Solaris - Cine que piensa el cine 

Solaris es una película del año 1972 dirigida por Andrei Tarkovsky, basada en la novela homónima del escritor polaco Stanislaw Lem. La película narra la visita del psicólogo Kris Kelvin a la estación espacial del planeta Solaris con el objetivo de atender a los tres científicos espaciales que cayeron, al parecer, en profundas crisis emocionales. Sin embargo, al llegar allí Kris se ve obligado a enfrentar, al igual que los demás, los fenomenales misterios que el océano de Solaris provoca en sus visitantes.

El género es el problema central de las historias, lo esencial, la identidad. Todo género conlleva un conjunto de emociones que el espectador quiere atravesar. Podríamos decir que supone un acuerdo tácito entre la industria cinematográfica y el público gracias al cual el espectador entra a la sala de cine esperando ver satisfechas las expectativas generadas.

La ciencia ficción es un género que, históricamente, supo ser problemático. A lo largo de su desarrollo, no sólo en el cine sino también en la literatura, fue una etiqueta con constantes cambios que incluyó y excluyó a muchas obras. Entonces, ¿es Solaris una película de ciencia ficción?

Al momento de querer clasificar el film, inmediatamente encontramos elementos que nos remiten a la ciencia ficción: una estación espacial en un planeta desconocido, un científico que debe viajar a averiguar qué es lo que está sucediendo, un cuerpo celeste que parece tener un desarrollo de conciencia. Pero sin embargo, a pesar de poseer estos claros signos que identifican al género, la trama de la película, y más aún su manera de abordarla son muy opuestas al planteo clásico del género.

Solaris apunta más allá que a un público encasillado en la ciencia ficción. Es una ciencia ficción completamente atravesada por el género dramático. El drama se centra en la acción de un individuo ante el contexto y el destino que le toca vivir. El destino, lo fatal, todo está relacionado íntimamente a las carencias del personaje, a sus deseos y miedos más profundos. El subtexto es una característica fundamental del guion porque es a partir de este que se construye la complejidad de los personajes, las capas de sentido que tiñen el relato y lo vuelven tridimensional.

Más que en la relación de los hombres con el planeta, la película se interesa por los conflictos existenciales que las apariciones generan en los viajeros espaciales y en particular en el protagonista. Las razones del fracaso de su matrimonio que condujeron a su mujer al suicidio y la oportunidad que se le brinda de “rectificar” los errores del pasado nos permiten entender la película como un viaje interior.

Tarkovsky dice que “la imagen fílmica está dominada por el ritmo, que reproduce el flujo del

tiempo dentro de una toma.” El director cree en el tiempo cinematográfico como una construcción interna al plano, interna a la toma. No niega el montaje, hace uso de él, pero podemos identificar en su trabajo la valorización del plano largo, la planificación en profundidad, los reencuadres internos. Para Tarkovsky, el fluir del tiempo es esencial para la existencia del cine, y el ritmo es interno a los planos. Es eso lo que el director quiere crear a la hora de filmar.

El pacto que plantea esta película con sus espectadores es radicalmente opuesto al que podemos encontrar, por ejemplo, en una producción hollywoodense de este género, o en films de industria destinados a un público masivo y a romper récords de taquilla. No es fácil entrar al universo de Solaris. Nos supone entregarnos a una experiencia que se aleja completamente de lo que usualmente nos ofrece el cine contemporáneo.

Podemos decir que, en Solaris, la trama pasa a un segundo plano para ceder el protagonismo al lenguaje cinematográfico per se. Este protagonismo se da a través de las huellas de enunciación, que son las improntas del director y que definen la relación entre el espectador y la película. En el cine tradicional, estas huellas están encubiertas. ¿Qué significa esto? Que el objetivo es generar una continuidad espacio-temporal que lleve al espectador a un fluir por la historia sin percepción del dispositivo. La trama, entonces, es lo más importante en este tipo de películas.

En este sentido, es posible pensar que Solaris rompe la continuidad mediante el uso de inserts como los planos abstractos del océano bullendo que invaden toda la pantalla, o el montaje de secuencias con cierta impronta onírica tanto en la construcción de los flashbacks como en el tratamiento de otras secuencias - como el recorrido que la cámara traza por distintos planos detalles de la nave, el cual va vinculando una serie de imágenes con un diseño sonoro extraño, minimalista y rompe con la continuidad de la escena, sin hacer avanzar la trama, pero generando un tono y una atmósfera poética propia de la interioridad de los personajes.

Los flashbacks no son introducidos por la acción o por un personaje, sino que irrumpen. La cámara se mueve develando distintas zonas del espacio, a veces siguiendo a un personaje, pero a veces también de forma independiente. Tarkovsky se dirige directamente al espectador sin intentar ocultar sus operaciones.

Tarkovsky reflexiona sobre el amor, la memoria, y la muerte, proponiendo un cine que no satisface las expectativas que el género supone sino que expande sus límites al proponer una narrativa que escapa a las categorías clásicas de la representación. Quizás no se trate, finalmente, de una ausencia de pacto, sino de un corrimiento de acuerdos entre film y espectadores que abandona los cánones del género para adentrarse en la dinámica del cine de autor. Tarkovsky hace cine pensando en cine. Solaris piensa al hombre sin dejar de investigar cómo el cine puede pensar al hombre.

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