Hace poco se estrenó en la pantalla de Prime Video la segunda temporada de la serie “Porno y Helado”, con las nuevas aventuras de Pablo (Martín Piroyansky), Ramón (Ignacio Saralegui) y Ceci (Sofía Morandi). Y si la intención es relajarse por un rato y reírse a carcajadas, es una opción altamente recomendable. ¿Por qué? Bueno, acá dejamos diez razones por las cuales no te la podés perder.
1. El humor de Martín Piroyansky se mueve en una realidad aparte.
Juega en toda la cancha: es productor, director, coguionista y protagonista principal de la serie. Como guionista, tiene un estilo que fluctúa entre las historias delirantes de Pedro Saborido y Diego Capusotto, combinada con la ácida ironía de Woody Allen. Siempre sorprende, nunca encaja, no para de llevar el ridículo hasta extremos que incomodan y provocan innumerables situaciones de risa y humor. “Para mí, hay algo medio catártico como espectador al ver a personajes miserables haciendo cosas que uno nunca haría. Disfruto mucho cuando toman malas decisiones. Hay un morbo de ver cómo el personaje se manda una cagada y la empeora mil veces. Es muy atractivo eso”, explica Piroyansky en una entrevista.
Como actor, su participación es el corazón de la historia. Construyó para sí mismo el personaje más incómodo de la serie y, por ende, el más divertido: Pablo es el cantante de “Los Débiles Mentales”, el grupo que forma con Ramón, una baterista lesbiana (se presenta diciendo "“No, no soy lesbiana. Mentira, claro que soy lesbiana”) y un bajista, interpretado por Bruno Pereyra, con un humor muy oscuro y violento. Pablo es un mal tipo querible, es un perdedor pero se siente una estrella. Siempre se empuja más allá de las fronteras de la comodidad. Su gestualidad, su “corte stone”, su miseria vanidosa sin motivos para sentirse tan especial, hacen de Pablo un tipo lleno de contradicciones que no para de decepcionar a sus amigos al mismo tiempo que revela el profundo cariño y dependencia que tiene con ellos. Está claro que son un trío de loosers que se quieren mucho.
Además, Piroyanski creo un mundo alrededor de “Los débiles mentales”. Una verdadera fauna que es como una pequeña sociedad que en el momento menos pensado entran en los gags con vida propia y sumándose a la bizarreada. Los taxistas que paran el bar, la mujer que atiende la cantina, los concubinos de Ceci, el asesor del candidato, Susana la diva adicta a Construcasa, Favio Posca el rockstar al que nadie critica -por eso se apasiona con Ramón, en su sinceridad extrema no duda en decirle que sus canciones son malísimas-, el estafador padre de Ceci, y la lista sigue.
2. La historia de Ramón es inverosímil y encantadora
Ignacio Saralegui es Ramón, el mejor amigo de Pablo. Un nerd que lleva su corrección política al extremo y eso lo obliga a decir verdades sin filtro sin importar las consecuencias. Es fanático de su monótono trabajo como repositor en la mega tienda de artículos para el hogar Construcasa. Tiene un magnetismo especial con las señoras mayores (en la primera temporada es amante de Susana Giménez), y cuando le toca llevar su personaje a situaciones de sexo y drogas, el choque de su timidez con momentos de locura y descontrol, lo vuelve doblemente gracioso. Un gran personaje a la altura de Pablo, entre ellos dos se encuentra la clave de la serie.
Ramón tiene momentos épicos porque chocan con su corrección política y su inocencia. Cuando se mete en la cama con Susana, cuando toman cocaína con Pablo para tratar de componer canciones, cuando se visten de chicas trans para grabar un videoclip, cuando se besa apasionadamente con Pablo entre las góndolas de Construcasa, cuando llegan a la comunidad rollinga saludando a todos con un "eeeeeaaahhhhh".
3. Sofi Morandi es Ceci, la manager de Los Débiles Mentales
Ceci es atrevida, va mucho más al frente que Pablo y Ramón y es la alfa del grupo. Si bien podría estafar a sus compañeros por ser tan inocentes, prima en ella el valor de la amistad y el cariño que les tomó.
El personaje de Ceci es ambicioso, hija de un estafador, heredó todas sus mañas y no tiene ningún tapujo en mentir descaradamente con tal de sacar una ventaja. En la primera temporada tiene un romance fugaz con Pablo (es solo un beso en un boliche) pero es por lástima y no por deseo. Obviamente, Pablo actúa convencido de que lo que pasó entre ellos fue fuerte, pero está claro que para ella Pablo es un looser y no duda en bajarlo del podio cuando se hace el campeón. Ceci también es buena cuando la serie tiene sus momentos musicales, pero eso lo ampliamos en el punto 4.
4. Momentos musicales que suman
Es muy raro que los momentos musicales, ya sea en series o películas, resulten graciosos. Por lo general sacan a la trama de contexto y descolocan. Salvo que sea una canción conocida o una producción artística que sea realmente emotiva o sumamente original. En “Porno y Helado” los momentos musicales son graciosos por lo ridículos, ahí está la clave. No pretenden ser grandes piezas musicales, sino enfatizar el chiste, el absurdo de los personajes, potenciar lo grotesco. Gol. Además, hay que reconocer que las canciones suenan bien, y que el hit de la banda es muy pegadizo. Al punto de que te queda en la cabeza como un loop como sólo pasa con los buenos estribillos o las publicidades que escuchamos mil veces y entran en nuestra mente por cansancio.
5. La revancha retro y la ironía con los millennials
Piroyansky es un ex adolescente de los años ‘90, sabe cómo era ser joven en la década de oro de la “Cultura Stone”. Un fenómeno social y cultural extraordinario que no se repitió, con una magnitud tan poderosa, en ningún lugar del mundo. No quiere decir esto que Los Rolling Stones no tuviesen fans en todo el planeta, obviamente que sí, pero lo que pasaba -con más profundidad en Buenos Aires- en la Argentina era digno de ser estudiado. Jóvenes que se cortaban el pelo, se vestían, bailaban, cantaban, caminaban, vivían en lo cotidiano como si el espíritu de Mick Jagger y Keith Richards se hubiese apoderado de sus cuerpos y sus almas. Pablo quiere ser Stone, pero no le da la nafta. Quiere ser rockero, pero no sabe ni siquiera tocar la guitarra. Al menos al principio.
En la segunda temporada, toda la secuencia en torno a la secta stone que recluta fieles en una casona alejada de la ciudad y los adoctrina con un ingrediente secreto en las papas fritas que hacen de lluvia de papas en los panchos es simplemente genial. Allí llega Pablo haciéndose el Stone y casi es deschavado cuando no logra ni siquiera decir cuál es su disco favorito de la banda. Esta cultura stone está representada con gracia y humor. Para la segunda temporada se suma Gimena Accardi: “Yo fui rollinga posta, así que fue como volver a los 90 para mí”, dijo la actriz.
Podría decirse que otro gran acierto de la serie es que plantea un choque generacional, ya que así como se ven con ironía los noventa, también hay mucha parodia con la cultura millennial palermitana, así como también sucede con la pose del mundo del rock en el personaje de Favio Posca. Piroyansky y su gente manejan un amplio abanico etario y pueden hacer reir a jóvenes de ayer y hoy.



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