Muchas gracias por su final, Bastardos.  Spoilers

Si existe algo en común que comparten la mayoría de las culturas, corazones y mentes empáticas es la repulsión a los acontecimientos acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial. Se trata quizás del suceso bélico mas estudiado en las academias, comúnmente mencionado en películas y series de todo el mundo, e incluso uno de los primeros tópicos elegidos al momento de encender la chispa que propicia el humor negro en una conversación trivial.

POR CONSTANZA M. ORIANA


Se trata de sólo una de las ocasiones en las que Quentin Tarantino buscó engendrar el papel de un Vengador de la Historia, brindando aquí su versión única del final de la Guerra. Un final no solamente imprevisto, sino deseado por una audiencia que, al menos una vez en la vida, ha sufrido una injusticia. El alma del director en este caso se funde con la de un poeta sediento de impacto, un artista exhaustivamente ilustrativo, al brindarle su propia conclusión a un villano en nada más y nada menos que una sala de cine, ambiente que nos resulta tan agradablemente familiar para aquellos sentados en una butaca frente a una pantalla gigante.

No hay nada que represente más a la justicia bruta, instintiva y dolorosamente purificante como las numerosas balas recibidas por un Hitler caprichoso y sus amigos cómicos, cortesía de un Dominic Decoco y un Oso Judío que poseen en sus manos el poder de brindar a toda la humanidad un epílogo más caricaturesco e infinitamente más placentero, eliminando una de las más grandes maldades del mundo. Es así que un giro cinematográfico de 180 grados nos conduce en todos los niveles sensoriales a un universo en donde lo conocido por todos se vuelve impredecible, en donde a pesar de conocer el horror no podemos dejar de guardar esperanzas en que el séptimo arte nos permita soñar diferente.

Bastardos sin Gloria (2009)

¿Y qué ocurre con aquellas almas que, a modo de lobos disfrazados de corderos, deambularon entre nosotros, tal como era la intención del maravillosamente ingenioso Hans Landa, sin dios ni lealtades? En nuestra realidad, en nuestro final, la mayoría de las veces amargo, muchos escaparon a su destino. Se han sabido incluso de nazis que huyeron a Latinoamérica, cubiertos por el velo del anonimato, a sabiendas que el resto de una vida tranquila era algo posible de aspirar. Se puede decir que es algo a lo cual estamos acostumbrados. Cualquier persona que encienda el noticiero unos minutos al día es testigo de lo que implica estar vivo en una sociedad que muchas veces puede ser egoísta, aplastante y temerosa a lo desconocido.

Pero nadie queda inmune frente a sus actos, nos dijo claramente Tarantino. De manera bíblica, en esta vida o en la siguiente, aquellos que nos han hecho agachar la cabeza e inclinarnos, serán los mismos que deban rendir cuentas frente a los lastimados. La esvástica ensangrentada en la frente de Christoph Waltz es un símbolo de que una conclusión más dulce, y por lo tanto, inesperada, es posible si se es capaz de imaginarla con excelentes actuaciones, un presupuesto suficiente y una posición optimista frente a la tragedia.

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