Reseña de Tolkien (2019) 

Antes de comenzar con la reseña, creo que lo más justo sería aclarar la razón por la que ésta misma no viene desde un lugar imparcial…y es que soy un enamorado de la obra de Tolkien. Soy el clásico lector de J.R.R. que no para de soñar obsesivamente con vivir en La Comarca, combatir orcos en los campos del Pelennor y pasear por las hojas doradas de Lothlórien junto a la Comunidad del Anillo. Al mismo tiempo también debo confesar que solo leí su obra principal: El Hobbit y la trilogía de El Señor de los Anillos, pero creo que cualquier otro fanático sabe que esto solo es suficiente para caer rendido ante el Legendariaum y no querer apartarse de él nunca jamás (entiéndase Legendarium como toda la mitología que Tolkien creó en torno a Arda, el mundo en el que transcurren sus obras más conocidas).

Y aclarado ahora por qué son tan personales las observaciones que hice de la película (las cuales decidí comenzar a escribir solo un día después de haberla visto), puedo comenzar con la reseña, que no sobra aclarar que no contiene spoilers de vital importancia.

Trailer oficial de la película.

Se podría decir que El Hobbit y El Señor de los Anillos son -más allá de obras que marcaron un antes y un después en la literatura- el reflejo del alma y la historia de Tolkien. La Comarca, Mordor, y toda la Tierra Media junto con sus personajes no podrían existir sin que él hubiera pasado por ciertos eventos específicos en su vida; por ejemplo uno de los más influyentes y conocidos fue su vivencia siendo teniente segundo en la Primera Guerra Mundial. Y si bien esta experiencia es una de las principales, los paralelismos entre su realidad y su mundo mágico son de lo más abundantes, pero sobre todo, de lo más interesantes. Las similitudes entre personas de su vida y personajes en sus libros…los lugares por los que pasó y cómo retrata su esencia al presentarlos como países ficticios en sus historias… toda su obra está plagada de estos detalles dignos de notar.

Por mencionar algunos, las odiseas que emprendieron Frodo o Bilbo representan todos los traumáticos sucesos que tuvo que vivir Tolkien durante la guerra, pero además el cómo éstos luego de su aventura volvieron a su hogar siendo personas totalmente diferentes es exactamente lo mismo que vivió nuestro querido autor tras su retorno a casa. Otro ejemplo es que La Comarca, aquel lugar lleno de pureza, inocencia y naturaleza es prácticamente su recuerdo de infancia al vivir durante sus años tempranos en un lugar con esa misma belleza (y al que le tenía el mismo amor que desborda cuando describe al hogar de nuestros hobbits). Y Mordor, aquel lugar árido repleto de oscuridad, desolación y sin un sólo árbol vivo, se inspiró en los campos de batalla por donde tuvo que pasar en su servicio militar: paisajes totalmente muertos y destruidos, en los que encontrar esperanza resultaba el desafío más grande.

La lista sigue y sigue, y ninguno de estos datos es menos interesante que los otros, y estoy seguro de que las mentes que estuvieron tras “Tolkien” estaban al tanto de la riqueza de esta historia, y también de que sería un imán de espectadores fanáticos del autor…pero para tristeza de muchos terminó siendo no sólo otra lección más de la importancia que tiene la forma en la que se cuenta una historia, sino también la de saber seleccionar qué priorizar en ella a la hora de presentarla; pero es que además este último problema se origina desde otro conflicto anterior: el no saber a quién se la está contando.

Y es que en el film obviamente toman lugar escenas que conectan al universo literario de Tolkien (ya sea para demostrar un paralelismo entre algún momento de la vida del autor con uno o varios eventos dentro de su ficción, o simplemente como una referencia a la obra para marcar la película con el sello de identidad de ésta), pero el asunto es que algunas veces es exhibido de una forma que sólo la puede entender un espectador que vio al menos la trilogía de películas, y muchas otras veces son tan sutiles (para no decir poco claras con la información que presentan) que para comprenderlas es necesario haber leído la obra literaria (siendo esta la forma que adoptan la mayoría de veces estos momentos). Y para agregar una cereza a la torta, en otras escenas se genera aún más desconcierto al parecer que ninguna de estas similitudes entre la vida de J.R.R. y su obra contienen relevancia, y que lo único que importa es la biografía misma contada desde un punto de vista más objetivo y casi documental, disociándola de manera intermitente y abrupta de su influencia o trascendencia dentro del Legendarium. Esto provoca una falsa ilusión de que no hace falta tener ningún punto de partida sobre la obra del autor para poder ser un espectador, y que ésta no será tomada en cuenta (cuando esto mismo será contradecido por la misma película en alguna otra escena).

Todo esto desconcierta a los diversos tipos de espectadores, que no saben qué esperar ante estos cambios de dinámica, ya que aquellos que son más familiares a estas historias y al Legendarium principalmente por la obra cinematográfica de Jackson, de a ratos van a tener la información necesaria para poder disfrutar ciertas referencias, para luego ser privados del entendimiento de muchas otras escenas (de gran relevancia dentro de la historia además), que son dirigidas específicamente hacia los que conectan con este mundo a través de la obra literaria. Esto es así ya que en ocasiones la película recurre a representar ciertos componentes de la historia (tales como paisajes, lugares y personajes) de una manera muy particular y propia del libro, gracias a esto los fanáticos lectores se sentirán tomados en cuenta en aquellos momentos, pero solo para que instantes después se encuentren con la frustración al recibir explicaciones de cero de sucesos que parecían ya darse por entendidos al haber introducido datos tan específicos y avanzados. Aunque tengo que admitir que la esencia de estas traducciones de las descripciones tan propias de la prosa de Tolkien está muy bien reflejada en algunos de estos casos, aunque no dejando de ser la minoría, ya que como dijimos antes, en esta película la sutileza suele rozar con lo ininteligible, y aquellas escenas con delicadas transcripciones terminan mutando en confusión, dejando así como resultado que estas situaciones sean bastante difíciles de descifrar en cuanto a su relación con la obra literaria.

Una de las escenas que retratan la vivencia de Tolkien durante la guerra, donde se muestra una de sus alucinaciones o fantasías. En ésta se podría llegar a interpretar que el autor imagina por primera vez a Sauron, el poderoso enemigo de la Tierra Media, o bien también podría ser Morgoth, otro gran villano del Legendarium.

Todo lo anterior además se combina con el desbarajuste que trae consigo el cambio constante de enfoque al poner en primer plano la vida misma de Tolkien por encima de toda la relación que pueda tener ésta con su obra. Y este último punto de vista no tiene nada de malo, pero es notorio cómo no está definido el prisma con el que se narra a la historia, haciendo que cualquiera que esté interesado en descubrirla esté constantemente desorientado a causa de este cambio de sentido.

Pero tampoco digo que una composición de estos distintos enfoques y audiencias no sea posible, es más, creo que podría haber existido una integración muy amigable a todo tipo de público. Ésta se podría haber realizado al introducir elementos de la saga de conocimiento popular para aquellos que su punto de conexión con ella sean las películas, sumados a otros más específicos de la obra literaria que no llegan a evidenciarse tanto en la saga de Peter Jackson para complacer a los fanáticos de los libros. Y por último complementando toda esta información agregando aclaraciones abarcativas (pero concisas y breves) que den ideas de los conceptos generales de la historia central de El Señor de los Anillos o de El Hobbit para introducir a aquellos espectadores que todavía no hayan tenido oportunidad de tener contacto con su historia. Y por último agregando a todo esto explicaciones (más pausadas y explícitas) sobre aquellas referencias y datos que son más exclusivos de los libros, para que de esta forma todos puedan seguir el hilo de la historia sin que haya información excluyente.

Pero aún si se hubiera definido sólidamente la forma en la que se buscaba presentar la biografía de Tolkien, junto con el tipo de público al que se la dedicara, seguiría estando el tan importante factor que trastabillea y que mencionamos anteriormente: el qué se quiere contar.

Esto es así ya que como dijimos, algo notable del film es la indecisión en éste mismo sobre si volver protagonista a la obra literaria de Tolkien en relación a los hechos históricos de la vida del autor o no, y esto inevitablemente termina afectando al contenido que se decide presentar. En algunos puntos parece ser que esa es la finalidad, enlazar su biografía con su mundo imaginario a través de fantasías, visiones y hasta alucinaciones del mismo J.R.R., un recurso que pudo haber sido muy interesante, pero que termina fallando en la mayoría de las ocasiones al también ser muy poco claro en cuanto a qué es a lo que hace referencia. Pero además en otras ocasiones la película toma un tono más “documental” en cuanto a la representación de la biografía, ya que de a lapsos (bastantes largos) su obra y el imaginario tan rico que solía cargar nuestro autor pasan a segundo plano (o a un plano directamente nulo en muchos momentos), para que lo que estemos viendo se sienta más como una simple mención objetiva de los sucesos históricos dentro de su vida, pero además presentados de una forma muy poco atractiva.

Si se hubiera integrado de una mejor forma estos dos enfoques mencionados tampoco sería un gran problema, pero es que otro desafío a la hora de verla termina siendo su guión, uno que peca de dejar muy cortas aquellas escenas que más pueden interesar, pero extiende en demasía las más monótonas y poco llamativas. Por ejemplo hay una buena cantidad de escenas exhibiendo al escritor y sus travesías en la guerra, pero aún así se sienten insuficientes, ya sean por la duración de éstas o por lo poco que abarcan sobre tal vivencia; en cambio otras que contienen conversaciones entre nuestro protagonista y otros personajes, que dan lugar en caminatas o a la hora del té se tornan excesivamente largas y abundantes (en serio, se muestra muchísimo té en tan solo 112 minutos), y muchos de los temas que incluyen en éstas terminan siendo de poco interés para el público, ya sea por que desde un punto inicial no hayan sido atrapantes o por que al principio sí lo fueron pero su extensión desmesurada termina por matar la curiosidad sobre éstos. Y al hablar sobre el desaliento que estas escenas causan sobre el espectador es inevitable llegar a un punto fundamental que no mencionamos hasta ahora, uno que le da la pincelada final a la lista de obstáculos a la hora de ver Tolkien, y es nada menos que los personajes.

Muy pocas figuras en la cinta se salvan de sentirse casi totalmente planas, y ni el mismísimo J.R.R. logra zafarse de esto, ya que los personajes terminan siendo exactamente lo que el espectador puede imaginar automática y vagamente tras una simple primera impresión. Otro fallo en ellos son los diálogos, que como se explicó antes no logran encontrar su ritmo, pero además no cumplen en otorgarle personalidad a los protagonistas, que terminan brillando por la opacidad en su carácter. Esta rigidez en ellos llega a tal punto que uno de a ratos se llega a cuestionar si no hay una sobreactuación de parte de los actores; pero luego de terminar de verla llegué a la conclusión (desde mi punto de vista) de que no es así, o por lo menos no en los dos personajes más frecuentes. Esto ya que Tolkien y su interés amoroso Edith Bratt son interpretados por los talentosos Nicholas Hoult y Lily Collins, dos actores que demostraron su capacidad actoral en tantísimos trabajos, pero es que además cuando se repasan estas escenas, se puede notar que la falla está en la escritura y la forma poco atractiva en la que se presentan las líneas de los personajes, que terminan siendo excesivamente formales y frías. Se entiende que gran parte de la situación transcurre en Inglaterra durante las primeras décadas del siglo XX mientras estalla la Gran Guerra, y que por esto mismo tenga que tener un poco de este tono, pero tal tono llega al punto de que no se alcanza a transparentar calidez o ninguna emoción en las escenas, dejando así una obra que apunta a todos los tipos de públicos, pero que no logra atrapar a ninguno de ellos.

Nicholas Hoult y Lilly Collins en sus respectivos papeles como J.R.R. Tolkien y Edith Bratt.

Es una pena que una historia tan rica y con tantos seguidores como lo es la de la vida de J.R.R. Tolkien no haya podido ser representada de una forma atractiva, pero no sobra decir que contar una historia, en especial de una forma que atrape, siempre es una labor extremadamente difícil, en especial cuando se trata de adaptar hechos verídicos y encima en formato audiovisual. Es por esto que si bien en este análisis hablé de Tolkien de una forma mucho más grave de la que me hubiera gustado haberlo hecho, cabe aclarar que tengo en cuenta las infinitas dificultades que conlleva realizar una película, y si algo bueno puedo decir de ella es que en muchos momentos de verdad se nota el amor en la intención que le volcaron.

Y para terminar de una forma más colorida, otra cosa que podemos mencionar es que toda la historia de Tolkien, sus vivencias, su relación con familia y amigos, su experiencia en la guerra y la forma tan magistral en que logró cautivar a millones de fanáticos al proyectarla en un mundo mágico lleno de aventuras, siempre va a poder ser descubierta e interpretada de mil formas diferentes. Su historia no tiene por que limitarse a una sola representación por que es infinita, como todas las historias puede ser reimaginada hasta el cansancio y ser resonada por la eternidad, tal como nos habla de esto el mismo Tolkien a través del siguiente fragmento de Las Dos Torres con el que vamos a cerrar esta reseña.

Esta parte del relato sucede cuando Sam comienza a hablar de diversos sucesos que lo preceden a él y a Frodo de hace mucho tiempo atrás, pero que están conectados a ellos ya que Frodo lleva en su cuello la Redoma de Galadriel, un recipiente en el que se encuentra la luz de la estrella de Eärandil, que es uno de los personajes de las historias antiguas que menciona Sam:

“-No, señor, claro que no. Beren, por ejemplo, nunca se imaginó que conseguiría el Silmaril de la Corona de Hierro en Thangorodrim, y sin embargo lo consiguió, y era un lugar peor y un peligro más negro que este en que nos encontramos ahora. Pero esa es una larga historia, naturalmente, que está más allá de la felicidad y más allá de la tristeza... Y el Silmaril siguió su camino y llegó a Eärendil. ¡Cáspita, señor, nunca lo había pensado hasta ahora! Tenemos... ¡usted tiene un poco de la luz del Silmaril en ese cristal de estrella que le regaló la Dama! Cáspita, pensar... pensar que estamos todavía en la misma historia. ¿Las grandes historias no terminan nunca?

-No, nunca terminan como historias -dijo Frodo-. Pero los protagonistas llegan a ellas y se van cuando han cumplido su parte. También la nuestra terminará, tarde... o quizá temprano.

-Y entonces podremos descansar y dormir un poco -dijo Sam. Soltó una risa áspera-. A eso me refiero, nada más, señor Frodo. A descansar y dormir simple y sencillamente, y a despertarse para el trabajo matutino en el jardín. Temo no esperar otra cosa por el momento. Los planes grandes e importantes no son para los de mi especie. Me pregunto sin embargo si algún día apareceremos en las canciones y en las leyendas. Estamos envueltos en una, por supuesto; pero quiero decir: si la pondrán en palabras para contarla junto al fuego, o para leerla en un libraco con letras rojas y negras, muchos, muchos años después. Y la gente dirá: -¡Oigamos la historia de Frodo y el Anillo!» Y dirán: «Sí, es una de mis historias favoritas. Frodo era muy valiente ¿no es cierto, papá?» -Sí, hijo mío, el más famoso de los hobbits, y no es poco decir.»

-Es decir demasiado -respondió Frodo, y se echó a reír, una risa larga y clara que le nacía del corazón. Nunca desde que Sauron ocupara la Tierra Media se había escuchado en aquellos parajes un sonido tan puro. Sam tuvo de pronto la impresión de que todas las piedras escuchaban y que las rocas altas se inclinaban hacia ellos. Pero Frodo no hizo caso; volvió a reírse-. Ah, Sam si supieras... -dijo-, de algún modo oírte me hace sentir tan contento como si la historia ya estuviese escrita.”

Fotografía del año 1972 del todavía (y por siempre) enormemente influyente J.R.R. Tolkien.

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