin pensar en lo que ocurriría si las cosas no salían a su favor. Pero las cosas, no salieron a su favor. Jimmy perdió la apuesta y, como era de esperarse, Larry vino a cobrar. El problema es que Jimmy no tenía ni una ficha para pagar. Entonces, Larry, siendo un hombre de principios (?), decidió darle a Jimmy una lección sobre las consecuencias de las malas apuestas. Lo que comenzó como una charla de "págame lo que debes", terminó en una sesión de "vamos a ver cuántos trozos puede tener un hombre". Cortó a Jimmy en pedazos como si fuera una pizza maldita, los envolvió como si fueran sobras de restaurante, y los arrojó al mar.
Ahora, Jimmy, o lo que queda de él, deambula como "El Torso", una caja de restos humanos enfadados, sin cabeza, pero con mucho resentimiento. ¡Así que ten cuidado la próxima vez que apuestes con un Tauro! Puede que te hagan pedazos... literalmente.
...
¡Ah, qué maravilla! Esa película es como el abrazo de un monstruo con una capa de terciopelo: te llena de escalofríos y a la vez te hace sentir como en casa. ¿Por qué? Porque nada grita "película de confort" como ver un montón de personas malditas que se ven tan bien en su miseria. ¡Es el tipo de película que uno puede ver una y otra vez sin que nunca pierda su toque de horror delicioso! Es como esas canciones que no importan cuántas veces las pongas, siempre tienen el mismo efecto: te siguen dando miedo, pero también te sientes un poco mejor por ello. Y si la acompañas con una taza de chocolate caliente, el combo es perfecto: frío por fuera, terror por dentro.
Postdata: Si tienes más curiosidad por los signos y sus venganzas épicas, ya sabes, tienes que leer el artículo de "Venganzas del Cine". No voy a entrar en más detalles para no seguir aquí hasta que el sol salga, pero créeme, el resto de los signos no decepcionan.
¡Gracias por quedarte hasta el final!
¡Nos vemos en la próxima sesión de terror y chocolate!



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