Que increíble que es la ignorancia. Es ,desde ya, en algunos aspectos peligrosa y, por sobre todas las cosas, tiene pésima prensa. De la misma manera que la inteligencia vinculada al racionalismo, a la acumulación de cierto saber, es prácticamente un sinónimo de prestigio, y es de los adjetivos más codiciados históricamente, la ignorancia siempre fue y es algo a combatir. Cuánto más se conozca sobre aquello que, o bien la ciencia estableció como conocimiento aprobado, o bien la sociedad designa como tema del momento, la persona recibe más aceptación, más podrá participar de las conversaciones en eventos sociales, y hasta tiene más chances de escalar en la pirámide social. ¿Cuántas veces hemos escuchado decir que una de las principales causas de los problemas de la sociedad es la ignorancia? Para mí la ignorancia es preciosa, y es además una oportunidad. ¿Cómo sería posible que existiera la narrativa si el público no ignorara lo que va a ser narrado? Y en este caso específico del género del espionaje. ¿Existe un mayor vehículo de suspenso que la ignorancia?
Mi primer acercamiento a esta nota luego de haber visto la serie, fue el de un acto de ignorancia. Leo en los créditos que el autor de los capítulos es Will Smith. De leer los créditos y por hablar y repetir sin saber con otra persona que la vio, di por sentado que ese Will Smith ess el que todos conocemos. “Que raro” pienso “¿Qué tan afuera de todo estoy que no me enteré que Will Smith había escrito una serie?”. “Habrá sido tratado silenciosamente por su problema con la academia luego de los Oscars del 2022” conjeturé. “¡Claro! Por eso escribió para la industria inglesa. ¡No lo aceptan en Estados Unidos!” pensé. “¡Y que bien que escribe el género de espionaje” concluí.
Como lo primero que hice antes de comenzar a escribir fue buscar más información al respecto, también fue la primer cachetada que recibí. No es él. Este Will Smith nació en Hampshire, Inglaterra, y es escritor y productor. Ha estado detrás de muchos proyectos, entre ellos de la exitosa serie “Veep”.
Slow horses nació en 2010 como una serie de novelas de título homónimo, escritas por Mick Herron. La primer novela está protagonizada por Jackson Lamb, un agente con mucha trayectoria en el MI5 (Servicio de Inteligencia Inglés) a quien por motivos que en principio se desconocen, lo vuelven director de la Slough House, una división a la que van a parar los desechos del servicio: los Slow Horses (caballos lentos). Es decir, aquellos agentes que por motivos varios ya no son considerados útiles para el servicio de inteligencia.
Las novelas son adaptadas por el ya mencionado Will Smith y un equipo de escritores, y tendrán como Jackson Lamb a uno de los actores más unánimemente reconocidos por su talento y que ya tiene experiencia componiendo a un espía: Gary Oldman.

La serie
Comienza la serie con una secuencia en la que River Cartwright, un joven agente, comete un fallo terrible en una misión para el servicio de inteligencia inglés. Por ese motivo, es condenado a trabajar en una oficina perdida, con la puerta de ingreso oxidada, en un callejón oscuro de las calles de Londres.
Sus compañeros tienen distintas edades y de aspecto no parecieran tener nada que ver con lo que se esperaría de un servicio de inteligencia. Cuando River entra a la oficina de su jefe por primera vez, puede hasta sentirse el hedor a flatulencia con el que el personaje jugará luego en bastantes oportunidades de las temporadas. Descalzo y con los pies sobre el escritorio, con el pelo grasoso y una expresión que pocas veces se moverá de su lugar, Jackson Lamb lo mira con desprecio. Lo desprecia a River y a todo el departamento, haciéndoles continuamente saber que sus tareas no tienen sentido y que están ahí por ser los peores espías de Inglaterra. El departamento es llamado “Slough House” (cuya traducción sería la casa de los desechos) y sus integrantes son llamados los Slow Horses.
Luego del secuestro de un joven estudiante de familia musulmana, y de la publicación de un video donde la organización que lo secuestra anuncia que lo decapitarán en vivo en las próximas horas, temblarán las estructuras del gobierno inglés y su servicio de seguridad. El ciclo de la aburrida burocracia a la que están sometidos los Slow Horses y a la que está abandonado Jackson Lamb, se terminará gracias a la terquedad de River por investigar el secuestro del estudiante y los oscuros motivos que se mueven detrás. La aventura comenzará, los espías desechados encontrarán su coraje y la adrenalina perdida, y el MI5 dará comienzos a una revolución sin retorno.

Ciertas observaciones (que no puedo no compartir)
En lo concreto, llegando al aterrizaje de la segunda temporada, el castillo de naipes tambalea. Se aceleran algunos momentos que hacen peligrar el verosímil que tan finamente se supo sostener hasta entonces. Me atrevo a deslizar este pequeño spoiler para ejemplificarlo. En un final de capítulo, uno de los personajes está por ser asesinado. No hay otra salida. El antagonista le dice explícitamente a sus secuaces que deben matarlo. El cliff hanger es letal. Es imposible no querer ver en el mismo momento qué es lo que va a a pasar. El próximo episodio comienza con el personaje en otro lugar vivo, perdonado, y sucede ésto sin explicación alguna. El espectador es traicionado y el truco de magia fue por engaño. Por lo único que algo así se puede perdonar, es porque no comete la serie mayores errores, como sí profundos logros.
La composición de Gary Oldman, justificada por los textos y el propio personaje, juega siempre sobre un límite tan delgado que me ha hecho dudar desde el inicio hasta avanzada la trama. ¿Conviene tener un personaje central tan detestable y amoral? ¿Por qué querría acompañarlo si no fuera Gary Oldman? Pero con el paso de los capítulos, aún sin dejar de andar siempre al borde ese abismo, el arco del personaje sucederá de manera silenciosa hacia una suerte de posible redención. Además del guión y la dirección, es la excelente interpretación del actor la que deja asomar desde el inicio, sin esfuerzo y con cuidado, el alma o el corazón de su personaje. Entre el maltrato a los demás, soberbia, flatulencias y visible suciedad, Lamb tiene la moral que siempre ha eximido a los mafiosos de las más conocidas ficciones: no se metan con los míos.
En cuanto al resto de los personajes y sus actores, sin poder descifrar si es un error de guión, un error de la dirección de actores, un desacierto del actor, una combinación de todos los factores, el personaje de Roddy (el genio de las computadoras) sí es sencillamente odioso. Llega un momento donde su aparición en las tramas hace peligrar el interés por las mismas. Es siempre detestable para responder, sarcástico, sin empatía, sin un ápice de sensibilidad que lo vuelva querible, y sin siquiera ser abordado desde una forma de comedia interpretativa de la que los actores se pueden servir para rescatar hasta a los más odiosos personajes. Si la advertencia es que hay que esperar más de dos temporadas para que esta insoportable literalidad alcance otras dimensiones que justifiquen por qué el personaje es como es, entonces hay de base un grave error.
Está presente en su realización aquel inconfundible tono inglés para aportar picardía y humor a la trama, desde el diseño de los personajes a los diálogos, sin traicionar nunca el nivel de dramatismo que los hechos ameritan.

El ajedrez
En la segunda temporada dos personajes, uno de cada bando, juegan al ajedrez para determinar quién le dará información a quién. En esa partida se determinará la suerte y la habilidad de los personajes, sin importar su respectiva ética ni lo que resultaría justo. La estructura del guión de un relato de espionaje, necesita también de un gran jugador de ajedrez.
“Vas a ver que él lo va a traicionar” “Uy no…La matan. Seguro la matan…” “Que obvio todo. Ya se como termina la película y recién empieza”. Si el espectador actual tan curtido de ver y ver series, películas, documentales, está presto para adelantarse al propio relato y para señalar con el dedo cualquier fracaso, imaginemos al espectador de policiales y de historias de espías. Un espectador entrenado, listo para jugar al ajedrez. Listo para ganar o deseoso de perder con hidalguía. Porque da la sensación que el juicio del falso erudito de marcar rápidamente los errores, o adivinar el transcurso de una película, es ya casi un acto inconsciente. No lo decide del todo. Al ser dueño de una práctica compulsiva que las plataformas entrenan y favorecen, al tener de golpe ese poder de saber tanto sin saber del todo qué es lo que sabe, el espectador no comprende como manejar sus músculos. Efectivamente tiene un conocimiento que no sabe definir y organizar del todo. De tanto haber visto, vislumbra apenas comenzada la partida hacia donde pueden moverse las fichas. Ingresa en un juego y ubica un contrincante que, lejos de querer jugar una pulseada, se proponía entretenerlo: el relato. Pero pareciera ser un nuevo valor y una especie de goce doloroso aquel de no dejarse conducir por el relato y arruinar el truco de magia apenas el mago desparrama las cartas sobre la mesa. El espectador es responsable, pero no del todo consciente.
La tarea actual de la narrativa audiovisual frente a tanta oferta de películas, series y frente a este espectador juicioso, es cambiar sus estrategias para captar a ese espectador que está dispuesto a golpearlo primero. Debe ocuparse de invitarlo a ser parte, aunque sea un dulce engaño para luego enfrentarlo a preguntas novedosas, sensaciones inquietantes, o momentos que lo conmuevan.
La inteligencia de Slow Horses para jugar con las conjeturas del espectador es precisa, silenciosa, constante, y a la vez lo suficientemente accesible para volverse una serie fácil de ver, para ser potencialmente popular.
En la primer temporada la trama central apenas sugiere estar por fuera de un conflicto específico y por ende las líneas de juego son claras al ser narradas. La sinopsis de la primer temporada es sencilla: hay un secuestro y una amenaza grave que hay que resolver. Sí se deslizan algunas subtramas que comienzan a sugerir conflictos más grandes y trascendentales que luego los personajes deberán enfrentar. En la primer temporada hay un protagonista muy claro (River Cartwright) y se presentan los otros personajes que tendrán sus respectivas subtramas en torno al eje central. El Jackson Lamb de Gary Oldman es en la jerarquía narrativa el segundo con mayor incidencia en la trama central y con más de una subtrama que en general lo vincula a todos los otros personajes. El propósito de esta primer temporada, además de contar lo que tiene que contar y seducir al espectador, es el de entrenar al que en la segunda será el personaje más importante de todos: los Slow Horses.
A diferencia de otra serie de espionaje actual como la nacional Iosi, la serie inglesa Slow Horses trabaja sobre la distribución de la información con una orquestada maraña de subtramas. Iosi, es narrada casi en su totalidad desde el punto de vista de su protagonista. La estructura de Slow Horses no es ninguna novedad, pero manipula con perspicacia la expectativa del espectador, quien por momentos incluso maneja más información o teorías que los propios personajes. Nosotros, espectadores, queremos saber no solo que va a pasar con los personajes, sino si nuestras hipótesis sobre lo que va a suceder son correctas.
Slow Horses, lejos de ser tan solo regular pero sin acceder tampoco al umbral de la genialidad, es una gran serie para disfrutar del adictivo viaje de una buena ficción.




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