La primavera de Brokeback Spoilers

Tal vez, el inicio de un final diferente debió comenzar en la niñez de estos vaqueros que un día cualquiera se encontraron en una montaña que marcaría sus vidas para siempre.
Si hubieran tenido la posibilidad de crecer sin miedo a expresar sus emociones y libres de las obligaciones sociales que conlleva ser un hombre, la camisa de Jack Twist no colgaría en un tráiler al costado de una carretera solitaria de Wyoming.
O tal vez, si hubieran nacido en un tiempo en que la hombría no tuviera nada que ver con la persona que elegís amar, en donde los mandatos masculinos no pesen tanto, como para matarte el espíritu y el deseo.
Porque cambiar el hoy, a veces implica viajar mucho tiempo atrás, donde empezamos a construirnos, donde aprendimos a ser, a pensar y amar.
Y en ese lugar del pasado, se hacen carne en nosotros muchos de los dolores que atravesaremos como adultos.

En la montaña Brokeback, hoy.
Una mañana cualquiera, el sol comienza a derretir tímidamente la nieve que se desliza por las hojas de árboles inmensos, como ese paisaje interminablemente bello ante sus ojos.
Tal sea otoño o un verano frio, eso no importa, dentro de la pequeña cabaña en donde desde hace unos meses solo se vive en primavera.
Aquella despedida en la montaña, donde se dijeron verdades hirientes pareció ser un punto injusto para esa historia de amor de casi veinte años.
Es cierto, que cada uno siguió su vida. Jack volvió a simular una familia que había dejado de ser un lugar feliz hacia años, y Ennis se abrazó a una soledad que le partía el alma, pero que creía hacerlo respetable ante los ojos de los que lo rodeaban.
No sé cuánto tiempo pasó, tal vez, el tiempo necesario para sentir que la vida tenía poco sentido si no volvía a ver a que aquel vaquero que se había dado por vencido rogándole que lo ame.
Nada sabia de Jack desde esa última vez, en que parado junto al lago lo vió alejarse en su camioneta con la mirada más triste que alguna vez conoció. Él lo miró por el espejo retrovisor, llorando desde lo más profundo de su ser, pero Jack nunca lo supo.
Los kilómetros que los separaban fueron interminables, ciudades mudas que ignoraban que ese vaquero con sonrisa de lado rompía el silencio con ruedas gastadas que lo llevaban a un nuevo comienzo.
Cruzó la frontera y caminó por las calles de Juárez, buscándolo.
En el día, bajo un sol ardiente que mataba la esperanza y por la noche en los rincones oscuros en donde se quiebran las almas.
Hasta que lo vio.
Detrás del vidrio de un bar, sentado, mirándolo, tal como lo recordaba.
No crean que hubo explicaciones, ninguna palabra hubiera alcanzado.
El destino fue el lugar que los unió, un lugar silencioso y bello donde lo importante era el poder escucharse juntos.
Una cabaña pequeña, donde siempre sea primavera, aunque afuera el frio se apodere de corazones que no saben nada del amor.


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