Y se vino el remake.
Pero ¿Cómo? ¿Acaso ya existía otra? Por supuesto. Un gran éxito de los años 80 con el actor Richard Chamberlain como protagonista y el gran Toshirō Mifune como Lord Yoshii Toranaga.
En ese entonces, la miniserie fue una verdadera revolución. En primer lugar y aunque les parezca mentira, o difícil de creer para los más jóvenes (nacidos en la era digital), en aquellos tiempos las series de alta producción eran una rareza. Una excepción. Los íconos culturales de esos tiempos fueron las series Raíces, El Pájaro Canta hasta Morir y justamente: Shōgun.
Así que más de 40 años más tarde, aparece nuevamente la misma historia, pero narrada como una superproducción al estilo de las series de hoy en día.
Desde el advenimiento de Netflix y su sistema de visionado de series completas, el mundo se transformó y ahora vemos una cantidad de productos audiovisuales de altísima calidad.
Pero -otra vez- esto no siempre fue así.
Y Shōgun fue revolucionaria.
Y esta también lo es en muchos sentidos.

Su narrativa nos transporta al Japón medieval.
Un mundo de samuráis, de guerreros, de códigos de honor, de ceremonias y ritos, un mundo lleno de reglas, jerarquías y tradiciones. Universo de belleza y delicadeza, de elegancia y de respeto. Pero, también un mundo de brutalidad sofisticada, de sometimiento de las mujeres y de las tradiciones del famoso seppuku o harakiri (el ritual de clavarse una daga en el vientre, dejando a la vista de todos, sus entrañas, como muerte honorable).

Este mundo, lleno de contradicciones como toda cultura humana, nos presenta la historia de John Blackthorne (interpretado por Cosmo Jarvis), un navegante inglés que queda varado en las costas de Japón junto a un reducido grupo de marineros y es capturado por los señores de la isla.
Son tratados como bárbaros, ignorantes, toscos y primitivos por los japoneses que se consideran a sí mismos, como el pináculo de la evolución humana.
Pero la historia del marino no termina allí.
Y tampoco todo lo que cuenta él es del todo verdad.
EL CONTEXTO HISTÓRICO
El mundo se hallaba dividido.
Europa siempre ansiosa de guerras y conflictos sangrientos ya había comenzado su aventura colonialista. Sus marinos, mercantes y guerreros se disputaban cada parte de tierra “descubierta” y las dividieron finalmente cuando firmaron el Tratado de Tordesillas y lograron ponerse de acuerdo ...
Españoles y portugueses estaban a la avanzada. Sus monarcas decidieron una partición en base a una línea, y para suerte o desgracia, la isla de Japón quedo para los portugueses. Pero claro está que no solo era una cuestión de política y tratos comerciales, sino que la misma Iglesia estaba involucrada y en ese sentido ambos reinos estaban medianamente de acuerdo.
Sin embargo, la creciente potencia marina de las Islas Británicas, también quería su parte en el trato mundial.
Y allí entra nuestro protagonista John Blackthorne.
Un furioso y anti papal marino que tenía su propia agenda, una que alineaba con los intereses de su majestad, la reina Isabel I de Inglaterra.
Hablar de buenos y malos aquí no tiene ningún sentido. No los hay.
EL MUNDO SAMURÁI
Por otra parte, en el sofisticado mundo de los gobernantes poderosos de la isla, también había divisiones, traiciones y ambiciones.

La historia nos muestra a Lord Yoshii Toranaga, el poderoso señor, heredero de un largo linaje llamado los Minowara, cuyo principal rasgo es el cálculo y la estrategia. Otros grandes señores sin embargo complotan contra él y lo declaran peligroso. Para sumar complejidad a este ya enrarecido universo, parte de los grandes señores (Taikos) se habían convertido al catolicismo, quizás por compartir las creencias cristianas, tal vez por intereses económicos, o posiblemente por una rara mezcla de ambas.
Por lo tanto, en ese universo tan especial, tenemos linajes antiquísimos de samuráis, sacerdotes portugueses que intentan instalar una Iglesia, marinos cuasi mercenarios que solo buscan ganancias, señores samuráis que desean perpetuarse en el poder, damas de alcurnia con dones para la estratagema y el engaño, sirvientes leales hasta el suicidio y un pueblo, en general, temeroso y sometido.

LAS MUJERES EN SHŌGUN
Quizás uno de los principales referentes de esta historia es Mariko, una bellísima, intrigante, misteriosa y conflictuada dama, casada con un guerrero samurái en un matrimonio arreglado donde nadie es feliz.
Mariko es hija a su vez de Akechi Jinsai, que en su momento traiciono a Oda Nobunaga (uno de los daimyos más poderosos de la época) y por lo tanto fue considerado un traidor junto con su línea de descendencia. Esto colocó a Mariko en una posición difícil en la que ella hubiese optado por cometer seppuku y morir.

Pero su señor Yoshii Toranaga le ordena que continue el legado de su padre, y mantenga así el propósito de su existencia.
Ella lo hace, pero en el camino se convierte hacia el cristianismo manteniendo una dualidad permanente: una parte ligada a su linaje ancestral y a las tradiciones del Japón y la otra vinculada a la palabra de Cristo.
Al convertirse traba vínculo con los portugueses y aprende el idioma convirtiéndose en la única persona con dominio de ambos lenguajes.
Esto la lleva a convertirse en la intérprete del marino inglés Blackthorne.

Así es como se vinculan y esa relación, define el relato.
Su vínculo pasa por todos los estados posibles y es la pimienta de la serie.
Mariko le enseña las artes de la cortesía, el idioma, los rituales mientras que este busca liberarla de la pesada cadena de culpa y sumisión. Pero por supuesto que esto no es fácil. La cultura se interpone, los intereses son diversos y a su vez el mundo está colapsando entre terremotos, nuevas guerras y la creciente tecnología de los cañones.
EL SEÑOR DE LA ISLA
En ese contexto toda la consabida tradición honorable de los samuráis no deja de mostrar su costado de hipocresía y mentiras, camuflado de cortesías.
Lord Yoshii Toranaga es interpretado magníficamente por Hiroyuki Sanada (quien a su vez figura como productor de la serie) y es un personaje misterioso, dual, parsimonioso, por momentos justo, por momentos inalcanzable.
Su dominio sobre sus súbditos es total y quien no se somete, muere.
Por otro lado, es generoso, aunque esto sea para su propio beneficio, pero con un sentido de lealtad que arrastra multitudes.
La estética general de la serie refleja una maravillosa puesta de colores, formas, construcciones de época, vestuario y todo lo necesario para convertir a Shōgun en una verdadera joya visual. Los paisajes integrados al relato, los movimientos de cámara que hacen que nos internemos de lleno en la historia, las maravillosas actuaciones de una gran cantidad de actores y extras hacen de esta superproducción, una verdadera belleza visual. Incluso en la guerra, los combates, la sangre y los cruentos momentos que su historia implica, alcanzamos a ver una maravilla estética que impacta por su amplitud.

Shōgun es una adaptación de la historia original de James Clavell y puede ser visualizada en Netflix.
Para quien quiera romance, Shōgun es perfecta.
A quienes les gusten los combates con katanas, se verán reconfortados y quienes disfruten de las reconstrucciones históricas pueden apreciar esta maravilla.
Shōgun nos mete de cabeza en un mundo del que poco conocemos y lo hace con una maestría y jerarquía digna de su legado.



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